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Con tecnología diseñada por investigadores
del Conicet
El sol alimenta a los chicos de la Puna
Son hornos y cocinas que permiten elaborar comidas
y pan sin gasto energético y sin contaminación
* El proyecto recibe mañana un premio de 25.000 dólares
* Se desarrolla en dos ciudades salteñas con poco más de
cien habitantes
* Soluciona problemas sociales
No es fácil llegar a El Rosal. Hay que manejar hasta poco antes
de San Antonio de los Cobres. A 18 kilómetros de la ruta, subiendo
por el lecho del río que corre por la Quebrada del Toro, se levanta
el caserío que congrega a alrededor de cien personas.
El Rosal es uno de esos pueblos olvidados de la la Argentina. Otro es San
Juan de Quillaques, cercano al paso de Jama, en la frontera con Chile.
Allí viven otras 130 almas, aislada de casi todos porque los caminos
que conducen hasta allí prácticamente no existen.
A El Rosal y San Juan de Quillaques les faltan muchas cosas, pero les sobra
sol. Gracias a eso, a pesar de todas sus carencias -o tal vez precisamente
por ellas-, ambos pueblos están ensayando dos novedosas tecnologías
energéticas: instalaron cocinas solares para cocinar las raciones
de sus escuelas/albergues y para producir pan... sin gastar un peso en
energía y sin contaminación.
El diseño y construcción corrió por cuenta del equipo
de investigadores del Instituto de Investigación en Energías
no Convencionales (Inenco), del Conicet y la Universidad de Salta, liderado
por el ingeniero y doctor en física Luis Roberto Saravia Mathon.
El proyecto de este grupo, "Generador solar térmico de uso
múltiple para aplicaciones comunales de tipo social", recibe
mañana el premio del Programa de Apoyo al Desarrollo Científico-Tecnológico
DuPont-Conicet 2004, dotado de 25.000 dólares.
Según el licenciado Mario Lattuada, vicepresidente de Asuntos Tecnológicos
del Conicet, "en la selección del ganador se tuvieron en cuenta
varios criterios, entre otros, que fuera de aplicación rápida,
y tuviera impacto económico y social".
"Empezamos trabajando con el problema de las escuelas/albergue en
las zonas altas, como la Puna -cuenta Saravia, a través de una comunicación
telefónica desde Salta-. A este tipo de establecimientos concurren
entre 30 y 40 chicos. Se quedan allí de lunes a viernes, donde toman
clases, comen y duermen, y vuelven a su casa los fines de semana."
Los científicos se pusieron a trabajar y desarrollaron una tecnología
propia para cocinar. "Tiene un par de reflectores concentradores y,
de acuerdo con lo que uno usa, puede producir varias cosas -explica-. Una
de ellas es vapor: cuando hacemos guisos, ponemos la olla dentro de una
caja aislada para que pierda poco calor, llevamos el vapor de agua con
una manguerita y lo hacemos burbujear en el guiso para calentarlo. Parecido
al método de los indios."
Como la cocción es más lenta que la que se logra en cocinas
a gas o a carbón, la elaboración de uno de esos guisos generalmente
tarda tres horas. "Se empieza a las nueve de la mañana y a
las doce tiene 30 o 40 kilos", detalla.
También cabe la posibilidad de usar el equipo como horno. En ese
caso, se ponen unas barras de aluminio negro en el foco para que se calienten
a 300 grados. "Entonces -prosigue Saravia-, uno las saca y las pone
adentro del hornito. Para evitar que se enfríen, a medida que algunas
van perdiendo calor, uno las saca y pone otras. Cada dos horas pueden producirse
diez o doce kilos de pan, o sea que tenemos unos 30 o 40 kilos por día
con energía gratis."
La única condición para aprovechar este tipo de cocinas y
hornos es el sol. Por eso se adapta muy bien a las zonas andina y preandina,
donde hay más de 300 días de sol por año.
Saravia, que es uruguayo pero vino a la Argentina invitado por el doctor
Manuel Sadosky en los años setenta, cuando en su país se
había clausurado la universidad, se estableció hace casi
tres décadas en Salta. Allí nacieron sus hijos y nietos.
Y a él no le gustan las grandes ciudades.
Los científicos están empezando a emplear las cocinas solares
también en la puna boliviana, a tres o cuatro mil metros de altura.
" Desarrollamos sistemas solares apropiados -cuenta Saravia-. Se trata
de pueblos chicos, muy diseminados. El sistema funciona bien. Se pueden
hacer microemprendimientos para personas con pocas oportunidades de trabajo.
Ahora estamos trabajando en unos quesos tradicionales. También los
llevaremos a Perú y a la República Dominicana, en la frontera
con Haití."
Y más adelante concluye: "Las tecnologías son nuevas,
y las personas, resistentes al cambio, pero la necesidad aprieta, así
que si tenemos algo de apoyo, con este premio pensamos instalar diez o
doce cocinas por allí. Teniendo energía se pueden hacer cosas.
El pan sale muy rico. Los chicos dicen que tiene sabor a sol."
Por Nora Bär - De la Redacción de LA NACION
Las menciones de honor
"Estamos convencidos de que la contribución al progreso científico
es de vital importancia para mejorar las condiciones de salud, educación
y calidad de vida de nuestro país. Desde esta filosofía es
que DuPont ha decidido apoyar el crecimiento de la ciencia en la Argentina",
afirma Alicia Rohr, directora de Recursos Humanos de esa compañía.
El Programa de Apoyo al Desarrollo Científico-Tecnológico
es un emprendimiento conjunto de DuPont y el Conicet, cuyo principal objetivo
es promover la investigación científica nacional. Como parte
de esta iniciativa, DuPont otorga US$ 25.000 a un equipo de investigadores
que se destaque en desarrollos de diversas áreas. Este año
se recibieron trabajos en energías alternativas.
Se presentaron 38 proyectos. El jurado -integrado por los investigadores
del Conicet Walter Triacca, Rubén Piacentini y Esther Ponzi, y un
veedor de DuPont, el ingeniero Miguel Angel González Segura- seleccionó
cinco finalistas que reunían las condiciones de calidad científico-tecnológica,
pertinencia, innovación y antecedentes exigidas para la convocatoria.
Se otorgaron menciones de honor a los equipos liderados por Noemí
Valsöe de Reca, sobre generación eléctrica empleando
celdas de combustible de óxido sólido con biogás;
al de Juan Carlos Bolcich, sobre una planta experimental utilizando energía
eólica e hidrógeno en Pico Truncado; al de Daniel Pasquevich,
sobre aprovechamiento energético de biogás originado por
residuos urbanos, y al de Horacio Roberto Corti, sobre una estación
de energía que utiliza el recurso solar y el hidrógeno.
Fuente: La Nación (Argentina)
Julio 06, 2004
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