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¿Un casino en El Bolsón?
La posible instalación de un casino en la bella localidad de El
Bolsón (provincia de Río Negro), avalada por su intendente
y aprobada por el Concejo Municipal, divide en estos momentos a la comunidad.
La empresa Entretenimientos Patagonia SA, representada por un ex intendente
de Bariloche, propuso construir un "salón cultural, confitería
polimodal, centro de entretenimientos y playa de estacionamiento",
que incluye un casino, en un sitio céntrico que cedería
la propia municipalidad de El Bolsón. Se trata de un inmueble
otorgado por 20 años a la comuna por el Organismo Nacional de
Administración de Bienes del Estado (Onabe) con la finalidad expresa
de construir "un área cultural".
La discusión de alguna manera recuerda el proceso que un año
atrás dividió a la comunidad de Esquel como consecuencia
de la posible explotación de una mina de oro a pocos kilómetros
de la ciudad. Allí el debate se polarizó en dos posiciones
antagónicas: el "sí" o el "no" a la
instalación de la mina. En un clima tenso, se llevó a efecto
una consulta popular cuyo resultado mostró que un alto porcentaje
de la comunidad se oponía al desarrollo minero.
Es cierto que las causas son bien diferentes. En el caso de El Bolsón,
lo que se debate es la aceptación o el rechazo a un casino y es
probable que el proceso se complete también con la realización
de un plebiscito. En Esquel la problemática, más compleja,
se relacionaba con una cuestión eminentemente ambiental.
En El Bolsón se presentan hoy dos posiciones claramente definidas.
Un sector sostiene que la instalación de un casino encuadra dentro
de las necesidades de los visitantes y mejorará la "oferta" turística
del lugar. El otro sector afirma, en cambio, que la apertura de un casino
tendría una influencia negativa en un espacio en el cual el sugestivo
paisaje cordillerano, integrado por pequeños valles y lagos, ha
dado una clara identidad a sus habitantes.
Quienes se oponen al proyecto de instalar un centro de entretenimientos
con sala de juego consideran que el crecimiento de El Bolsón debe
apoyarse en la búsqueda de un desarrollo que exalte los valores
naturales y culturales como atractivo turístico. Y entienden que
la autorización de emprendimientos ajenos a las características
de la naturaleza y de los modos de vida locales degradarían su
esencia como lugar geográfico de gran atracción turística.
Desde esta columna editorial adherimos a la opinión que considera
desaconsejable la instalación de un casino en el lugar. Nuestra
posición, en ese sentido, es coincidente con la que hemos expuesto
tradicionalmente cada vez que se ha impulsado desde el Estado -nacional,
provincial o municipal- un proyecto destinado a promover el juego.
El turismo de naturaleza, hoy convertido en un exquisito recurso de las
comunidades que cuentan con un patrimonio natural o cultural privilegiado,
representa un recurso renovable que, bien planificado, puede utilizarse
indefinidamente. Sin embargo, la ausencia de una firme convicción
de valorizar y defender las riquezas naturales o el acervo cultural -y,
sobre todo, la falta de una planificación adecuada- puede transformar
un recurso valioso en no renovable e incluso puede llegar a agotarlo.
Quizás en los dos casos mencionados - el de El Bolsón y
el de Esquel- subyace, ante todo, y sin perjuicio de las particularidades
de cada uno de esos lugares, una discusión sobre el tipo de desarrollo
que se desea alcanzar. Quizá muchos gobernantes, atormentados
por las luchas partidarias, se han alejado del sentimiento y el espíritu
de quienes habitan el lugar. Tanto en Esquel como en El Bolsón
los proyectos cuestionados contaron en principio con el apoyo de las
autoridades locales, pero se enfrentaron luego con la disconformidad
de la mayoría de los pobladores.
Más allá de la discusión acerca de la utilización
de un inmueble del dominio público, cabe preguntarse -en sitios
en los cuales la naturaleza constituye el principal atractivo-, si un
casino se amalgama física y culturalmente con el entorno y si
su funcionamiento en una aldea de montaña contribuirá a
hacer más atractivo el lugar o si, por el contrario, terminará vulgarizándolo.
Lamentablemente, cuando la planificación es escasa y falta una
reflexión profunda sobre el tipo de desarrollo que en cada caso
se pretende alcanzar, las autoridades tienen una discrecionalidad demasiado
alta para tomar decisiones. Es posible que la viveza criolla llame a
este modo de actuar "planificar sobre la marcha", pero es evidente
que esa modalidad lleva a que las personas con funciones de gobierno
tomen sus determinaciones con apuro y sin comprender en profundidad las
consecuencias sociales, económicas y culturales de las medidas
que adoptan.
Dada la importancia de conservar el valioso patrimonio natural y cultural
de nuestro país, sería saludable desarrollar una planificación
estratégica, participativa, que permita establecer a priori qué tipo
de actividades y emprendimientos ayudan al mantenimiento de la autenticidad
de cada lugar y cuáles pueden perjudicar o empañar su futuro.
Quizás esto evitaría el desgaste que provocan los permanentes
conflictos que se están presentando en el país por cuestiones
similares. No se trata de entorpecer el progreso. Al contrario: se trata
de decidir, con anticipación, hacia dónde vamos y qué queremos
ser.
Fuente: LA Nación (Argentina)
Febrero 20, 2004
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