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Desde entonces, la Antártida se convierte en el único
continente desmilitarizado, libre de energía nuclear y dedicado
a la investigación científica y a la cooperación internacional.
El Protocolo de Madrid se firmó en 1991 y constituye un instrumento
único que protege un continente entero, sin marcar fronteras político-administrativas,
estableciendo medidas integrales de protección ambiental que incluyen
la prohibición de las actividades mineras durante al menos cincuenta
años. Sin embargo, más diez años después de
su firma, la aplicación del Protocolo no es completa ni adecuada.
Y una de sus principales carencias es que no se aplica a la explotación
de los recursos marinos. La estricta protección ambiental en tierra
firme contrasta con la explotación de recursos vivos en el mar,
regulada mediante controles mucho menos estrictos, ignorando que tanto
el continente como el océano que lo circunda pertenecen al mismo
ecosistema, como lo reconoce el propio Protocolo en su artículo
3.
ASOC, Greenpeace y WWF/Adena piden:
1. Incrementar la protección del medio marino antártico.
Los estándares de conservación que se aplican al Océano
Austral son menos rigurosos que los aplicados en el continente. Aunque
la explotación de los recursos pesqueros de estas aguas está
regulada por normas basadas en criterios biológicos y el principio
de precaución, la creciente presión de la industria pesquera
internacional hace difícil en la práctica la aplicación
de estos criterios.
2. Prevenir la comercialización de la región antártica
y preservar los propósitos fundacionales del Tratado Antártico
y del Protocolo de Madrid. La conservación de la paz y el medio
antártico debe prevalecer sobre otras actividades potencialmente
impactantes como el turismo, la pesca y la prospección de recursos
biológicos.
3. Asegurar un futuro sostenible para la región antártica.
La conservación a largo plazo es la única alternativa que
permitirá un futuro sostenible para la Antártida y el Océano
Austral, de modo que sus valores ambientales, estéticos y científicos,
entre otros, se mantengan para las generaciones futuras sin ser afectados
por intereses comerciales o territoriales.
Fuente: WWF/ Adena y Greenpeace
Junio 12, 2003
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