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Crisis energética con final abierto
BUENOS AIRES, jun (IPS) - Poco antes de que cumpla un mes el plan
oficial para enfrentar la crisis energética argentina, el gobierno
considera la situación normalizada. Pero el sistema está operando
al límite de su capacidad y sin margen para imprevistos, advierten
expertos consultados por IPS.
La crisis anunciada se desató en marzo, cuando el gobierno de
Néstor Kirchner admitió que había dificultades para
asegurar la provisión de energía a las industrias por la
caída de 28 por ciento en el nivel de los ríos respecto
de 2003 y por un aumento de la demanda energética debido a la
recuperación económica del último año.
La actividad creció 8,7 por ciento en 2003 y presionó sobre
la oferta de energía. A su vez, en los últimos dos años,
las empresas productoras de gas natural pusieron en primer lugar la exportación
del hidrocarburo a Chile, su principal cliente, y limitaron inversiones
para aumentar el abastecimiento a industrias y centrales térmicas
de generación eléctrica de Argentina.
En previsión de eventuales cortes, muchas industrias aumentaron
su actividad en los primeros meses del año, para adelantarse a
las interrupciones del servicio en los meses invernales de mayor demanda
-de junio a agosto-, y el sistema colapsó.
Aparecieron entonces los cortes de gas a las industrias, mucho antes
de lo previsto.
Como consecuencia de esa crisis, el gobierno redujo el cupo de ventas
gasíferas a Chile en sucesivas etapas, autorizó el aumento
de precios del gas para grandes consumidores, y finalmente lanzó,
el 12 de mayo, un plan energético que, entre sus principales medidas,
prevé la creación de una empresa de energía de propiedad
mixta.
El programa también anunció inversiones (públicas
y privadas), impuestos a las exportaciones, y un criterio para racionalizar
el uso doméstico de gas y electricidad. Otras medidas fueron compras
de combustible líquido a Venezuela, de electricidad a Brasil y
de gas a Bolivia, y la promesa de ampliar la red de distribución.
Esta semana, el ministro de Planificación Federal, Inversiones
y Obras Públicas, Julio De Vido, sostuvo que la oferta de energía
eléctrica está ahora 10 por ciento por encima de la suministrada
en junio de 2003, y aseguró que la distribución de gas
no está aumentando como se esperaba debido a su sustitución
por otros combustibles.
”Se avanza hacia la normalización del suministro”,
dijo De Vido en un acto para anunciar la vuelta al funcionamiento de
la central nuclear de Embalse, luego de seis semanas de inactividad por
labores de mantenimiento.
En un informe reservado al que tuvo acceso el diario Página 12
a fines de mayo, el Ministerio de Economía admitió, más
cauto, la posibilidad de ”cuellos de botella” en el transporte
de energía en los próximos dos meses, pleno invierno austral,
y no descartó nuevos cortes a industrias y usinas eléctricas
que se abastecen de gas, en los momentos de mayor demanda.
Expertos independientes creen que la falta de un suministro suficiente
y adecuado es un asunto grave y que podría afectar el crecimiento
de la economía, recuperada en 2003 luego de cuatro años
de recesión que incluyeron el colapso de 2001.
El ex secretario de Energía Daniel Montamat advirtió este
mes que el aumento de la demanda en invierno puede costar un punto del
crecimiento proyectado del producto interno bruto (PIB) para este año.
El coordinador académico del Plan Fénix -de economistas
de la estatal Universidad de Buenos Aires críticos del neoliberalismo-,
Alberto Muller, dijo a IPS que de mantenerse el ritmo de aumento en el
consumo de gas de los primeros meses del año, el punto crítico
se manifestará en la distribución de energía.
”Realmente no sé cuánto del aumento pronosticado
de la demanda tiene previsto el gobierno, pero actualmente se trabaja
al límite”, aseguró. Habría que comenzar a
pensar en ampliar la capacidad instalada, lo que implica inversiones
de largo plazo de las que no se harán cargo los actores privados,
explicó el economista.
”Lo que hace falta es un plan en serio, y hasta ahora no lo veo.
Si el gobierno considera como solución reemplazar la falta de
suministro de gas con fuel oil de Venezuela, entonces habrá respondido
bien a la coyuntura, pero eso tiene un costo, porque se trata de un combustible
seis veces mas caro que el gas”, dijo.
Más crítico fue Carlos Andrés García, profesor
de economía de la Universidad Nacional de Misiones e investigador
en energía, gestión de la producción y ambiente.
”Las medidas del gobierno parecen un conjunto de parches que apuntan
a la coyuntura”, dijo García a IPS. ”Lo que prima
es la improvisación”, añadió.
Un estudio de García fue publicado en el último boletín
del Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional
Orientadora (Moreno), de trabajadores y expertos contrarios a la privatización
del sector y presidido por el cineasta y ex diputado Fernando ”Pino” Solanas.
”Salvo que se adopten rápidas y efectivas medidas”,
es posible ”afirmar que entre 2006 y 2008 sobrevendrá en
Argentina una crisis eléctrica de grandes proporciones, cuya causa
será la marcada insuficiencia de la potencia instalada para abastecer
la demanda eléctrica previsible”, advierte García
en ese reporte.
La capacidad instalada real -aquella efectivamente disponible sin contar
márgenes normales por reparaciones o períodos de baja potencia
hidráulica- ronda los 15.500 megavatios, según García.
Mientras, la demanda de 2003 fue de 14.359 megavatios y la estimada
para este año oscila entre 15.350 y 16.600 megavatios.
La estimación se basa en un crecimiento ”moderado” del
PIB, cercano a la proyección de cinco por ciento del Ministerio
de Economía. Sin embargo, el presidente del Banco Central, Alfonso
Prat Gay, afirmó esta semana que el crecimiento será de
ocho por ciento.
A menos que medie un acelerado proceso de inversiones en generación
y transmisión (nuevas mega usinas e inversiones en redes de distribución),
el sistema de interconexión eléctrica ”entrará en
una profunda crisis estructural en el exiguo plazo de dos a cuatro años”,
prevé García.
A su juicio, el sistema está operando ”al límite” de
la capacidad, ”con muy poco margen de previsión para imponderables”.
En un escenario sin una acelerada instalación de nuevas centrales,
García prevé ”una severa crisis de potencia instalada
que producirá cortes en el suministro y restricciones al abastecimiento
de grandes usuarios, muchos de los cuales deberán optar por la
autogeneración, encareciendo los costos operativos del sector
industrial”.
Posiblemente los problemas de coyuntura estén en vías
de superarse, pero ”a un alto costo general”, como el ”freno
al crecimiento, una brutal transferencia de ingresos a las empresas extranjeras
del área energética -por la vía de aumentos de tarifas-
e inconvenientes serios en el sector industrial”.
Por Marcela Valente
Fuente: IPS (Interantional Press Service)
Junio 15, 2004
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