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17 de junio:
Día Mundial de lucha contra la desertificación y la sequía
Esta celebración fue establecida el 19 de Diciembre de 1994 por Resolución Nº 49/155 de la Asamblea
General de la ONU.
En su origen, fue una invitación al Gobierno de los EE.UU.
a que dedicara este día a sensibilizar la opinión
pública sobre la necesidad de la cooperación internacional
en la lucha contra la desertificación y los efectos de
la sequía y a la aplicación de los principios de
la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la
Desertificación y la Sequía, que se firmara el 17
de Junio de 1994, ratificada por la Argentina en 1996.
La desertificación es la deshidratación progresiva y la pérdida de fertilidad de los suelos como
consecuencia de fenómenos naturales como la erosión
hídrica y eólica, pero también por la actividad
del
hombre a través de modelos agrícolas insustentables, de
la deforestación, compactación de suelos por uso de maquinaria pesada y del riego artificial.
Estos procesos tornan a los suelos estériles e
improductivos en forma casi irreversible en la mayoría
de los casos y para variar estas tendencias, se
necesita tiempo y una gran inversión.
En nuestro país, este problema está adquiriendo una
magnitud considerable, y se empieza a sentir en
lugares que hasta poco tiempo atrás eran considerados
parte de las zonas más fértiles.
Lo que en su momento fue un problema patagónico
originado en la cría irracional de lanares, se ha
extendido al Alto Valle del Río Negro, la región cuyana y ha comenzado la invasión lenta y firme de la
pampa húmeda. En la cual, la siembra directa de cultivos transgénicos y el incremento en el uso de
fertilizantes, agroquímicos y fitosanitarios ya empiezan a hacer sentir sus efectos.
El calentamiento global también incide en la cuestión, por el cambio de los regímenes de lluvias y
de vientos y la alternancia de ciclos muy húmedos y de
sequías.
A ese fenómeno antrópico, debemos sumarle otro de
igual procedencia y magnitud en el deterioro de
suelos, expresado por el agujero de la capa de ozono y
la mayor incidencia de la radiación ultravioleta, que provocará que
la productividad agrícola decline, con
una contracción en la cosecha de maíz en el Sur de
Asia y en Sudamérica entre el 10 y el 65% (1)
Producto de la pérdida de la cubierta forestal, el
mal manejo de los monocultivos agrointensivos y los
suelos irrigados, la erosión hídrica está aumentando
y ríos como el Amazonas arrastran 900 millones de
toneladas de sedimentos, 1.100 millones de toneladas
de suelo el río Huang Ho en China y 3 mil millones de toneladas
el sistema Ganges-Brahmaputra cada año. El sistema Paraná-Uruguay
no escapa a las reglas
generales y sus sedimentos están alterando el cauce de estos ríos, colmatando los vasos de las represas en
ellos instaladas, como se puede apreciar en Salto Grande donde hoy se plantea aumentar la altura de
cota, con más pérdidas de tierras fértiles inundadas.
Según el World Science Report, UNESCO, Fig.5, p. 239, se calcula que el 24 % de los 250 millones de
hectáreas irrigadas puede considerarse dañado. Y de acuerdo al informe GEO 2000, del total de los
1.500 millones de hectáreas de tierras cultivables de la
Tierra, el 40% de ellas se encuentran deterioradas y cada año
entre 5 y 12 millones de hectáreas sufren
erosión grave, con un costo de sustitución de nutrientes
de por lo menos de 250.000 millones de
dólares por año.
"
Estamos destruyendo los suelos por lo menos 13
veces más rápido que el tiempo que es posible
crearlos." (2) Pese a todos estos datos alarmantes, las grandes
transnacionales de los agroquímicos y semillas siguen imponiendo
en los países en vías de desarrollo este
sistema de destrucción masiva que nos condena a muerte y
lo que es peor, las dirigencias de los mismos no
tienen capacidad ni poder de corrección de estas tendencias.
Fuente: Ricardo Luis Mascheroni (Argentina)
Junio 17, 2004
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