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Lo importaron desde Taiwan para utilizarlo en la
alimentación
en 1979
Un caracol argentino convertido en plaga de
los arrozales asiáticos
Los científicos no encuentran la forma de controlar los daños
que ocasiona
* En algunos cultivos de arroz, llega a destruir el 90% de la cosecha
* Su expansión fue posible porque carece de predadores naturales
en la zona
Hay un viajero argentino que no se puede repatriar. Desde su llegada
a Taiwan, en 1979, adonde fue llevado para utilizarlo en la alimentación,
el caracol acuático Pomacea canaliculata ha invadido casi todos
los países de Asia. En algunas zonas alcanza una densidad de 100
ejemplares por metro cuadrado y devora en pocos días plantaciones
enteras de arroz.
Se trata, ni más ni menos, del molusco en apariencia inofensivo
que es común encontrar en los jardines argentinos. Llegado a Asia,
en unos pocos años se expandió a Filipinas, Tailandia,
Japón, Camboya, China, Corea, Malasia y Vietnam, gracias a la
falta de predadores y a que ha encontrado en los arrozales su hábitat
ideal. Se alimenta de los brotes juveniles de la planta de arroz, y llega
a afectar más del 90% de la cosecha.
El doctor en ciencias naturales Demetrio Boltovskoy, investigador principal
del Conicet y de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA,
afirmó que controlar la plaga es muy difícil. "El
caracol no tiene enemigos naturales en Asia. Su dieta es amplia y poco
selectiva, puede respirar y desplazarse dentro y fuera del agua",
explicó.
Además, este espécimen vive hasta tres años y tiene
un gran potencial reproductivo. Según Boltovskoy, también
puede "soportar sequías y muy bajas temperaturas, encerrado
herméticamente en su concha y enterrado en el barro".
"
El problema es cómo cultivar el arroz en grandes extensiones inundadas",
explicó el zoólogo Néstor Cazzaniga, profesor de
la Universidad Nacional del Sur. El especialista en ecología de
invertebrados viajó a Japón invitado por el gobierno para
ayudar a poner freno a la feroz plaga.
Allí, el problema está casi controlado: el arroz se siembra
en parcelas de un cuarto de hectárea, para que cada agricultor
pueda revisarlas y limpiarlas a diario. "Ellos se toman el trabajo
de criar los brotes en cautiverio y después los trasplantan uno
por uno, impidiendo así que el caracol los devore jóvenes",
explicó.
Sin embargo, los trastornos se multiplican en los lugares más
pobres, donde hay plantaciones de cientos de hectáreas. En Vietnam,
por ejemplo, se implementa hace una década un programa especial
para la erradicación del caracol. El plan cuesta casi 250 mil
dólares anuales, según un informe del ministerio de agricultura
local.
La preocupación de gobernantes y agricultores es la misma: ¿cómo
detener el caracol argentino? Un estudio del biólogo japonés
Yoichi Yusa, que viajó a la Argentina hace tres años, postula
que las hormigas coloradas podrían ser un agente biológico
contra el caracol de cuyos huevos se alimentan. Otro estudio, financiado
por el Instituto Filipino de Investigación para el Arroz, propone
como predadora una especie de saltamontes, el Conocephalous longipennis
.
"
Un enemigo natural del Pomacea es el gavilán caracolero, y se
podría decir que el yacaré también lo es",
dijo Cazzaniga. El zoólogo recuerda que debió contener
la risa cuando los especialistas nipones le consultaron sobre la posibilidad
de enviar yacarés a Asia. "Los reptiles comerían los
caracoles, pero también cualquier animal o persona que se les
cruce", les respondió.
Erradicar una plaga con otra tiene sus riesgos. "Es muy difícil
calcular las consecuencias a largo plazo o tener control sobre las eventuales
variaciones del ecosistema", afirmó Boltovskoy.
Inofensivo en los charcos y zonas húmedas, el caracol, que partió con
su casa a cuestas, no tiene planes de regresar.
Invasiones biológicas
La Argentina también padeció y padece plagas. Aún
hoy, muchas especies exóticas siguen desplazando a la fauna silvestre
y provocan graves daños económicos y ambientales al país.
Un invasor peligroso en plena expansión desde el Río de
la Plata hacia el sur de Brasil es el asiático mejillín
de agua dulce (Limnoperna fortunei). "Llegó a la Argentina
alrededor de 1990, en el agua de lastre de los buques comerciales asiáticos
-dijo el doctor Boltovskoy-. Densas colonias de miles de ejemplares por
metro cuadrado taponan las cañerías y filtros y corroen
los metales en distintas plantas industriales y represas hidroeléctricas."
Unos visitantes simpáticos resultaron ser los castores en Tierra
del Fuego allá por 1948. El ministerio de Marina trajo 50 ejemplares
desde Canadá para aprovechar sus pieles. Hoy son más de
50.000 los castores en la zona.
Francisco Bastitta
Fuente: La Nación (Argentina)
Febrero 20, 2004
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