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Perú trata de conservar
a los osos andinos en la zona de Machu Picchu
MACHU PICCHU, Perú (Reuters) -- En medio de la vía férrea
que lleva a la antigua ciudadela inca de Machu Picchu, una gran jaula permanecía
cubierta con plástico negro sobre un vagón estacionado en
un bosque de Perú.
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Una
mezcla de hedores a fruta rancia y sudor animal emanaba de la jaula y un
leve gruñido reveló la presencia de "Pepe", un oso
andino que en Europa relacionan con el famoso personaje del cuento infantil
inglés "Paddington" y que en Perú está declarado
en peligro de extinción desde 1999.
"Pepe", aún con los efectos del sedante que le fue administrado
hizo tambalear la jaula al mover su enorme cuerpo negro de 160 kilogramos,
adornado con manchas blancas alrededor de sus ojos, mientras decenas de
hombres intentaban trasladarlo hasta una zona especialmente diseñada
para él. |

El oso andino |
El
animal ingresó así a un nuevo proyecto de conservación
que busca salvar a esa especie del cautiverio y reinsertarlo a su hábitat
en pleno santuario histórico de Machu Picchu, una reserva de 32.592
hectáreas de montañas en cuya cima están las enigmáticas
ruinas incas.
"Pepe" estuvo primero en un zoológico universitario de
infraestructura pobre y a sus 12 años se sumó a los otros
dos osos del proyecto que el Machu Picchu Pueblo Hotel "Inkaterra",
su asociación ecológica, ITA, y la fundación privada
británica "Bear Rescue" llevan a cabo desde el 2001, supervisados
por el gobierno peruano.
"No pretendemos hacer un zoológico. Lo que queremos es ayudar
a la conservación, rehabilitarlos hasta reinsertar a los osos tarde
o temprano. Aunque parece que Pepe, que ya está mayor, tendrá
que quedarse aquí hasta viejito", dijo Carmen Rosa Soto, bióloga
encargada del proyecto por Inkaterra.
Darwin Mendívil, biólogo encargado por "Bear Rescue"
piensa igual: "Con Pepe la reinserción parece imposible. Cuánto
más joven y menos cerca del hombre ha estado el oso es más
fácil devolverlo a su hábitat natural, pero intentaremos".
Anteojos inconfundibles
La jaula de Pepe, junto a otra que alberga a una pareja
de osos, está en una zona boscosa entre helechos y una vegetación
como estancada en la prehistoria, adornada con escalinatas de piedras y
un riachuelo cerca del hotel, en el departamento de Cusco, 1.100 kilómetros
al sudeste de Lima.
La idea del plan es mantenerlos en espacios cada vez más mayores,
dándoles alimento primero y luego dejándoles la tarea de hallarlos
por sí mismos en la espesura de una zona de montaña rodeada
por un cerco eléctrico hasta que estén listos para quedar
libres.
De las ocho especies de osos que hay en el mundo, el de anteojos es el único
que habita en las zonas andinas tropicales, desde Venezuela hasta Bolivia,
y, según los expertos, Perú tiene la mayor cantidad, con unos
2.000 plantígrados aproximadamente.
Estos osos son animales solitarios y su dieta se compone de vegetales y
a veces carne.
La tala indiscriminada y el avance de campos agrícolas hacia los
territorios de estos osos han mermado su población en los países
andinos.
En Perú, esto empeora por las creencias populares de que su carne
hace a los hombres más fuertes, su grasa cura el reuma y sus vísceras
sirven para hacer brujería.
Sus manchas blanco-amarillentas alrededor de los ojos, que les llegan hasta
el pecho, les dan el nombre de "oso de anteojos" y son su marca
distintiva.
Por esas manchas, que a veces se extienden hacia la frente, en Venezuela
lo llaman oso "frontino", aunque en Perú recibe el apelativo
quechua de "ukuko", que quiere decir "mitad hombre, mitad
oso" por una leyenda que cuenta cómo un oso andino roba a la
más bella joven de un pueblo y tiene con ella un hijo así.
El oso Yogui y su coqueta novia
Sin embargo, en el proyecto se alteró otro
romance con la llegada de Pepe, desparasitado antes de pasar a su nueva
y gran jaula, donde olfateó, merodeó el lugar y tras reconocer
su nuevo territorio, se topó con la nariz curiosa de Paula entre
las rejas de la jaula contigua.
Paula, de cinco años, es la novia del oso Yogui, con quien empezó
el proyecto. Ella, con ocho meses en el santuario, fue fiel hasta que entró
en celo y la atrajo el tamaño de Pepe.
Alargando su hocico, a modo de un beso, Paula intercambió agudos
murmullos con Pepe -- que según Mendívil, son los típicos
sonidos del enamoramiento -- mientras Yogui regresaba a su cueva, entristecido
tras haber intentado aparearse con ella sin éxito.
"¡Qué coqueta! Pobre Yogui, está deprimido",
dijo Soto.
Yogui fue rescatado de un poblado cusqueño donde lo tenían
en una jaula para pollos, desnutrido, con sarna y el lomo herido. Pesaba
sólo 45 kilogramos y medía menos de metro y medio.
Fue trasladado en helicóptero, rehabilitado y colocado en una jaula
de 15 metros de largo por cuatro de alto, también con cueva y pozo.
Ahora pesa 130 kilos y es un joven juguetón.
"El proyecto nació casi por casualidad cuando en junio del año
pasado vinimos con el artista inglés Stephen Fry, protagonista de
la película 'Wilde', para filmar un documental sobre la historia
original del oso Paddington en Perú", dijo Juan Manuel Tirado,
miembro de la fundación 'Bear Rescue.
El Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA) de Perú halló
a Yogui y lo entregó en custodia al proyecto.
Tras pasar la primera fase para su reinserción, Yogui y Paula están
listos para su semilibertad. El traslado fue duro a lo largo de dos kilómetros
por la vía férrea que lleva a Machu Picchu hasta las dos hectáreas
de bosque con cerco eléctrico.
Yogui -- de cuatro años -- reconoció el territorio, donde
el bosque no fue alterado nada más que para hacer una piscina, pues
tiene incluso dos cuevas naturales. Recibió los primeros choques
eléctricos apenas entró, pero Paula corrió feliz directa
a la alberca.
En chaparri: "el oso es agua"
Machu Picchu no es el único paraíso
de estos osos en Perú.
A unos 800 kilómetros al norte de Lima y a dos horas de la ciudad
costeña de Chiclayo está la primera reserva privada con fines
de conservación de Perú: Chaparrí.
En realidad, es un cerro sagrado o "Apu" donde los chamanes recogen
sus hierbas curativas y que está repleto de fauna propia del bosque
seco.
El camino rocoso hasta ahí es demoledor, por falta de apoyo oficial,
pero la comunidad más cercana a la reserva, Chongoyape, se las ingenió
para hacer de éste un excelente trabajo comunal liderado por el fotógrafo
peruano Heinz Plenge.
En medio de un bosque cuya vegetación parece hecha de papel, emerge
un hábitat salpicado de lagunas para aves exóticas, venados,
iguanas y osos de anteojos.
Chaparrí, financiado por empresas privadas locales y extranjeras,
tiene siete osos en tres cercos eléctricos y una osa liberada con
dos crías.
Fuente: CNN
Diciembre 20, 2002 |
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