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"Sufrimos problemas enormes con algas y plancton que están
creciendo sin oxígeno", agregó Jonsson.
"Veneno en la comida"
El Báltico es el mar semi-salado más grande del mundo,
una mezcla particular de mar y lago, con agua dulce y salada.
Su cama es un conjunto de sierras y depresiones donde la polución
queda atrapada causando estragos en las especies del lugar.
Y debido a que la salida al océano -entre Suecia y Dinamarca-
es angosta, el agua tarda unos 25 a 30 años en cambiarse.
Suecia está especialmente preocupada debido a que la pesca es
esencial para la economía del país.
"Uno no puede arrojar veneno en el lugar donde uno produce comida",
razona Andreas Jonsson, un pescador sueco.
"En el lado de Letonia y Rusia, ellos no se preocupan del agua",
dijo el pescador.
El agua rusa
La mayor ciudad de ese lado del mar es San Petesburgo, levantada a orillas
del río Neva.
La mayor parte de las aguas residuales de la ciudad fluyen al río
sin ningún tipo de tratamiento, y de ahí al Báltico.
San Petesburgo tiene pendiente la construcción de una planta para
aguas residuales, pero el proyecto se demora debido a los costos.
"El gobierno de la ciudad, así como los gobiernos de toda
Rusia y el gobierno central, priorizan la economía antes que el
medio ambiente", señaló Dietmar Litmanov, de Greenpeace
Rusia.
"El 30% de las aguas arrojadas al Neva por las fábricas y
los edificios llegan a él sin pasar por ningún filtro",
informó el periodista ruso Victor Teryoshkin, especialista en temas
ambientales, y agregó:
"Eso significa entre 300 y 4000 metros cúbicos de agua por
día, un peligroso cocktail de toda clase de metales pesados y residuos
humanos".
La principal compañía encargada del tratamiento de las
aguas residuales, Vodokanal, sostiene que sólo el 20% del agua que
llega al Neva está sin filtrar, y alega de que no tiene los recursos
para revertir esta situación.
Fuente: BBC (Inglaterra)
Junio 23, 2003
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