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La Comisión Ballenera mantiene la moratoria
sobre la caza comercial
La reunión dio el visto bueno a la propuesta neozelandesa de acabar
con los métodos más sangrientos de caza de los grandes
cetáceos.
Los 57 Estados que integran la CBI, divididos en la facción de
arponeros y la de conservacionistas, pusieron punto final a un encuentro
que ha supuesto un paso "positivo" para la protección
de los grandes cetáceos, según los grupos ecologistas.
"Se han producido avances, aunque bien es cierto que podían
haber sido más", indicó la directora del Programa
de Especies Protegidas del WWF, Susan Lieberman.
Entre los aspectos más positivos, subrayó Lieberman, destaca
el de la instauración del comité dedicado exclusivamente
a políticas de conservación de los cetáceos, una
iniciativa aprobada en la reunión del año pasado en Berlín
y que "progresa lentamente pero en la dirección adecuada".
Otra victoria para los ambientalistas ha sido la decisión de
prorrogar por al menos diez años la protección del santuario
de cetáceos de la Antártida, creado en 1994 como una de
las mayores áreas protegidas para garantizar la supervivencia
de ejemplares como la ballena azul, la ballena franca austral y el cachalote.
También ha obtenido el visto bueno de la CBI la resolución
presentada por una docena de países, entre ellos Nueva Zelanda,
México, Brasil y Argentina, que contempla la adopción de
medidas para mitigar el sufrimiento de los grandes mamíferos marinos
durante la caza, como los causados por los arpones con granadas en su
cabeza.
Contra las redes
La agenda de la reunión de Sorrento abordó, por otra parte,
la cuestión de las capturas accidentales de delfines y ballenas, "el
mayor problema al que actualmente se enfrentan estos cetáceos",
afirmó Lieberman.
Según el WWF, los miles de kilómetros de redes desplegadas
diariamente en los mares del mundo provocan cada año la muerte
accidental de cerca de 300.000 ballenas, delfines y marsopas.
Está previsto que en su próxima asamblea, que tendrá lugar
en Corea en junio de 2005, la CBI debata medidas concretas como la regulación
de los tipos de redes autorizados para la pesca a fin de solventar este
problema.
Más países arponeros
En la reunión de Sorrento, y por primera vez desde la instauración
de la moratoria en 1986, los países arponeros estuvieron a punto
de obtener la mayoría simple en el seno de la comisión,
tras la entrada en los últimos meses de nuevos miembros que apoyan
al grupo a favor de la caza, liderado por Japón.
Este "reparto de fuerzas" se evidenció en la primera
jornada, cuando la Comisión votó en contra de reanudar
la pesca comercial de las ballenas por 29 votos a favor y con la opinión
contraria de 24 Estados, el número más elevado de las últimas
décadas.
Por ello, los grupos ecologistas han lanzado más de un suspiro
de alivio durante el encuentro por las amenazas que se han podido evitar,
después de que la Comisión rechazara con ajustadas mayorías
propuestas de Japón para aumentar la cuota de caza o suprimir
santuarios marinos.
También rehusó implantar el voto secreto dentro de la
asamblea, una iniciativa que la delegación nipona presenta puntualmente
todos los años y que, de salir adelante, significaría un
duro golpe a la transparencia de la CBI, según los ecologistas.
Una de las pocas concesiones que se ha otorgado al frente ballenero
ha sido la autorización a ciertas comunidades locales para que
practiquen de forma controlada la caza ballenera, "por tradiciones
culturales y gastronómicas".
Durante el encuentro, y como ya es habitual, se han repetido las acusaciones
contra Japón por escudarse en los que denomina programas "de
caza científica" para continuar con la pesca de los cetáceos,
un método con el que ya ha cazado más de 8.000 ballenas
desde la introducción de la moratoria, según el WWF.
Fundada en 1946, la Comisión Ballenera Internacional es el único órgano
reconocido internacionalmente para regular la caza de los grandes mamíferos
marinos y tiene como objetivos "proporcionar una conservación
adecuada a las poblaciones de ballenas" y "hacer posible el
desarrollo ordenado de la industria ballenera".
Fuente: El Mundo (España)
Julio 23, 2004
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