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Pobres Animales Domésticos
Millones de artículos fabricados con piel
de perros y gatos en Asia llegan a la UE como si fuesen de inexistentes
especies exóticas
Peluches con piel de perro .y abrigos, y jerséis, y juguetes para
mascotas. Millones de artículos fabricados con piel de perros y
gatos en Asia llegan a la UE como si fuesen de inexistentes especies exóticas.
Sólo Italia prohíbe este comercio que causa la muerte más
cruel a dos millones de mascotas al año. Un eurodiputado escocés
denuncia que productos sospechosos podrían haber llegado a España.
Sólo un análisis de ADN puede probarlo
Desde hace tres años, Struan Stevenson tiene
una extraña afición.En sus frecuentes viajes por Europa como
miembro del Comité de Pesca del Parlamento de Estrasburgo, le gusta
detenerse ante los muñecos y prendas de vestir de piel o de pelo
que se va encontrando.Los mira, los toca apretando bien los dedos, les
mira la etiqueta y, a menudo, los compra.
Su última adquisición ha sido un gato de
peluche de tamaño real que duerme arrebujado. Lo vio en una tienda
para turistas de Berlín el pasado sábado y pagó 90
euros. De tacto suave y un luminoso color marrón, parece un regalo
perfecto para Nochebuena.
Pero a Stevenson no se le ocurriría regalárselo a nadie.
«Porque ese gato de mentira», asegura con acento de escocés
cabreado, «es un gato de verdad. El pelo que lo cubre es de gato,
quizá de un animal sólo. Y al granjero chino que lo crió
le habrán dado 10 centavos de dólar por él».
Abrigos, estolas, sombreros, guantes, alfombras, botas
para la nieve, cazadoras, jerséis... La lista de productos en la
que, según Stevenson y diferentes colectivos de defensa de los animales,
se puede encontrar piel de perros y gatos es muy larga. Los fabrican en
Asia -principalmente en China, Tailandia, Corea y Filipinas-, les cosen
una etiqueta en la que dicen que están hechos de piel sintética
o de inexistentes animales exóticos y acaban en comercios occidentales
sin que, a veces, ni el vendedor sepa realmente qué tiene en el
escaparate.
«Prendas que contienen pieles de perro y de gato podrían aparecer
en cualquier tienda y, probablemente, se vendan en este momento en las
calles de Europa. Incluida España», proclama Stevenson.
Aeropuerto de Málaga
En su despacho de Bruselas, Stevenson guarda algunos de los artículos
malditos que ha ido coleccionando. Hay una alfombrilla que la Human Society
International -con la que Stevenson trabaja para que se prohíba
este comercio- compró en Copenhague. Está la piel de un gato
aparecida en Viena y, quizá lo más espectacular, un impresionante
abrigo comprado hace un par de años en un almacén de Berlín.
Según los análisis de ADN que se le han practicado, afirma
Stevenson, está confeccionado con 42 piezas diferentes de piel de
pastor alemán.
Lo que queremos ver, sin embargo, es mucho más pequeño. Apenas
medirá 15 o 10 centímetros. Como el de Berlín, también
es un gato dormitando, pero éste está acurrucado dentro de
una cesta.
Es feúcho, tiene el hocico rosa y el pelaje gris con manchas negras.
Una baratija bastante cursi que sólo nos llama la atención
por una cosa: Stevenson lo trajo de España.
«Lo compré en las tiendas de la zona libres de impuestos del
aeropuerto de Málaga hace poco más de un mes», nos
cuenta. «Estuve en una reunión con pescadores andaluces y
al volver, lo vi. Había docenas».
No ha pasado prueba genética alguna, pero Stevenson está
convencido de que está hecho con piel de una mascota. «Con
el tiempo acabas desarrollando una especie de olfato. Si ves algo sospechoso
y la etiqueta dice: "fabricado en China", casi seguro que lleva
piel de perro o gato. Esta figura es idéntica a una analizada en
Amsterdam en abril. Las pruebas de ADN son caras y llevan un tiempo: no
podemos examinarlo todo. Pero estoy convencido de que este gato lleva piel
de perro».
CRONICA ha contactado con la empresa valenciana que importa esos gatitos.
Aseguran que están hechos de material sintético, como recogen
los certificados expedidos en China y dados por buenos en las aduanas,
y que técnicos de consumo de la Generalitat ya han visitado sus
instalaciones. Y, al menos en lo segundo, no mienten.
Según fuentes de la Consellería de Consumo, inspectores valencianos
visitaron su local. Se estaba trasladando a otras instalaciones y no pudieron
llevarse ninguna muestra. Todavía esperan el informe de verificación
de materiales que la empresa ha reclamado del fabricante chino.
