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Investigadores de la UBA
Intentan medir la contaminación del agua... con bacterias
Estos biosensores serían más
eficientes
Es una paradoja. Las mismas familias de bacterias
que pueblan los desechos cloacales
y contaminan los ríos podrían utilizarse como detectores de la
calidad del agua.
No son otras que las conocidas Escherichia coli
, que normalmente pueden ocasionar en el ser humano malestares gastrointestinales.
Ahora, un grupo
de investigadores argentinos pretende convertirlas en un sensor clave
para medir el nivel de sustancias tóxicas en distintos cursos
fluviales.
"Cuando uno quiere saber qué les ocurre a los organismos
en un medio contaminado, el que mejor puede informar sobre ello es, sin
duda, otro ser vivo. En este caso, utilizamos bacterias", indica
el doctor Eduardo Cortón, de la Facultad de Ciencias Exactas y
Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que dirige el proyecto
Desarrollo de Biosensores para la Determinación de Parámetros
de Calidad de Aguas Naturales y de Aguas Residuales, subsidiado por el
Conicet y la UBA.
El aparato que permite hacer "trabajar" a las bacterias para
que brinden señales de qué tan tóxico es un medio
acuático, se denomina "biosensor".
"Los primeros sistemas de este tipo -cuenta el científico-
datan de hace unos 25 años. Pero hoy siguen siendo novedosos y
objeto de continuo estudio porque reflejan mucho mejor que cualquier
otro método analítico lo que están viviendo los
organismos en un medio determinado."
Desde el Laboratorio de Biosensores y Bioanálisis de la Ciudad
Universitaria, el científico y su equipo del Departamento de Química
Biológica cultivan bacterias para perfeccionar esta metodología.
Obreras diminutas
"Las cepas que se utilizan no transmiten enfermedades y son muy
fáciles de cultivar", describe. Tampoco son las únicas.
Los investigadores también hacen pruebas con levaduras, -las mismas
que se utilizan para la fabricación de cerveza o para leudar el
pan-, científicamente conocidas como Saccharomyces cerevisiae
.
Ya se elija la Escherichia coli u otra, el mecanismo
que se observa es el mismo: su comportamiento. "Si uno coloca microbios en una
celda bacteriológica y los expone a un tóxico, su metabolismo
suele deprimirse. Y esta merma puede medirse perfectamente", indica
Cortón.
Lo curioso de este mecanismo es el parámetro que sirve de medición:
la electricidad generada por los microorganismos. Por este motivo, el
equipo inmoviliza el cultivo de bacterias sobre la membrana de un electrodo
que permite censar su actividad biológica.
"Si las bacterias -destaca Cortón- respiran más de
lo habitual, eso podría indicar la presencia de una mayor acumulación
de nutrientes, es decir es posible que exista contaminación orgánica
o cloacal."
Millones de bacterias son "catadoras" de
efluentes en aparatos que no requieren grandes dimensiones.
"Mil millones de bacterias pesan unos 50 miligramos", compara
el investigador. Que no pesen casi nada resulta una ventaja importante
porque permite que todo el sistema sea portátil, y pueda llevarse
cómodamente a la orilla del río."
Pero también reúne otras virtudes, aún más
significativas, como el hecho de que permite acortar los tiempos de obtención
de resultados.
"El método estándar que se usa en la actualidad demora
cinco días. Hoy se está trabajando en el diseño
de biosensores que puedan medir ese mismo parámetro en treinta
minutos", subraya Cortón.
Cómo trabajan las bacterias
A simple vista, el equipo parece simple: requiere
un electrodo que mide dióxido de carbono para medir permanentemente la respiración
de las bacterias. Lo más importante es que cuenta con un sistema
de transducción, que convierte la señal bioquímica
que producen las bacterias, en una señal eléctrica. "Es
decir -explica el científico-, cambia la señal del dominio
biológico a un dominio eléctrico. Esto permite que sea
procesable en un aparato electrónico."
Por ejemplo, un biosensor diseñado para medir la demanda bioquímica
de oxígeno (DBO) consta de células microbianas y un electrodo
detector de oxígeno. A mayor cantidad de material orgánico
en el medio, mayor actividad metabólica de las células,
por lo que la concentración de oxígeno medida por el electrodo
será menor.
"Este sistema estima la cantidad de materia orgánica que
puede ser degradada fácilmente por los microorganismos presentes
en el agua; el método estándar utiliza ensayos de por lo
menos tres días de duración; el biosensor permite estimarlo
en aproximadamente una hora. Biosensores como éste -señala-
están patentados."
Pero los investigadores de la UBA intentan hallar
un mecanismo aún
más veloz y eficiente para medir calidad de agua. El parámetro
sería la energía eléctrica producida por las bacterias,
relacionada con el transporte de electrones, que es parte de la vida
cotidiana de toda célula. Estos electrones, gracias al dispositivo
diseñado, pueden ser transformados en electricidad.
"Si se colocan bacterias en una celda y se las alimenta, la cantidad
de corriente eléctrica aumentará. Esta diferencia aportaría
el dato que estamos buscando", precisa Cortón, al tiempo
que concluye: "Nuestro objetivo es desarrollar biosensores más
rápidos y eficientes aún que los actuales".
Por Cecilia Draghi
Fuente: La Nación (Argentina)
Junio 20, 2006
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