Las relaciones con Montevideo: otro capítulo de la pelea desatada entre Kirchner y Batlle
Conflicto con Uruguay - La instalación de una fábrica contaminante en el río limítrofe podría generar una polémica bilateral

* El presidente oriental autorizó el emprendimiento

* El gobierno entrerriano y los vecinos de Gualeguaychú le expresarán mañana a Kirchner su malestar

* Gestiones de Busti

La tensa relación que han mantenido la Argentina y Uruguay durante las gestiones presidenciales de Néstor Kirchner y Jorge Batlle parece haber sumado otro capítulo de escándalo.

La decisión del mandatario del país oriental de autorizar la instalación de una fábrica de pasta de celulosa -altamente contaminante- en las cercanías de Fray Bentos, en la margen este del río Uruguay, sin consultar en forma previa a la Argentina, tal como indica el Tratado del Río Uruguay, agitó las aguas en Entre Ríos. Mañana, el presidente Néstor Kirchner será testigo directo del malestar y de la preocupación de los vecinos de Gualeguaychú y del gobierno provincial.

Cuando el mandatario llegue a esa ciudad del sur entrerriano para anunciar una serie de obras públicas, recibirá el pedido de audiencia por parte de un grupo de vecinos autoconvocados que quieren saber "qué medidas tomará el Gobierno" en el caso.

Los pedidos de la Asociación Civil de Vecinos Autoconvocados de Gualeguaychú en defensa del río Uruguay y del gobernador, Jorge Busti, ya llegaron a la Cancillería.

El mandatario provincial solicitó "conocer las actuaciones y los procedimientos que ha tenido la Cancillería en el requerimiento de documentación e informes de las autoridades uruguayas en todo lo concerniente al respeto y cumplimiento de normativas y convenios internacionales, nacionales y provinciales de protección del medio ambiente".

En la nota, Busti pidió al canciller Rafael Bielsa que la documentación del proyecto presentada por las autoridades uruguayas sea enviada a la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) y a la delegación argentina en particular -encabezada por el diplomático Roberto García Moritan-, para que se realice un informe pormenorizado sobre el avance de las actuaciones y los procedimientos de la CARU, así como de los resultados de la evaluación del impacto ambiental.

El organismo dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores parece ser una de las piezas clave en la historia. Según el Tratado del Río Uruguay , la realización de cualquier obra que afecte la navegación, el régimen del río o la calidad de sus aguas debe ser comunicada a la CARU, que determinará en un plazo no superior a 30 días si el proyecto puede producir perjuicios a la otra parte.

Contrapunto


Según explicó Busti a LA NACION, Uruguay no sólo no comunicó el proyecto, sino que ahora "se niega a discutirlo en la CARU". De hecho, Francisco Centurión Gezn, intendente del departamento uruguayo de Río Negro (donde se instalaría la planta), respondió con dureza a la Declaración de Gualeguaychú, un documento en el que se rechaza la instalación de la fábrica.

" Aceptamos la preocupación de nuestros vecinos de la margen argentina. No obstante, ante la modalidad y persistencia que se observa sobre la direccionalidad de los ataques hacia un emprendimiento de singular significación para nuestro departamento y la región inmediata [...] el pueblo uruguayo y sus autoridades tienen la obligación de defender la soberanía y en ese sentido mantener su autonomía en cuanto a decidir sobre las inversiones, acciones o políticas que implementan al interno de sus fronteras", dijo.

" No nos metemos en soberanía ajena. También es nuestro río. Sólo pedimos que se haga cumplir el tratado", retrucó Alejandro Gahan, uno de los vecinos movilizados de Gualeguaychú.

Pero Busti redobló la apuesta. Tras enumerar el incumplimiento por parte de la administración Batlle de más de una veintena de normas internacionales, nacionales y provinciales, el gobernador dijo que analiza la posibilidad de presentar un recurso de amparo ambiental. "No nos vamos a quedar de brazos cruzados viendo cómo contaminan el medio ambiente", agregó.

De concretarse, la construcción de la planta demandaría alrededor de 500 millones de euros. La preocupación entrerriana se incrementó en los últimos meses al conocerse que además de la empresa española Celulosas de M´Bopicuá (cueva de murciélagos), del Grupo ENCE, ya hay otra firma interesada en montar una planta idéntica. Se trata de la finlandesa Metsa Botnia, cuya inversión rondaría los US$ 1000 millones y generaría 300 puestos de trabajo.

Si se tiene en cuenta que las obras se realizarían en un sitio del interior uruguayo, castigado por una economía en recesión y con altos índices de desocupación, el auge de la mano de obra sería un argumento decisivo para los defensores del proyecto.

Mientras avanzan los plazos establecidos por Uruguay para instalar la fábrica, los entrerrianos buscan frenar lo que parece un hecho consumado.

Por Florencia Carbone


Fuente: La Nación (Argentina)
Febrero 23, 2004