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AMBIENTE-BRASIL:
Amazonia gana plan contra deforestación
RIO DE JANEIRO, - Un diagnóstico correcto, pero
cojo en soluciones efectivas, fue la evaluación dada por algunos
ambientalistas al nuevo programa del gobierno de Brasil para contener
la acelerada destrucción de los bosques amazónicos.
El Plan de Acción para Prevención y Control de la Deforestación
en la Amazonia fue anunciado por gobernantes el lunes, y publicado el
martes, como ”consistente y viable”, por tener presupuesto,
proyectos y cronograma definidos.
Además, integra distintas políticas y sectores gubernamentales
en una estrategia amplia, en cuyo diseño participaron once ministerios,
gobernadores estaduales y representantes de la sociedad civil en los últimos
nueve meses, destacó la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva.
El Plan, de 156 páginas, busca atacar los principales factores
de la deforestación acelerada de la Amazonia brasileña,
que entre agosto de 2001 a agosto de 2002 perdió 25.500 kilómetros
cuadrados de bosques, 40 por ciento más que en igual período
anterior. El total deforestado alcanzó entonces 631.369 kilómetros
cuadrados, 15,7 por ciento del área boscosa inicial.
Un desastre ambiental similar, o más grave, es esperado con los
datos de 2002 y 2003, que se divulgarán en breve por el Instituto
Nacional de Investigaciones Espaciales, que monitoriza los bosques a
través de imágenes de satélites.
La batalla contra el desmonte se desplegará básicamente
en tres frentes, según el Plan: el ordenamiento territorial, el
control ambiental y el fomento a actividades productivas sustentables.
Esta orientación se basa en un ”análisis bien hecho” de
las causas, pero las medidas propuestas se concentran en la cuestión
territorial, sin respuestas satisfactorias a otros factores diagnosticados,
evaluó para IPS Roberto Smeraldi, coordinador de Amigos de la
Tierra, que se dedicada a temas amazónicos.
El desequilibrio se refleja en la distribución de los 394 millones
de reales (cerca de 135 millones de dólares) previstos en el presupuesto
del Plan en este año, que destina 62 por ciento a los problemas
de la tierra.
La cuestión territorial es efectivamente central en la extensa
región donde predominan tierras públicas o de posesión
sin legalización definitiva, adueñadas por una ocupación
de hecho, pero sin el título de propiedad, reconoció Smeraldi.
Para legitimar la propiedad, los ocupantes registran el área
en el órgano agrario oficial, la desmontan e instalan sobre ella
ganado o siembran.
Sin una regulación de ese proceso y el ordenamiento territorial
de la Amazonia, es imposible ”revertir la tendencia de grave aumento
de la deforestación”, señaló el ambientalista.
Pero el Plan no contempla soluciones para otras actividades, incluyendo
proyectos de infraestructura que el mismo gobierno prevé en su
programa de desarrollo para los próximos cuatro años, como
carreteras y represas hidroeléctricas, acotó.
Se trata de intervenciones en el ambiente local que, además de
destruir bosques directamente, intensifican la especulación por
la tierra en una sinergia negativa. Las carreteras son grandes inductoras
de la destrucción de los bosques y se prevé la construcción
o mejoría de varias en la Amazonia.
El mismo Plan de Acción destaca que 75 por ciento del área
amazónica deforestada se ubica en fajas de 50 kilómetros
a cada lado de las carreteras, reconociendo las contradicciones entre
las políticas públicas, que van en desmedro del ambiente.
La expansión de la soja en la Amazonia es un nuevo factor. La
siembra en general ocupa áreas ya sin árboles, pero las
utilidades que proporciona el cultivo elevan el precio de las tierras,
estimulando nuevas ocupaciones y el avance de la deforestación,
explicó Smeraldi.
En el tercer frente, el del fomento de actividades sustentables, no
se puede esperar nada, pues un programa de desarrollo sustentable de
la Amazonia y sus mecanismos de financiación están paralizados
desde hace dos años por un escándalo de corrupción
en el órgano responsable, observó.
Además, es difícil que las actividades apuntadas en el
Plan de Acción -como manejo forestal, ecoturismo, pesca artesanal
y subproductos de madera- puedan competir con la soja y el ganado, sin
estímulos efectivos, concluyó.
La escasez de recursos financieros es el principal obstáculo
al éxito del Plan de Acción, apuntó a IPS otro ambientalista,
Jean-Pierre Leroy, de Fase, una organización no gubernamental
que actúa en comunidades pobres a favor de derechos económicos
y sociales.
El plan ”es ambicioso” pero su presupuesto es insuficiente
y la política de austeridad fiscal adoptada por el gobierno impide
acciones concretas y eficaces, opinó.
La regulación territorial, por ejemplo, es algo muy complejo,
costoso y demorado, según comprobó Fase con la experiencia
de uno de sus proyectos, en Gurupá, en el interior del septentrional
estado de Pará.
El Plan señala caminos correctos, contempla la participación
de la sociedad y aplica el principio de transversalidad de la cuestión
ambiental, es decir su inclusión en la acción de varios
Ministerios, reconoció Leroy. Pero no es segura su aplicación
práctica, lamentó.
Mario Osava
Fuente: IPS (International Press Service)
Marzo 20, 2004 |