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AMBIENTE-MERCOSUR:
El fantasma de la guerra por el agua
BUENOS AIRES, (IPS) - Las aguas tranquilas del Acuífero
Guaraní, enorme reservorio de 1,2 millones de kilómetros
cuadrados bajo los países del Mercosur, son el centro de una airada
polémica.
Un proyecto de conservación del acuífero, que comenzó a
ejecutarse en 2003, desató una guerra de acusaciones entre los
encargados de llevarlo adelante y organizaciones sociales que alertan
sobre una supuesta conspiración liderada por Estados Unidos para
apoderarse del agua.
En los últimos tres años, científicos, ambientalistas
y gobiernos elaboraron el Proyecto para la Protección Ambiental
y Desarrollo Sostenible del Sistema Acuífero Guaraní, con
la intención de conocer su potencialidad y los riesgos que puede
correr, para elaborar modelos de gestión conjunta entre los países
que lo comparten.
Se calcula que el acuífero bajo Argentina, Brasil, Uruguay y
Paraguay tiene unos 37 mil kilómetros cúbicos de agua,
pero sólo se pueden explotar de 40 a 80 kilómetros cúbicos
en zonas de recarga.
El Centro de Militares por la Democracia Argentina (Cemida) afirmó este
año que la supuesta actividad de grupos terroristas en la Triple
Frontera (entre Argentina, Brasil y Paraguay) fue un pretexto de Washington
para aumentar su presencia militar allí y ”apoderarse silenciosamente
del Acuífero Guaraní”, a través del proyecto
de conservación.
El Cemida es una organización no gubernamental (ONG) por los
derechos humanos fundada en los años 80, que suele adoptar posiciones
izquierdistas y está integrada por militares retirados y por civiles.
”Estados Unidos estructuró un sistema para detectar la
magnitud del acuífero, asegurar su uso sustentable y evitar todo
tipo de contaminación” y ”para ello puso al frente
de la investigación al Banco Mundial, a la Organización
de Estados Americanos (OEA) y a otros órganos a los que controla”,
afirmó el informe del Cemida, elaborado por la profesora de historia
Elsa Buzzone.
Le ”destinó un presupuesto de 26 millones de dólares
y sugirió la forma en que participarían las comunidades
indígenas y la sociedad civil para mantener un permanente control
hasta que lo considere conveniente”, añadió.
Esa tesis es compartida por grupos organizadores del Foro Social de
la Triple Frontera, que se prevé realizar del 25 al 27 de junio
en la nororiental ciudad argentina de Puerto Iguazú.
Pero el secretario general del proyecto, el brasileño Luiz Amore,
dijo a Tierramérica que esa denuncia ”no tiene ningún
sentido”.
El proyecto nació de una iniciativa de las naciones que comparten
el acuífero, y fueron ellas los que pidieron asistencia financiera
al Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF por sus siglas en inglés),
formado con aportes de países y manejado financieramente por el
Banco Mundial, explicó.
Durante cuatro años, organizaciones de la sociedad civil intervinieron
en las distintas instancias del programa, destacó Amore.
”De Brasil, que tiene bajo su territorio 71 por ciento del acuífero,
participaron 176 instituciones, entre organismos nacionales y estaduales,
universidades y ONG”, indicó.
Las unidades nacionales del proyecto, integradas por funcionarios de
cada país, eligieron a la OEA como agencia ejecutora de la iniciativa,
que se financia con 13,4 millones de dólares del GEF, 12 millones
de los gobiernos, y el resto de otras organizaciones hasta completar
26,7 millones de dólares, puntualizó.
La red brasileña Grito del Agua, que reúne a unas 60 organizaciones,
también cuestionó el proyecto. ”No hay transparencia” en
las contrataciones del proyecto ni acceso a su información técnica,
de modo que ”Amore está negociando nuestra soberanía
y nosotros no podemos saber a quién le pasa la información
que recibe”, mientras él ejerce un ”poder dictatorial” para
decidir quiénes pueden participar del proceso, dijo a Tierramérica
el activista Leonardo Moreli, líder de esa red.
A su juicio, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
y el GEF deberían ”auditar” el proyecto.
Por otra parte, ”no es normal que haya 'boinas verdes' (del Ejército
estadounidense) en Entre Ríos y Misiones (provincias del noreste
de Argentina) haciendo ejercicios contra el dengue”, ironizó Moreli,
en alusión al informe del Cemida.
Según Amore, las acusaciones de Moreli responden al interés
de obtener una mejor posición para ejecutar proyectos de difusión
y educación sobre temas del acuífero, que se financiarán
mediante un Fondo de Ciudadanía, integrado con 240 mil dólares.
”Es lamentable. Una vez que los países se ponen de acuerdo
en un proyecto para definir acciones preventivas y no para remediar,
hay suspicacias y temores”, comentó.
El secretario general alegó que si los gobiernos quisieran privatizar
el acuífero, ”será potestad de los países,
no del proyecto”, pero aclaró su posición personal
en la materia: ”El agua es un bien social que tiene un valor económico,
pero eso no significa un valor de venta. Se trata de un recurso a preservar
de la contaminación para el uso de todos”.
El experto uruguayo Danilo Antón, geomorfólogo especializado
en aguas subterráneas, consideró también que están ”fuera
de la realidad” las denuncias sobre estrategias de Washington para
controlar el acuífero.
”Puede haber estrategas que deliren con eso, pero no es sostenible
bajo ninguna lógica”, opinó. El agua del acuífero
solo puede ser usada localmente, en cientos de comunidades, pero explotar
aguas profundas es ”difícil y carísimo”, reafirmó el
experto.
”El vaciamiento del acuífero, que se encuentra en su mayor
parte por debajo de los 1.000 metros, requeriría un bombeo antieconómico
y técnicamente imposible”, aseguró.
”Otra cosa es el temor de que se privaticen pozos o sistemas de
distribución, pero eso depende de los gobiernos”, apuntó Antón.
El geomorfólogo fue quien propuso en 1996 llamar ”Guaraní” a
la reserva de agua subterránea que tenía distintos nombres
en cada país. Lo hizo en homenaje a la nación indígena
que se asentaba sobre esa región.
por Marcela Valente
Fuente: IPS (International Press Service)
Marzo 23, 2004
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