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Una forma distinta de ganarse la vida
Cartoneros que con los desechos
producen objetos de diseño
Están agrupados en una cooperativa
Cartones prensados que mutan en sillones vanguardistas o mesas ratonas;
tubos plásticos de sifones de soda unidos por cordones como delicados
individuales y botellas de vidrio que pasan a ser llamativos vasos de
colores... La materia prima se encuentra ahí, en la calle. Y quienes
la transforman en bienes de uso son los propios cartoneros.
Así es
como los cartoneros agrupados en la Cooperativa El Ceibo –que
desempeñan su actividad sobre 100 manzanas del barrio porteño
de Palermo– encontraron una manera de capitalizar la ardua tarea
de recolectar el material que desechan los vecinos: fabrican objetos
que les darán mayores beneficios. Se trata de un proyecto sustentable,
ya que resuelve problemas de índole económica, social,
ambiental y cultural.
La iniciativa, puesta en marcha
desde abril último,
buscó desde
un primer momento que los recuperadores urbanos pudieran desarrollar
otras habilidades y obtener, claro, mejores dividendos. Así conformaron
Producción Ciruja, nombre que se le dio a este microemprendimiento
del que participan, además de diez cartoneros, tres diseñadoras
industriales de la Universidad de Buenos Aires y una arquitecta. “En
la semana, durante tres días, pasamos a buscar el material en
los domicilios de los vecinos y los otros tres días nos dedicamos
a trabajar en este taller. Es muy bueno para nosotros, porque creemos
que, en vez de vender una botella a 10 centavos, le agregamos un trabajo
extra y así puede ser vendida en una suma muy superior",
contó Valeria Corbalán, una recuperadora que, desde hace
más de dos años, trabaja en El Ceibo.
"Por ejemplo, de un vaso
trabajado por nosotros podemos sacar un peso. De esa manera hay un
aprovechamiento mayor de los residuos", agregó Corbalán,
como para mostrar la diferencia.
En pleno Palermo, sobre Guatemala al 4400, se montó una suerte
de taller provisional que cuenta con las herramientas básicas
para cortar y pulir el vidrio y prensar el cartón. Allí,
en ese espacio pequeño de tres metros por cuatro, la imaginación
le da un lugar al arte.
"
La idea es aportar a los residuos un valor agregado que puede ser capitalizado
de otra manera y, por cierto, con cosas muy originales. El grupo busca
mejorar la calidad de vida a partir de espacios creativos, donde los
recuperadores participan de manera activa en el proceso de diseño
de los productos. Este tipo de arte suele ser muy valorado por los extranjeros",
explicó a LA NACION Angeles Estrada Vigil, de 27 años,
una de las diseñadoras que trabaja en el proyecto junto con Victoria
Díaz y Natalia Hojman. Las tres profesionales resignaron parte
de su salario para sumarse a la "causa recuperadora".
Un bar especial
Los primeros objetos terminados
con el material reciclable, y que demandaron unas cuatro semana para
su confección,
serán presentados
hoy, a las 18, en la inauguración del bar Apile, en Perú 886,
en San Telmo.
Allí, uno de los salones está enteramente
provisto de objetos de material reciclado. Banquetas de cartón
prensado reforzado con tornillos; almohadones confeccionados
con retazos de tela polar,
y centros de mesa con envases de vidrios, entre otras cosas,
son algunas de las obras provistas por los artistas callejeros.
"Por todo ese lote pagué unos
3000 pesos. Uno de los salones será de
estilo cartonero y muy fashion", anticipó a LA
NACION Mercedes Fassia, la arquitecta propietaria del bar
que forma parte de Producción
Ciruja.
Según contó Fassio, con la compra de
los primeros objetos comenzó a interesarse en el proyecto. "Me
involucré mucho
en él", dijo y contó que, para llevar
adelante esta interesante propuesta del bar cartonero, también
se recibió un
aporte económico de la Fundación Avina. Pero la magnitud de este emprendimiento adquiere
una nueva dimensión
si se tiene en cuenta que no sólo se trata de un taller en el
que se conjuga arte y economía. Para muchos de los integrantes
de Producción Ciruja se trata de devolver parte de la dignidad
perdida.
Al menos de eso está segura Susana Rodríguez, de 47 años,
que explica que a varios cartoneros que debieron suspender la recolección
en la calle por las secuelas físicas que deja esta ocupación,
este proyecto les significó una buena manera de sentirse más útiles. "Para
mí trabajar armando una silla, por ejemplo, es como una terapia.
Y que me perdonen los psicólogos, porque así lo siento.
Cuando trabajo acá me desconecto de todo. Se ha formado un lindo
grupo humano. Además, también nos capacitamos para tener
más armas", aseguró Susana.
Sentirse VIP
Para otros, esta posibilidad implica salir de
la marginalidad.
"
Muchos vecinos nos dicen que somos los cartoneros VIP porque no
revolvemos la basura, sino que la retiramos de las casas de
ellos. Pero todo lo
que juntamos es para la cooperativa, nada de lo que recibimos es
para nosotros", asegura Javier Ledezma, de 19 años.
Oscar
Acuña, de 53 años, también asegura sentirse
muy a gusto con su papel de creador y artista. Con los ojos inmóviles
por la atención que pone en recortar un trozo de cartón,
se mostró muy entusiasmado con el proyecto. "A mí me
gusta la calle y juntar cartones, pero también es lindo
trabajar así, en equipo. Noto que los más chicos
nos respetan mucho. De alguna manera nos sentimos más
importantes frente a los demás", aseguró,
sonriente.
Es que él, como todos, no puede dejar de sentir
orgullo al ver su trabajo terminado.
Con el visto bueno de los vecinos
El proyecto que lleva adelante
la cooperativa El Ceibo se respalda en una ardua y larga tarea
de toma de conciencia social en
unos 900 domicilios del barrio de Palermo. La zona abarca
unas 100
manzanas, entre las calles Julián Alvarez, Santa Fe,
Córdoba y
Godoy Cruz.
Allí, los vecinos que adhieren a esta iniciativa
asumieron su compromiso social con una conciencia ambientalista.
El plan que lleva
adelante la cooperativa se rige por una serie de pasos:
diez promotores visitan a los vecinos para informar sobre los
beneficios que genera
discriminar la basura. Si aceptan cumplir con esa tarea
de separar los cartones, papeles y plásticos, luego son
visitados por los recuperadores, que tocan el timbre en
sus respectivos domicilios. El
paso siguiente es el acopio: la cooperativa tiene un galpón
de 90 por 20 metros, cercano a la esquina de Salguero y
Carlos Mugica, para esa tarea.
Los cartoneros reciben una
paga y el total del material
vendido (promedia los 8000 pesos mensuales) se destina
para los salarios
de las 40
personas que participan de la cooperativa, además
de cubrir los gastos de alquiler y teléfonos. Por
la labor que realizan por Producción
Ciruja, los recuperadores reciben 15 pesos por día
aunque, en un futuro, la intención es dividir las
ganancias.
"Es muy significativo el trabajo que hacen
estos chicos. Acá los
cartoneros de El Ceibo siempre son bien recibidos", contó Amelia
Desmar, una vecina de la zona.
Por Pablo Tomino
Fuente: La Nación (Argentina)
Junio 20, 2006
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