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El
plan piloto en 100 manzanas de la ciudad
La división de basura, un éxito
en Palermo
Los vecinos separan los residuos secos desde diciembre de 2004 y los
cartoneros pasan a retirarlos
La simpleza con la que explica su mecánica diaria de seleccionar
los residuos advierte que su comportamiento ya es una cuestión
de rutina. "Esto es simple, mirá: en este tacho tiramos los
desperdicios de comida. Y en esta otra bolsa separamos los papeles, cartones
y plásticos, que son recogidos después por los recuperadores
de El Ceibo. ¡Es muy fácil! Y desde que hacemos esto las
calles están más limpias", cuenta Olga Salas, uno
de los cientos de vecinos que desde diciembre de 2004 participan del
plan piloto para el reciclaje y reutilización de residuos en casi
100 manzanas del barrio porteño de Palermo.
El proyecto, que lleva adelante la cooperativa de recuperadores urbanos
El Ceibo, se respalda en una ardua y larga tarea de concientización
social entre unos 900 domicilios del barrio. Y es una suerte de modelo
para los lineamientos del programa Basura Cero, que el gobierno porteño
estima poner en funciones entre marzo y abril próximos. Con una
misión nada sencilla: disminuir, para 2017, el 75% de las 4500
toneladas diarias de desperdicios reciclables de la ciudad que se entierran
en los rellenos sanitarios.
"No nos molesta separar la basura. Incluso si los plásticos
están sucios también los enjuagamos un poco para evitar
los malos olores", asegura Nomi Pendzik, otra vecina, receptora
de la simpatía de Verónica Vega, una recuperadora urbana
de 22 años. Esta, al igual que sus 15 compañeros, cumple
con un horario de trabajo -de 9 a 18-, lleva uniforme, utiliza guantes,
respeta una hoja de ruta diaria, obtiene 400 pesos mensuales como salario
y se comunica por celular.
"A nosotros nos dicen que somos los cartoneros VIP, porque no revolvemos
la basura y estamos vestidos de la misma manera. Todo lo que juntamos
es para la cooperativa. Nada de lo que recibimos es para nosotros. Pero
fue difícil entrar en confianza con los vecinos por la inseguridad
que hay", dice Fernando Ojeda, de 21 años, otro recuperador
que recorre la zona en cuestión, situada entre las calles Julián
Alvarez, Santa Fe, Córdoba y Godoy Cruz.
Por allí, los vecinos que adhieren a esta iniciativa se muestran
muy satisfechos con el proyecto. Asumieron su compromiso social con una
conciencia ambientalista y no reniegan de sus obligaciones. "Entendimos
que hay residuos que son reciclables y es mejor para todos que la actividad
se organice de esta manera. La gente de El Ceibo trabaja con seriedad,
no revuelven la basura y de esta manera las calles están más
limpias", asegura Marcelo Di Marco, un escritor que habita en Palermo.
El plan que lleva adelante la cooperativa El Ceibo se rige por una serie
de pasos. A saber: 10 promotores visitan a los vecinos para informar
sobre los beneficios que genera discriminar la basura. Si aceptan cumplir
con esa tarea de separar los cartones, papeles y plásticos, luego
serán visitados por los recuperadores, que tocarán el timbre
en sus respectivos domicilios. El paso siguiente es el acopio: la cooperativa
tiene un galpón de 90 metros por 20, cercano a la intersección
de las calles Salguero y Carlos Mugica -fue cedido por el gobierno porteño-
para tal fin.
Ahora bien, ¿los vecinos no temen abrir la puerta por la inseguridad?
Así piensan ellos: "Como son quince recuperadores los conocemos
a todos. También se identifican con las credenciales. Y si tenemos
dudas, contamos con un teléfono donde llamar. Decidí juntar
el plástico y el papel que los vecinos tiran y abro las bolsas
y separo el material, como otros colegas de la zona. Hay gente que vive
de esto y también no se contamina el medio ambiente. No me resulta
problemático separar la basura y es un hábito que ya tengo
incorporado", sostiene Emiliano Espíndola, de 29 años,
encargado de un edificio sobre la calle Fray Justo Santa María
de Oro al 2400.
En El Ceibo, la organización se advierte de inmediato. Los cartoneros
reciben una paga y el total del material vendido (promedia los 8000 pesos
mensuales) se destina para los salarios de las 40 personas que participan
de la cooperativa, además de cubrir los gastos de alquiler y teléfonos.
Aunque los entendidos en el tema, como Cristina Lescano, coordinadora
de El Ceibo, y uno de sus colaboradores, Alejandro Ruiz, sostienen que
la concreción de la ley de basura cero en Buenos Aires requerirá un
lento y duro trabajo: el cambio de actitud de la sociedad y la adaptación
de los cartoneros a las nuevas reglas de convivencia.
Indudablemente, frente al negocio millonario que genera el reciclado
del papel, sin una campaña de concientización del Estado
estos dos objetivos resultarán de difícil aplicación.
Por Pablo Tomino
Fuente: La Nacion (Argentina)
Febrero 20, 2006
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