En cualquier caso, el eurodiputado Stevenson no es el único con
la certeza de que el comercio de pieles de perros y gatos, que cada año
cuesta la vida a dos millones de animales en Asia, ha llegado a España.
«¿No vivimos en un mundo globalizado?», se pregunta
Gloria Torres, de Los Verdes de Madrid. «No tiene sentido pensar
que está ocurriendo en toda Europa, y en España no».
Comercio Legal
«Si nos pusiéramos a realizar pruebas
de ADN en todos los adornos de piel de todas las prendas que se venden
en España», opina el portavoz de la Asociación Nacional
para la Defensa de los Animales, Alberto Díaz, «hallaríamos
piel de perro y gato. Sólo se han hecho en dos países, Italia
y Holanda. En los dos ha dado positivo».
En principio, nada tiene de objetable. Nada en la legislación occidental
-con las excepciones de EEUU y de Italia- impide comerciar con pieles de
perro y gato. Y no parece extraño que un país como Corea
del Sur, donde al año se sacrifican 50.000 canes para servirlos
en cerca de 6.000 restaurantes, no se aproveche su piel.
Pero sí que trae problemas. Y el primero llega cuando hay que etiquetar
esos productos, millones según activistas norteamericanos.
Para salvar los escrúpulos occidentales, los exportadores enmascaran
la procedencia con especies supuestamente exóticas que en ocasiones
ni existen: gaewolf, lobo de Asia, perro de Mongolia, sobaki...Tras el
proceso de curtido, secado y tinte es casi imposibe reconocer si son naturales
o sintéticas. Sólo mediante exhaustivas pruebas de ADN se
puede descubrir el verdadero origen.
«Jamás en la vida los peleteros españoles han utilizado
piel de perros y gatos. Jamás». En una charla telefónica
de poco más de dos minutos, la presidenta de la Organización
Empresarial Española de Peletería, Maruja Rincón,
utiliza el adverbio más de tres veces. Según el último
anuario de la asociación, el 97% de la facturación del sector
se reparte entre visones, zorros, corderos y conejos. Bajo el apartado
de «otras pieles» apenas cae el 3% y son todo prendas de alta
peletería, en las que colar un gato parece complicado.
Pero la asociación no puede responder por ropas traídas del
extranjero.Más de la cuarta parte de las prendas confeccionadas
en piel importadas por España en 2001 provenían de China,
Corea del Sur y Hong Kong. Y las matanzas de perros y gatos en esos países
para aprovechar sus pieles en cuellos y puños de cazadoras, en figuras
de juguete, en guantes de golf... están perfectamente documentadas.
Cuando Rick Swain y otros tres investigadores de la Human
Society of the United States aterrizaron en Pekín, a principios
de 1998, no sabían muy bien qué se iban a encontrar. Tras
hacerse eco de denuncias de sociedades protectoras de animales locales,
decidieron viajar a Asia haciéndose pasar por compradores.
Desollados Vivos
«Sorprende lo abiertamente que tratan el tema», relata
Swain.«Visitamos granjas y mataderos, por lo menos seis. Y hasta
que no te ves allí, en un almacén del tamaño de un
campo de fútbol lleno de montones de pieles apiladas que alcanzan
la altura de un hombre no te das cuenta de la verdadera dimensión».
En total fueron nueve las personas que durante 18 meses
rastrearon el asunto y filmaron matanzas de perros y gatos en China, Tailandia
y Filipinas.
De las maneras más cruentas: colgados con un alambre o pasados a
cuchillo por la entrepierna. A veces los animales ni están muertos.
La HSUS llegó a filmar cómo un pastor alemán en una
planta de la localidad de Harbin parpadeaba mientras le quitaban la piel.
Los perros sacrificados suelen ser pastores alemanes,
pero también hay golden retrievers y cruces de chow chow. Los crían
en el norte del país, donde el invierno más duro mejora la
calidad y grosor de las pieles. Después los llevan vivos dentro
de un saco en viajes hasta el matadero que pueden durar seis horas.
Para los felinos, el trato no es mucho mejor. En varias localidades del
norte de China hay mercados callejeros de gatos. Allí, compradores
y vendedores cuentan con naturalidad que para optimizar la piel hay que
arrancarla de una sola pieza.
Por eso la mejor manera de desollarlos es colgarlos, meterles una manguera
en la boca y abrir el grifo hasta que se ahoguen.A continuación
se practica un corte en el estómago y se arranca la piel. Se prefieren
machos, porque quitarles los pezones a las hembras da más trabajo
y deja menos piel aprovechable.
Al final del proceso, cuando la piel está lista para vender a un
fabricante de ropa o de figuritas de juguete, se pagan a entre dos y 16
dólares cada una. Los gatos suelen estar peor cotizados que los
perros.
