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Caseros: analizan el impacto de la demolición
La nube de polvo. Esa es la principal preocupación que tienen
los encargados de la demolición de la cárcel de Caseros,
prevista para setiembre. Para analizar cómo reducir los potenciales
riesgos del polvo que se dispersará por la implosión, ayer
se hizo una jornada con especialistas y funcionarios del Gobierno de la
Ciudad en el Centro Cultural San Martín. ¿El resultado? Que
ningún modelo de implosión realizado hasta ahora puede compararse
con lo que será la de Caseros y por eso, aseguraron en la Comuna,
se extremarán todas las medidas de seguridad para garantizar que
no sufran inconvenientes ni los vecinos ni los hospitales cercanos al ex
penal.
En el encuentro, funcionarios de Obras Públicas y especialistas
de las facultades de Ingeniería y Ciencias Exactas de la UBA, la
Comisión Nacional de Energía Atómica y el Centro de
Gestión y Calidad Ambiental del GCBA analizaron experiencias anteriores
de implosiones hechas en el país y en el exterior. Sin embargo,
ningún modelo se puede adaptar a Caseros: por el volumen del edificio,
su altura y porque está rodeado por casas, departamentos y hospitales
(el Garrahan queda a 150 metros). "No es una complicación,
pero sí nos obliga a ponernos en la situación de extremar
las precauciones para evitar cualquier riesgo. Queremos decirles a los
vecinos que pueden estar tranquilos porque estamos evaluando todas las
variables", aseguró Alejandro Lipsich, coordinador general
del Centro de Gestión del GCBA.
En Parque Patricios, y en especial en las manzanas que rodean al penal,
hay preocupación por los efectos del derrumbe. Para despejar dudas,
la Comuna tiene previsto distribuir en el barrio un folleto con preguntas
básicas, como si hay que sacar a las mascotas de la casa o bajar
las persianas durante la implosión.
Caseros se derribará en tres etapas. Cada uno de los pabellones
que conforma el edificio se tirará abajo de manera independiente
por implosión (una explosión en la que el edificio cae sobre
su base). El primero en caer será el que da a 15 de Noviembre. Luego
de muchas postergaciones, en Obras Públicas confirmaron que la implosión
estaría en condiciones de realizarse en la primera semana de setiembre.
"Por el polvo en dispersión que quedará en el aire,
vamos a esperar a que pase la época del pico de afecciones bronquiales",
señaló Pedro López, director de Obras Públicas
de la Ciudad.
López también dijo que están estudiando con técnicos
del hospital Garrahan cómo proteger los sistemas de ventilación
del centro de salud y si es necesario que algún instrumental salga
de funcionamiento durante la implosión, que ya está definido
que será un sábado y, en lo posible, lluvioso. "Ese
día no se atenderán consultorios externos. El hospital volverá
a trabajar el lunes y antes de rehabilitar cada servicio haremos un monitoreo
del aire", agregó López. El próximo martes se
hará otra reunión en la que se estudiará un plan para
mitigar los riesgos de la nube de polvo.
Todo el proceso de demolición y limpieza del terreno de Caseros
le costará al Gobierno porteño 5,6 millones de pesos y llevaría
un año. La Legislatura ya aprobó que allí se construyan
viviendas, comercios, una plaza, una escuela y un centro cultural.
Adriana Santagati - asantagati@clarin.com .
Fuente: Clarín (Argentina)
Junio 08, 2004
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