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Verano 2004: Autoridades municipales y de prefectura,
admiten que no pueden controlar el problema
Aunque está contaminado, miles de personas se bañan en
el río
La situación se repite en las costas del Río de la Plata
en Quilmes, San Fernando, Vicente López, San Isidro y Capital.
En estos tres últimos
distritos hay normas que prohíben el baño. Riesgos para
la salud.
Los carteles con leyendas como "prohibido bañarse" o "aguas
contaminadas" resultan insuficientes. La basura que devuelve cada
ola y los escombros que en varias zonas forman el perfil costero tampoco
desalientan la embestida. Y las leyes que prohíben entrar al agua
directamente son ignoradas. En Capital Federal y el conurbano norte y
sur cada vez más gente se baña en el Río de la Plata.
El fenómeno no seduce a ninguna cámara de turismo pero
ya convoca multitudes. ¿Cuánta gente "veranea" frente
a las turbias aguas metropolitanas? Sólo en Quilmes, unas 10 mil
personas se zambullen en el río los sábados y domingos
a lo largo de la costanera Cervantes, el sitio que por sus boliches sobre
la rambla más se asemeja a una ciudad balnearia. En San Isidro,
Vicente López y San Fernando otros 1.500 vecinos se bañan
cada fin de semana en la ribera. Y la Ciudad de Buenos Aires no es una
excepción: aunque no hay datos oficiales precisos, una buena parte
de los 15.000 visitantes diarios de la Reserva Costanera Sur se refrescan
en la orilla.
Así como en cada temporada la costa atlántica estrena
playas y paradores, en Buenos Aires se descubren nuevos recovecos año
a año. El más reciente es la playita que está detrás
de Ciudad Universitaria. "Venimos de la villa 31. Fuimos los primeros
en descubrir este paraíso", se jactó y bromeó Omar
Morales, aún mojado por el chapuzón. En San Fernando, por
ejemplo, empieza a popularizarse el lago del futuro Parque Náutico.
Y en San Isidro se consolida el Faro como el principal espacio de baño. "Llevamos
tres veranos sin vacaciones en Mar del Plata. Un amigo nos contó de
este lugar y empezamos a venir seguido. Pero como dicen que el río
está sucio, a las nenas las dejamos jugar con el agua hasta las
rodillas. Nunca les pasó nada", dijo Raúl Vieytes,
un changarín de Boulogne.
Para los municipios y el Gobierno porteño resulta un problema
incontrolable y de riesgo incierto. "Existe una ordenanza en la
Capital (la 32.716, de 1977) que prohíbe bañarse en el
río. Pero es impracticable. Resulta imposible frenar a la gente",
explicó David Mutchinick, coordinador del Area de Gestión
de la Ribera. Sucede lo mismo en Vicente López y en San Isidro,
donde desde 1978 rige la misma medida. En San Fernando y Quilmes no está expresamente
prohibido, pero se ocupan de desalentar el ingreso al río argumentando
que es peligroso y está contaminado.
¿A qué se exponen los que eluden las advertencias? Según
Liliana Guinsburg, directora de Epidemiología de Vicente López, "el
agua del río puede provocar conjuntivitis, otitis, diarreas y
vómitos". Sin embargo en toda la zona metropolitana no hay
mediciones sistemáticas ni parámetros nacionales que establezcan,
como sucede en Uruguay, cuándo el agua es apta para bañarse.
Estudios del Gobierno porteño determinan que hay zonas del río
en la Capital que contienen cerca de 25.000 coliformes por 100 mililitros
de agua. Uruguay establece un máximo para bañarse de 2.000.
Al mismo tiempo, controles hechos en la costa de la Reserva porteña
detectaron sólo 250 coliformes.
Prefectura tiene el poder para sacar a la gente del río, pero
coincide con la inviabilidad de las distintas prohibiciones. "Desalentamos
a que entren al río. Luego cuidamos que nadie se ahogue. Es impracticable
intentar sacarlos uno por uno", aseguró Eduardo Argerich,
jefe de Zona Norte de este cuerpo.
Las ONG que trabajan para recuperar la costa coinciden en el porqué de
la tendencia: "Se habilitan espacios públicos que le permiten
a la gente llegar hasta el agua. Antes, la mayoría de los frentes
estaban concesionados", explicó Susana Miglioldi, de la Asociación
Tierra XXI e integrante de la Red de la Ribera, una entidad que nuclea
a nueve ONG más.
Alambrados, carteles y advertencias no surten efecto cuando el calor
estalla. Para Claudio Schbib, de Defensa Civil de Quilmes, "la solución
no es prohibir entrar al río, sino sanearlo". En ese municipio
desalientan el baño pero contratan a 38 guardavidas. El verano
pasado se hicieron 300 rescates. La idea de recuperar el río también
entusiasma a Mutchinick, de la Ciudad: "A Europa le demandó diez
años limpiar sus ríos. Nosotros hace unos meses empezamos
a trabajar en un proyecto para medir periódicamente la contaminación
y determinar qué lugares podrían convertirse en balnearios
públicos y salvar la demanda".
por Javier Drovetto -
jdrovetto@clarin.com
Fuente: Clarín (Argentina)
Enero 13, 2004 |