Residuos en las playas

Las perspectivas del turismo en la Argentina presentan un horizonte promisorio para el verano que se acerca y los balnearios de la provincia de Buenos Aires se preparan para recibir la temporada. Da gusto percibir un contagioso entusiasmo, un esfuerzo generalizado por remozar hosterías, hoteles, cabañas, restaurantes, bares y lugares que recibirán a quienes buscan un espacio cerca del mar para pasar sus vacaciones con sus familiares y amigos y disfrutar del contacto con la naturaleza, luego de un áspero año.

Una de las zonas más atractivas donde puede disfrutarse de extensas y arenosas playas es la costa del partido de Mar Chiquita, lugar en que se encuentran sitios de especial riqueza natural, como la única albufera de la República Argentina -una de las cuatro del planeta-, área que ha sido incluida en el listado de Reservas de Biosfera de la Unesco en el marco del Programa MAB-Unesco (El hombre y la biosfera).

Lamentablemente, las extensas playas de Mar Chiquita, reconocidas por su belleza, presentan en varias zonas un notable impacto generado por residuos, principalmente envases plásticos, pañales y demás objetos flotantes que el mar va depositando y acumulando en sus orillas. Se crea así una fisonomía desoladora que desvaloriza uno de los paisajes más atractivos de la costa atlántica. Se trata de un volumen significativo de residuos domiciliarios, volcados de un modo marginal en los alrededores, incluso desde las áreas acantiladas pertenecientes al vecino partido de General Pueyrredón, que luego el mar devuelve convirtiendo a las playas en un colorido amontonamiento de basura.

Resulta imprescindible que sean ponderadas de un modo inteligente las oportunidades disponibles y que las autoridades hagan efectiva la ley integral del medio ambiente, que obliga al Estado provincial y a los municipios a fiscalizar las acciones que puedan producir un menoscabo al ambiente, haciéndolos responsables de las acciones y de las omisiones en que incurran, especialmente cuando afectan las condiciones de higiene y salubridad de lugares públicos.

Los sitios que han sido más favorecidos por la naturaleza requieren nuestro mayor esfuerzo de conservación, y es necesario que exista un compromiso de las autoridades de los municipios involucrados de mantenerlos de un modo adecuado y de terminar con este tipo de conductas antisociales definitivamente. No sólo por la oportunidad que nos brinda ahora el turismo, o por la desvalorización que sufren las propiedades locales, sino también por el derecho que todos tenemos de vivir en un ambiente sano y el deber que tienen las autoridades de conservarlo.

Fuente: La Nación
Diciembre 16, 2002