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Esquilaron vicuñas silvestres sin dañarlas
La lana cuesta entre 300 y 500 dólares el kilo en el mercado internacional;
antes había una alta mortalidad
* El proyecto forma parte de un programa de manejo sustentable de camélidos
silvestres
* Se cuida la seguridad de los animales y luego se los deja libres
La localidad de Cieneguillas, en el extremo norte argentino, tiene sólo
150 habitantes. Fue allí donde se realizó una experiencia
sin precedentes: el primer arreo, captura y esquila de vicuñas
silvestres.
El experimento, cuyo objetivo era demostrar que es posible aprovechar
comercialmente el pelo de la vicuña (el más fino del mundo)
sin acudir al sacrificio del animal y permitir que se mantenga intacta
su condición silvestre, estuvo a cargo de investigadores del Conicet
y técnicos de Chile.
Durante muchos años, los métodos para la esquila implicaban
un alto índice de mortalidad, lo que llevó a que la vicuña
estuviera en peligro de extinción.
En esta oportunidad, el grupo dirigido por la doctora Bibiana Vilá,
investigadora del Conicet y docente de la Universidad Nacional de Luján,
esquiló 75 vicuñas, en el marco del Proyecto Manejo Sostenido
de Camélidos Silvestres Sudamericanos, con financiación
de la Unión Europea.
Pero además participó toda la comunidad del lugar. "Es
un proyecto interdisciplinario. La vicuña es el eje, pero también
intervienen cuestiones sociales, culturales, educativas -explica Vilá-.
Ahora, los chicos que participaron quieren ser veterinarios, y creo que
es la primera vez que en la Puna piensan en algo así."
Trabajo comunitario
La vicuña es el camélido silvestre más pequeño
de las zonas altoandinas y puneñas de la Argentina, Bolivia, Chile
y Perú, y su pelaje tiene un alto valor económico, entre
300 y 500 dólares el kilo.
Cuando Vilá y su equipo llegaron por primera vez a Cieneguillas,
ubicado a 36 km de La Quiaca, sabían que los pobladores, criadores
de llamas, no querían a las vicuñas porque competían
en el pastoreo, pero que las mantenían en sus campos.
Se pusieron en contacto con quienes fueron sus anfitriones, pastores
integrantes de la asociación Los Pioneros, para trabajar sobre
el conflicto entre fauna y población local, con un proyecto ambiental.
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La asociación ya tenía un asesor en producción de
llamas que es Hugo Lamas, y sus integrantes se entusiasmaron con el proyecto
-cuenta Vilá-. Trabajamos en conjunto con la comunidad. Ni los
técnicos lo podíamos hacer solos, ni ellos sin nosotros.
Hay muchas cosas de ciencia pura, pero también se requiere mucha
relación con la gente. También trabajamos con la escuela.
Y fue hermoso ver cómo los chicos se comprometían y se
concentraban en el trabajo."
Después de la capacitación, se realizó un segundo
viaje para la esquila que llevó cuatro días. "Empezamos
haciendo nosotros el 80% del trabajo, hasta que el último día
lo hicieron todo ellos", cuenta Vilá, orgullosa.
Aprender a esquilar
La vicuña es un animal chiquito, nervioso, que corre a 40 kilómetros
por hora y salta hasta dos metros de altura. Vive en grupos familiares
o en tropas de solteros. Las que fueron esquiladas este año, no
pueden ser esquiladas el año que viene.
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Había que aprender a esquilar -cuenta la bióloga-. Al principio
se tardaba mucho, pero después el tiempo se redujo a diez minutos.
Se emplean tijeras y hay que tener mucho cuidado porque la lana de vicuña
es una fibra delicada. Se obtienen entre 200 y 300 gramos por animal." En
total, esta vez se obtuvieron 16 kilos.
Pero para llegar a ese punto científicos y pobladores debieron
trabajar duro. "No empezamos si no hacemos el ritual de la Pachamama
-explica Vilá-. Se abre la tierra con un cuchillo, le damos hojas
de coca, le damos de fumar, vino y cerveza a la tierra. Y colocamos pedazos
de cuarzo blanco que simbolizan a las vicuñas."
Los animales fueron arriados hacia la manga de captura con motos y cuatriciclos
de Gendarmería, y camionetas de los lugareños y de los
investigadores. Otro grupo de personas sostenía una soga con cintas
de colores llamativos y las esperaba cerca de la manga para evitar que
se dispersaran.
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El arreo se hace a la manera incaica. Las cintas de colores generan un
espíritu muy particular en la Puna. Se pasa de una excitación
muy grande al silencio del trabajo en el corral", dice Vilá.
El corral se aisló visualmente para que las vicuñas se
calmaran tras la persecución. Esta medida es imprescindible para
evitar al máximo el stress de los animales, en los que la vista
cumple un papel preponderante. Por eso también se les taparon
los ojos durante la esquila.
Vacío legal
En todo momento, los expertos trataron de alterar lo menos posible la
biología de la vicuña y vuelven a soltarlas después
de la esquila. "Una vez que las capturamos, les hacemos una serie
de análisis. Eso nos dará la pauta de cómo van a
cambiar a partir de esta intervención. Además, no tenemos
mortalidad por captura."
Cuando termina la esquila, se comparte una mesa larga donde todos comen,
y sólo después se hacen las actas y se pesa la fibra en
el galpón municipal.
Según cuenta Vilá, no existe jurisprudencia acerca de la
propiedad de la fibra obtenida; es decir, que la fauna silvestre no tiene
dueño, sino que las provincias tienen dominio sobre la fauna y
la flora.
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Ahora logramos que el 80% de la fibra que se esquiló sea para
Los Pioneros y el 20% para la provincia, teóricamente para un
fondo de manejo y protección de la vicuña que garantice
la continuación de la especie", cuenta la bióloga.
De aquí en más, Los Pioneros van a llamar a una licitación
en el ámbito internacional. Saben que trabajaron bien y tienen
un nuevo camino comercial por delante.
Por Luciana Malamud
Fuente: La Nación (Argentina)
Febrero 09, 2004
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