|
Agricultura sustentable
Con la asunción de Miguel Campos, el nuevo titular de Agricultura,
se abre una etapa nueva en la relación del campo con el gobierno.
El propio Campos se ocupó de remarcar que él no será
una especie de lobbista del agro en el gobierno, sino un hombre del gobierno
con la responsabilidad de conducir la política para el sector. Esto,
que puede sonar a frase hecha, tiene especial significado si se tiene en
cuenta que el ministro de Economía recuperó para su área
a la secretaría de Agricultura, que durante el interinato de Duhalde
formaba parte del Ministerio de la Producción. Este interés
de Lavagna se expresa también en la decisión (explicitada
ayer) de acompañar personalmente a Campos en la recomposición
de la relación con las entidades. El ministro siempre supo que el
agro es estratégico y funcional para su modelo, sobre todo cuando
llega el momento de encarrilar la relación con los acreedores internacionales.
Hay un dato concreto: las retenciones seguirán vigentes. "El
campo todavía tiene resto", dijo Campos a poco de asumir. Bajo
esas palabras se esconde una definición: se ha ingresado en un modelo
de precios administrados, donde el gobierno calcula la rentabilidad y captura
el excedente. Ese será el escenario de fondo. Pero sobre esta idea,
seguramente entrarán a jugar otros mecanismos que pueden alterar
profundamente el funcionamiento del sector. Y puede salir pato o gallareta.
En las últimas horas hubo rumores muy fuertes respecto a la posible
modificación de los derechos de exportación. En la Bolsa
de Comercio de Rosario se aseguraba que el gobierno estaba por rebajar
las retenciones del maíz, y subir las de la soja. Esto parecía
coherente con los comentarios que formuló Campos a La Nación
el sábado pasado. Allí había dicho que "no era
sustentable" un crecimiento tan fuerte de la soja. Por eso, el rumor
tomó consistencia y los operadores iniciaron una febril ronda de
consultas, y hasta se produjo algún movimiento en las cotizaciones
de ambos productos.
Cuando Campos se enteró salió rápidamente a desmentirlo.
Pero la idea de que vamos a un sistema de precios administrados va de la
mano con esta historia de las retenciones móviles. Es una cuestión
muy delicada, pues la agricultura creció en la última década
en un marco de libertad de precios, con el mercado internacional como orientador.
Y mal no nos fue. Ahora están las retenciones, que se compensaron
con la suba de los precios internacionales. Pero que le pegan más
al maíz que a la soja, porque el primero tiene mayores costos de
producción y comercialización. Esto aceleró la tendencia
al desplazamiento de los cereales por la soja, que ya venía por
brecha tecnológica. El esfuerzo financiero también es desigual,
y esto fue comprendido el año pasado por los proveedores de insumos,
que entregaron a cosecha semillas, fertilizantes y herbicidas para el maíz.
Todo el mundo está de acuerdo en que sería mejor una relación
más equilibrada entre los distintos rubros agrícolas. Sería
muy importante estimular la siembra de maíz. Pero hay que tener
mucho cuidado con meter la mano en la caja de Pandora. Una de las consecuencias
es la pérdida de los mercados de futuros, que quedarían en
una posición muy débil ya que los precios no dependerían
de la relación entre la oferta y la demanda, los stocks finales,
el "weather market" y todos los factores que han aprendido a
manejar nuestros productores. Ahora dependerían de una resolución
ministerial, lo que puede constituirse también en una fuente de
corrupción: el funcionario que tenga el dato puede hacer buenas
diferencias comprando, vendiendo o "asesorando".
Un exportador de primera línea le dijo a Clarín Rural:
"la única alteración aceptable de las retenciones es
su rebaja pareja o su eliminación". Sin embargo, ya existen
retenciones diferenciales. Rigen para la cadena ganadera, los cultivos
orgánicos, el maní, y la mayor parte de los productos regionales.
El estímulo a la ganadería permitió atenuar la brecha
de rentabilidad con la agricultura. A pesar de esto, la "agriculturización"
siguió adelante, porque el salto tecnológico en la agricultura
ha sido mucho más fuerte que en la ganadería. Y ya no se
discute la sustentabilidad de la agricultura continua. Es más: la
ganadería sólo se hace económicamente sustentable
allí donde se incorporan los recursos agrícolas (granos en
suplementación o ter minación, silo de maíz o de sorgo,
silo de grano húmedo, sojilla, subproductos, etc.).
El esquema ideal es el de precios libres y sin retenciones. Pero si se
ingresa en un mecanismo de precios administrados, se deben evitar los bandazos.
Si como política de largo plazo se establece que hay que apoyar
a los cereales, será necesario crear un mecanismo que permita estabilidad
a largo plazo. Como en EE.UU. o en la UE, donde los precios sostén
se fijan por ley y se modifican cada cuatro o cinco años.
Héctor A. Huergo.
Fuente: Clarín (Argentina)
Junio 7, 2003
|