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Coles y pimientos al pie de los rascacielos
CARACAS, feb (Tierramérica) - Canteros con coliflores, zanahorias,
lechugas, pimientos, cebollas y pepinos se extienden al pie de uno de
los mayores rascacielos de Caracas –las torres gemelas de 60 pisos
del Parque Central- y frente a una concurrida estación del metro,
como vitrina de una apuesta gubernamental al autoabastecimiento de la
población.
El huerto organopónico piloto instalado entre esas edificaciones íconos
de la capital recuerda los tiempos de la Venezuela agropecuaria, hace
más de 70 años, cuando granjas y huertos penetraban como
una cuña en las ciudades.
La materia orgánica se obtiene al mezclar residuos de vegetales,
después de su degradación, y estiércol de ganado
o humus de lombriz.
"Esta materia se mezcla con capa vegetal y se coloca en contenedores,
canteros, camas o barbacoas que se disponen en suelos improductivos",
explicó a Tierramérica Caridad Vásquez, agrónoma
de Cuba que asesora a los productores del huerto.
De la experiencia cubana tomó Venezuela el término "organopónico",
que distingue esta agricultura orgánica dispuesta en espacios
tan reducidos.
En media hectárea del huerto piloto, con canteros de 40 centímetros
de profundidad y 120 de ancho por 40 de largo, las ocho personas de la
cooperativa Trabajo y Tierra extraen desde hace un año entre 10
y 25 kilogramos de alimentos por metro cuadrado, que pueden totalizar
una tonelada a la semana.
Detrás del colorido mostrador que allí mismo expende los
vegetales, Noralí Verenzuela dijo a Tierramérica que el
proyecto "es un plan innovador para que la gente adquiera la cultura
de alimentarse mejor, al producir sus propios alimentos".
El huerto representa una opción para los habitantes de dos barrios
cercanos, uno obrero y otro de clase media, y para los transeúntes
que buscan precios económicos, dentro de los cuales se cuentan "hasta
opositores al gobierno", según Verenzuela.
La novel agricultora reconoce que este plan ha sido vinculado con los
intereses políticos del presidente Hugo Chávez."Por
eso a veces es rechazado", reconoció.
El huerto inaugurado en marzo de 2003 es resistido por sectores de oposición,
para los cuales los planes de agricultura urbana no solucionan el problema
agrícola real.
La opositora Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios
señaló que "ha habido improvisación en la política
agrícola y mucho despilfarro de recursos. Se pasó de las
buenas intenciones con los rubros bandera a un conjunto de folclóricas
proposiciones, que dibujan el carácter decimonónico de
la estrategia sectorial".
El gobierno considera rubros bandera, y los privilegia con apoyo técnico
y financiero, al azúcar, el arroz, el cacao, la palma aceitera,
la ganadería de doble propósito, la pesca y la acuicultura.
Los críticos también apuntan a los costos del huerto urbano
que, aseguran, requirió una inversión de más de
300.000 dólares.
Aunque el gobierno no ha dado cifras de lo invertido, destaca que parte
de los materiales y labores y la asesoría internacional fueron
tomadas en préstamo de instituciones estatales, incluyendo las
Fuerzas Armadas.
A fines de 2002, Chávez propuso a los venezolanos de las barriadas
humildes crear "gallineros verticales en una esquina de la casa",
para el consumo propio. E insiste en la importancia de cosechar en huertos
urbanos, poniendo como ejemplo la experiencia cubana.
En la isla caribeña "cada barrio tiene un cultivo organopónico.
En los patios y jardines de las casas cubanas hay desde plantas medicinales
hasta condimentos frescos", dijo Vásquez.
"Cuba trajo a esta parte del mundo la idea, muy conocida en algunos
países asiáticos, como China, Taiwán e Indonesia",
dijo a Tierramérica Robert Torrealba, encargado de promover la
técnica en el occidental estado de Lara.
Una de las ventajas de la huerta es el consumo de alimentos sin residuos
químicos.
"No utilizamos plaguicidas ni fertilizantes. Nuestros productos
son completamente sanos y más frescos, porque los sacamos de la
tierra al consumidor. A veces vemos hortalizas bellísimas en supermercados,
pero han sido tratadas con químicos o provienen de semillas manipuladas
genéticamente", aseguró Verenzuela.
"En la medida en que la población venezolana tenga un sentido
de lo que es ambiente, salud y calidad de vida, consumirá más
productos organopónicos", estimó Vásquez.
Las semillas fueron proporcionadas por la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, que
asesora el proyecto como alternativa en la lucha contra el hambre en
los países pobres.
Pese a su riqueza petrolera, Venezuela es muy dependiente de los alimentos
importados. Diversos estimados calculan que los venezolanos traen del
exterior la mitad de lo que comen.
El gobierno insiste en que el país no puede seguir importando
grandes cantidades de alimentos y presiona para que las reservas del
Banco Central se destinen en parte a financiar programas agropecuarios.
Yensi Rivero
Fuente: IPS (International Press Service)
Febrero 25, 2004
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