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Costoso calentamiento global
Estados Unidos, el mayor emisor de gases de invernadero,
junto con Australia, se opone al plan de la ONU que busca abatirlos.
El precio de la "adicción" de Estados Unidos al petróleo
va más allá de ser dependiente de países volátiles
citado por el presidente George W. Bush esta semana. De acuerdo con los
principales especialistas en clima del mundo, la dependencia en combustibles
fósiles está creando un calentamiento global desastroso
cuyo precio podría terminar siendo la propia Tierra.
Ante dichas amenazas, podría esperarse que la gente racional y
los gobiernos reducirían su producción de gases de invernadero.
Sin embargo, no tiene mucho atractivo llevar a cabo las costosas acciones
requeridas a corto plazo para evitar la amenaza a largo plazo, especialmente
una que, por su naturaleza, es difícil de calibrar.
Persuadir a la gente y a las empresas para que tomen las medidas necesarias
para afrontar el cambio climático provocado por la misma actividad
económica requiere de un argumento económico. ¿Pero
cómo ponerle precio al clima del mundo y a las catástrofes
que se podrían originar debido al calentamiento global?
Los intentos de llenar un vacío en las políticas al tiempo
que se acerca la expiración del protocolo de Kioto en 2012, están
convirtiendo repentinamente a la llamada economía ambiental en
una de las áreas más intensas de la disciplina. El desafío
es encontrar políticas que eficienticen el uso de los recursos
y que ofrezcan un fundamento racional en el que se pueda construir un
consenso internacional para abordar el cambio climático entre
políticos y empresarios.
A la economía del clima le ha tomado algo de tiempo convertirse
en un tema popular. Aunque el conocimiento científico en esta área
ha avanzado bastante, los avances económicos han sido mucho más
lentos.
No hace falta buscar mucho las razones. La mayoría de las teorías
económicas están diseñadas para tratar asuntos a
corto plazo o nacionales. Incluso la política económica
internacional está poco equipada para tratar asuntos transfronterizos.
Para los economistas es bastante difícil realizar un pronóstico
exacto con un año de anticipación, ya no digamos 100. No
obstante, la economía del clima debe resolver una plétora
de incertidumbres, científicas y políticas, en una escala
de tiempo tan larga que desalienta. Por lo tanto, resulta poco sorprendente
que Michael Grubb, economista en jefe de Carbon Trust de Reino Unido,
una organización controlada por el gobierno que asesora a empresas,
haya declarado lo siguiente: "Entender la economía del cambio
climático es como tratar de entender el Big Bang sin la mecánica
newtoniana".
Dieter Helm, profesor de economía en el New College de Oxford,
añadió: "La tradicional caja de herramientas de los
economistas parece bastante enclenque ante la escala de este desafío.
Del mismo modo en que la experiencia del desempleo en 1930 requirió de
la reinvención de gran parte de la macroeconomía, el cambio
climático necesita nuevas ideas", dijo.
La falla del enfoque tradicional se hizo evidente a mediados de los
90, cuando economistas, comisionados por el Pánel Intergubernamental
sobre Cambio Climático, utilizaron un análisis de costo-beneficio
para calcular el daño al ambiente. Hubo protestas cuando se hizo
público que el análisis otorgaba a la vida de un estadounidense
un valor 15 veces mayor que la de alguien del mundo menos desarrollado
industrialmente.
Otro problema es que los bienes ambientales -aire y agua limpios, y
un clima estable-, raramente son tomados en cuenta por los análisis
económicos estándar. Por esta razón, la ONU ha comenzado
a promover la idea de "capital natural", como un modo de valorar
los bienes ambientales para que puedan ser incluidos en las ecuaciones
de los economistas.
Al respecto, el director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente, Klaus Töpfer, comentó: "Los
bienes y servicios que nos ofrece la naturaleza, incluyendo la atmósfera,
los bosques, ríos, pantanos, manglares y arrecifes de coral, valen
billones de dólares.
Al dañar el capital natural, no sólo perjudicamos nuestros
sistemas de soporte de vida sino también la base económica
de las generaciones actuales y futuras. Las inversiones en dicho capital
natural tienen una alta tasa de rendimiento en términos de desarrollo".
Reino Unido puede afirmar estar a la vanguardia del debate, gracias
en parte a la decisión de Gordon Brown, ministro de Finanzas,
de encargar una revisión de la economía del cambio climático,
encabezada por sir Nicholas Stern, antiguo economista en jefe del Banco
Mundial y funcionario del Tesoro. El reporte de Sir Nicholas incluirá un
panorama global de los riesgos económicos y posibles beneficios
del cambio climático, y evaluará el potencial de los instrumentos
económicos para afrontarlo. Los descubrimientos tendrán
una gran importancia a nivel internacional puesto que serán parte
de la base de las negociaciones en la ONU, programadas para comenzar
este año, sobre el futuro de Kioto.
Por Scheherazade Daneshkhu y Fiona Harvey
Fuente: El Universal
Febrero 06, 2005
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