La investigación de Human Society prosiguió en Europa y EEUU
hasta que en noviembre de 1998 consiguieron cerrar el círculo.En
un almacén de Nueva Jersey hallaron una parca made in China con
adornos de piel en la capucha. En la etiqueta decía «piel
de perro de Mongolia». Las pruebas de ADN demostaron que era piel
de un perro doméstico como el que 53 millones de americanos tienen
en sus casas.
El vídeo de la HSUS sacudió conciencias de Nueva York a San
Francisco y, al final, en una de las últimas leyes firmadas por
Bill Clinton, se prohibió la comercialización de pieles de
perro y gato en EEUU.
El resultado es que todo ese mercado se ha venido a Europa.
También emergió, claro. El 3 de diciembre de 2001
se recibía en la italiana Lega Anti Vivisezione un fax del Instituto
Nacional de la Fauna Salvaje. En él se confirmaba que dos cazadoras
con adornos de pelo de dos tiendas distintas de Roma portaban ADN de perro.
Indetectable
Poco después, el Gobierno italiano también
prohibió el comercio de piel de perro y gato, pero la Lega no se
fía. Ha llevado a analizar otras tres prendas recogidas en distintos
puntos de Italia meses después de que la prohibición entrara
en vigor.Para el próximo 15 de enero esperan los resultados.
La asociación holandesa Bont voor Dieren (La Piel para los Animales)
llevó a cabo un experimento similar a principios de este año.Enviaron
93 artículos de comercios de todo el país a un laboratorio
del Centro Médico de la Universidad de Amsterdam. En cinco se detectó
piel de perro. Según el informe científico, podrían
ser más: la mayoría de objetos habían sido tan tratados
que no se podía aislar una muestra válida.
Los cinco artículos que
dieron positivo fueron una diadema con adornos de piel; un jersey marrón
con bolas de pelo colgando; un ratón vendido como juguete de gatos
-triste ironía- y dos parejas de mininos durmiendo en una
cesta, «absolutamente idénticos», mantiene Stuart, que
el que el europarlamentaria compró en Málaga.
Por lo menos, el 20% de estas figuras están hechas
con piel de perro y gato, calcula la HSUS. Su venta en España es
minoritaria, prácticamente exclusiva de tiendas de precio fijo -los
tradicionales todo a 100- y muy poco representativa de los más de
1,5 millones de peluches que se venden en tiendas de juguetes.
Uno de los pocos fabricantes de peluches que quedan en España -el
90% se importa, principalmente de China- reconoce que en el sector hay
mucho fraude: materiales inflamables, calidad ínfima para bajar
el precio, etiquetado falso... «El chino te pone la etiqueta que
tú quieras», reconoce. «La que tú quieras».
Pero niega que, aun viniendo de China, los peluches lleven piel de perro
o de gato fuera de esos controvertidos gatitos en cesta y similares.
Ahí están, sin embargo, esas figurinas sospechosas. Y las
cazadoras de Italia. Y los jerséis y las diademas de Holanda. Y
los abrigos de Berlín... ¿Nos atreveremos a hacer exámenes
de ADN en España?
El hombre es un lobo
A menudo violenta, la relación del hombre con
los animales varía mucho entre culturas. Con frecuencia, el ser
humano hace buena la máxima torcida de que es un lobo para el lobo.
Éstas son algunas especies temidas a lo largo de los siglos.
La liebre. Los mexicanos la desprecian de manera especial. La acusan no
sólo de devorar animales muertos, sino además de que siente
gusto por la carne humana descompuesta. Da igual que se les recuerde que
es un herbívoro, que si merodea las carroñas es porque el
animal muerto suelta humedad, y ésta hace que crezca la hierba.
El hipopótamo. Temido en el antiguo Egipto por
ser el espíritu de las tinieblas. El macho era un animal de mal
agüero debido a su asociación con el dios Set, el dios del
desierto y del mal, enemigo de Osiris y Horus, los dueños legítimos
de Egipto.
La serpiente. Por haber sido el instrumento de la caída en pecado
del hombre en el paraíso, es el animal más maldito y degradado
de la creación.
El cerdo. Su fama, reflejada en la variedad de nombres que se le atribuyen,
cada cual más insultante (marrano, cochino, guarro...), habla de
un animal maldito, sucio y de poco fiar, al que las religiones, sobre todo
la musulmana, han poscrito de los altares y la dieta.
El murciélago. Algunas culturas occidentales, incluida la española,
lo consideran un animal de mal agüero. En China, en cambio, donde
murciélago y felicidad se pronuncian igual, es un mamífero
muy apreciado como mascota.
La cigarra. Figura en viejas fábulas como símbolo de inutilidad
e indiferencia. En Venezuela, donde su aparición coincide con la
Semana Santa, la maldicen porque, según la leyenda, cantaba mientras
Cristo era crucificado.
Victor Rodriguez
Fuente: El Mundo
Diciembre 22, 2002
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