Huertas familiares

Pro Huerta, el programa de desarrollo comunitario que impulsa el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), que cuenta con el financiamiento del Ministerio de Desarrollo Social, continúa ampliando su campo de acción, al cabo de 14 años de actividad sin interrupciones. El programa, que está montado en una red realmente amplia, con el apoyo de un número elevado de personas y de instituciones, fue incorporado al Plan Nacional de Seguridad Alimentaria, que se creó a raíz de la ley sobre la iniciativa El Hambre Más Urgente.

La producción en pequeña escala de hortalizas, al igual que la instalación de corrales domésticos, forma parte de las actividades que el programa estimula y sostiene. Quienes participan de estos emprendimientos se benefician con los resultados de una tarea que proporciona importantes recursos alimentarios para poblaciones que se encuentran en situación de riesgo.

Lo más destacado, entre todo lo logrado, no es solamente haber ayudado a mitigar las necesidades alimentarias de muchos miles de personas. También se ha producido una verdadera revolución en las costumbres y los hábitos de vida de mucha gente que no tenía la huerta familiar como un elemento enraizado en sus costumbres ni en sus patrones de vida.

Nuestro país, por las especiales características de su desarrollo social y económico, no dedicó casi nunca grandes esfuerzos a la producción agropecuaria hogareña, en pequeña escala. Los inmigrantes que llegaron a la Argentina en el siglo XIX traían la huerta como un elemento profundamente integrado en sus costumbres, pero sus descendientes, sobre todo por la movilidad social de otros tiempos, no sintieron la necesidad de mantenerla.

Las poblaciones que hoy están en situaciones alimentarias precarias no tienen, por lo general, hábitos ligados al cuidado de la tierra, pese a que entre esos grupos humanos se encuentra la mayoría de los desocupados que las estadísticas reflejan. Un objetivo básico de este programa es cambiar las formas de pensar y de actuar de muchas personas y es muy evidente que lo logra, de una manera particularmente interesante.

Los que en los años recientes han abordado la experiencia de las huertas personales o comunitarias se caracterizaron, en buena medida, por la falta de conocimientos adecuados como para lograr los mejores resultados, asesoramiento que el INTA está en perfectas condiciones de brindar. Este aporte, sumado al apoyo oficial y de muchísimas organizaciones no gubernamentales, ha conseguido la creación de 8000 huertas comunitarias, en las que participan 6500 escolares, junto a sus padres y otros familiares.

Es legítimo considerar al programa Pro Huerta una institución educativa de primer nivel, que mantiene a sus alumnos, tanto grandes como chicos, profundamente motivados y altamente gratificados por la satisfacción de lo aprendido y de lo logrado. Todo esto justifica la necesidad de que se lo siga impulsando, para que mantenga y acreciente los éxitos ya obtenidos.

Fuente: La Nación (Argentina)
Enero 28, 2004