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Cuidado con los transgénicos, dice el
PNUMA
El PNUMA advierte que los cultivos transgénicos
pueden ser peligrosos para la biodiversidad y la salud humana, y recomienda
a América Latina y el Caribe actuar con precaución antes
de adoptarlos. Esta postura colisiona con la asumida en 2001 por otra agencia
de la ONU, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD),
que consideró los alimentos transgénicos una opción
válida para combatir el hambre. La posición del PNUMA (Programa
de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) sobre la investigación
y desarrollo de organismos genéticamente modificados, se expresa
en su informe GEO 2003, presentado este miércoles en México
con entusiasta aplauso de ambientalistas.
MEXICO - "Es bastante sorprendente la posición del PNUMA
y la compartimos", dijo a IPS Silvia Ribeiro de la no gubernamental
Action Group on Erosion, Technology and Concentration (ETC), con sede en
Canadá.
Mientras, María Colín, de la oficina de Greenpeace en México,
señaló que "habría que celebrar" el pronunciamiento
de la agencia de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), ya
que representa "una toma de posición importante".
Según GEO, preparado por la oficina del PNUMA para América
Latina y el Caribe, la aplicación de la biotecnología para
el cruce de genes de diversas especies animales y vegetales, puede poner
en peligro la diversidad natural.
Apenas dos páginas hablan de la "contaminación transgénica"
en las 281 del documento, una amplia investigación sobre el estado
general del ambiente en América Latina y el Caribe realizada con
auspicio y coordinación del PNUMA.
No obstante, los ambientalistas le otorgan gran significado, pues abordan
un área de la investigación con fines comerciales en la que
grandes transnacionales gastan y ganan millones de dólares al año,
y a la que los activistas combaten con intensidad.
"La posibilidad de que genes modificados pasen descontroladamente
de una especie a otra es un riesgo real" que pondría en peligro
la "biodiversidad que es fundamental para la seguridad alimentaria
de la humanidad", advierte GEO.
El PNUMA indica que en el debate sobre los transgénicos "interfieren
posiciones polarizadas y grandes intereses comerciales, por lo que el principio
precautorio debería aplicarse como regla principal hasta que exista
un consenso científico sobre el tema".
El principio de precaución está consagrado en el Protocolo
de Cartagena, el primer acuerdo internacional que rige la transferencia,
manejo y uso de organismos vivos modificados que entró en vigor
el 11 de septiembre.
Dicho principio establece que los gobiernos tienen derecho a efectuar
una evaluación de riesgo de todos los organismos genéticamente
modificados antes de adoptar decisiones sobre su importación o de
establecer normas para su uso confinado dentro de su jurisdicción.
Las portavoces de ETC y Greenpeace coincidieron en señalar que
el PNUMA adoptó una posición que favorece su lucha, pues
usó argumentos similares a los suyos para referirse a los transgénicos.
El área sembrada con semillas transgénicas en el mundo
llegó en 2003 a 67,7 millones de hectáreas, nueve millones
más que en 2002, indican datos del Servicio Internacional para la
Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas, organización
no gubernamental que promueve los transgénicos.
Las variedades agrícolas comerciales, soja, maíz, algodón
y colza, son controladas por apenas cinco empresas transnacionales del
Norte industrial, dueñas de las patentes, y más de 90 por
ciento del área sembrada está en Argentina, Canadá
y Estados Unidos, aunque avanza en otros países.
En América del Sur, por ejemplo, la soja transgénica cruzó
las fronteras argentinas, y se cultiva ampliamente en el sur de Brasil,
pero también en Paraguay y Uruguay.
En 2001, el informe de desarrollo humano del PNUD indicó que los
transgénicos pueden ser la clave para combatir el hambre en el mundo
y que no hay que desechar esa tecnología, lo que despertó
iras de los ambientalistas.
Según esa agencia, el impacto ambiental de los organismos genéticamente
modificados no está comprobado. Lo cierto es que en el mundo hay
850 millones de personas que pasan hambre y que podrían alimentarse
con este tipo de cultivos, dijo el PNUD.
Ribeiro cree que la postura del PNUMA "reivindica al sistema de
la ONU".
Se trata de un pronunciamiento valiente, "pues contradice a Washington
y a las empresas de biotecnología que sostienen que los transgénicos
son la fórmula para acabar con el hambre en el mundo", opinó.
Los transgénicos son variedades modificadas en laboratorio mediante
la introducción de genes de otras especies, animales o vegetales,
y el uso de virus o bacterias "desactivadas", como agentes vectores.
El propósito en la agricultura es mejorar el rendimiento de las
cosechas, o sus características generales, como resistencia a factores
climáticos, herbicidas, etcétera.
Pero los activistas estiman que ponen en riesgo la salud humana y el
ambiente y crean una dependencia total los agricultores con las transnacionales
que venden las semillas.
Monsanto, Dupont, Syngenta, Aventis y Dow, líderes en la materia
y de importante presencia en la industria farmacéutica y de insumos
agroquímicos, responden que los transgénicos no representan
ningún riesgo y que su único interés es luchar contra
el hambre.
Según la política de las transnacionales, los campesinos
que utilizan las semillas modificadas se ven impedidos por contrato a reutilizar
parte de la semilla que obtienen de sus cosechas, lo que obliga a romper
la selección de semillas que tradicionalmente hacen miles que pequeños
campesinos del mundo, y que es la práctica de mejoramiento de cultivos
más antigua.
Pero además, las semillas transgénicas pueden llegar de
forma no autorizada y mezclarse con especies silvestres, tal como ha ocurrido
con el maíz de México, centro de origen de esa gramínea,
tema al que el PNUMA se refiere en su informe.
La agencia de la ONU señala que el caso del maíz mexicano
"es un buen ejemplo de la preocupación sobre la intromisión
de genes modificados en variedades domésticas".
"Ojalá los gobiernos de América Latina y el Caribe
tomen en cuenta la postura del PNUMA sobre los transgénicos y adopten
posiciones menos permisivas con las empresas que los impulsan", señaló
Colín de Greenpeace.
por Diego Cevallos
Fuente: Tierra América e IPS
Marzo 10, 2004
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