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Descifran el genoma más pequeño
de la naturaleza
Esto permitirá combatir parásitos, como
los de la malaria
Seis investigadores, uno de ellos argentino, descifraron el genoma más
pequeño de la naturaleza, diez mil veces menor que el del ser
humano. Reconocido -y elogiado- el resultado por la comunidad científica,
da nuevas pistas sobre cómo funcionan y se pueden combatir ciertos
parásitos, entre los que están los causantes de la malaria,
la toxoplasmosis y enfermedades que afectan al ganado y a los animales
domésticos.
El origen de este valioso "mapa" de información genética
es la única célula de una pequeña alga con forma
de araña, que pasa inadvertida en los mares del mundo. Es la Bigelowiella
natans , recolectada en el Mar de los Sargazos, en el Atlántico
Norte.
"La mayoría de las algas unicelulares que habitan en mares,
ríos y lagos se originaron a través de un curioso proceso
conocido como endosimbiosis secundaria: un protozoo predador devoró a
un alga unicelular y en lugar de digerirla la «esclavizó» y
aprovechó su capacidad de fabricar nutrientes con la luz solar
para su propio beneficio", explicó a LA NACION desde Canadá el
biólogo cordobés Claudio Slamovits, investigador de la
Universidad de Columbia Británica (UBC, por sus siglas en inglés)
e integrante del grupo dirigido por el profesor Geoff McFadden, de la
Universidad de Melbourne, Australia.
Millones de años de evolución redujeron el tamaño
del alga "esclava" hasta que ésta perdió todos
los elementos celulares y conservó sólo el cloroplasto,
una estructura con ADN propio en la que se realiza la fotosíntesis,
el proceso que le permitió a esa nueva alga diversificarse en
todo tipo de aguas. En algunos casos, tomó la forma de parásitos,
como los responsables de la malaria y la toxoplasmosis, que afecta al
ser humano y a los animales.
"En la mayoría de los casos, la evolución entre la
endosimbiosis y la reducción total de la célula «esclava» sólo
puede inferirse indirectamente -explicó Slamovits, de 36 años-.
Pero existen dos grupos de algas que, además de cloroplasto, aún
contienen un vestigio del núcleo simbiótico [nucleomorfo]." Y
es ese núcleo común el que los investigadores reconocieron
como "una ventana al pasado" para estudiar la endosimbiosis
y descifrar el microgenoma.
El estudio acaba de publicarse en la revista Proceedings of the National
Academy of Sciences (PNAS).
En miniatura
Para secuenciar el genoma de la Bigelowiella , los investigadores demoraron
casi dos años, nada si se lo compara con los 13 que llevó completar
el genoma humano. Eso se debe a que el nucleomorfo de la diminuta alga
con forma de araña verde contiene 373.000 pares de bases o unidades
de ADN; es decir, es unas diez mil veces más pequeño que
el genoma humano (cuyo largo total es de 3100 millones de bases) y diez
veces menor que el genoma de una bacteria. "Es importante conocer
los detalles de los nucleomorfos porque permite entender mejor cómo
se originaron y evolucionaron otros organismos a partir de la endosimbiosis
secundaria, como son los apicomplexos, parásitos de importancia
sanitaria y económica, que están en un estado evolutivo
posterior", puntualizó Slamovits, que desde 2002 vive en
Canadá con su familia.
Asimismo, agregó, los nucleomorfos son "un excelente modelo
para estudiar cómo ocurre y cuáles son las consecuencias
de la reducción de los genomas, algo que es característico
de muchos tipos de protozoos parásitos".
Es que los parásitos tienen sus genomas en distinto grado de
compactación, que en los nucleomorfos fue muy extrema. Esto permite
estudiar mejor sus efectos en los genes. "En ambos casos, son nuevos
aportes para entender como «funcionan» esos parásitos
y, con ello, crear nuevas estrategias de lucha", resumió el
biólogo.
Pero ¿por qué la Bigelowiella retiene el núcleo,
mientras que muchas otras algas (incluidos los parásitos de la
malaria) lo perdieron hace tiempo? "Parece ser que nada impide que
el nucleomorfo se pierda", dijo Slamovits, sobre una de las preguntas
que motivaron el estudio. Una segunda conclusión es que el microgenoma
sufrió un proceso de reducción distinto del de otros genomas;
es decir, "en lugar de perder las secuencias de ADN entre los genes
[intrones], ésas se redujeron al mínimo posible",
finalizó.
Fuente: La Nación (Argentina)
Junio 22, 2006
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