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Los científicos intentan utilizarlas para monitorear cambios
en la composición química de la sangre.
Y en la fabricación de microcápsulas para medicamentos.
Ella es uno de los mil científicos en todo el mundo que siguen de
cerca estos peculiares seres vivientes de no más de cuatro micrones
de diámetro, que habitan en los sitios más impensados del
planeta: desde hielos polares hasta aguas termales, pasando por terrenos
secos e inclusive en el interior de animales, como en las vías respiratorias
de monos.
Cuando todo haría suponer que no podrían sobrevivir, ellas
pueden seguir adelante en condiciones mínimas de vida. "Quizá
sólo las cianobacterias, o algas azulverdosas, las pueden superar",
afirma Maidana.
Sin despreciar ningún ambiente, las diatomeas sólo quieren
vivir, solitarias o agregadas, y muestran diferentes formas. La variedad
es muy amplia entre las 500.000 especies marinas y terrestres.
Una de las tareas del equipo de Maidana, del Laboratorio de Diatomeas,
es precisamente identificarlas a partir de las características únicas
de su cobertura de sílice. Esta especie de cápsula de vidrio
en la que viven encerradas no es totalmente simétrica. Una de las
tapas generalmente es más grande que la otra. Este hecho genera
algunos cambios, sexualmente hablando. ¿Por qué? Normalmente
se reproducen por mitosis, es decir, se dividen en dos células hijas.
Al dividirse una de ellas se queda con la tapa más grande y debe
sintetizar la más chica. Por el otro, la que se queda con la más
pequeña debe fabricar una más diminuta aún para terminar
de conformar un cuerpo. "Cuando llegan a reducirse tanto que corren
peligro de muerte, en ese momento suena una alarma interna -explica la
especialista- y se reproducen sexualmente y el descendiente tendrá
el máximo tamaño de la especie."
Herramientas microscópicas
Las aplicaciones de estas algas van mucho más allá del
ámbito forense. En la industria, por ejemplo, son empleadas como
abrasivo. "Al morir las algas queda el vidrio. En una época
fueron utilizadas como pasta de dientes, hasta que se comprobó que
limpiaban demasiado y peligraba la dentadura", sonríe Maidana.
Hoy están presentes en materiales para pulido de metales, como aislantes,
o como insumo para fabricar pinturas antideslizantes. Un dato: las líneas
amarillas de las rutas contienen diatomeas.
Tampoco faltan como alimento para cría de crustáceos o
formando el 95% de la composición de insecticidas llamados ecológicos.
Del mismo modo en que habitan los sitios más recónditos del
planeta, también sus aplicaciones las muestran en objetos impensables.
"En nanotecnología -puntualiza Maidana-, se emplean para el
filtrado de tinta en la fabricación de papel moneda."
Actualmente, también permiten el monitoreo de un curso de agua.
En este campo, el equipo de Maidana estudió muestras del arroyo
Morales, afluente del río Matanza, en la provincia de Buenos Aires,
que corre cerca de un basural a cielo abierto. Del análisis de las
diatomeas pudieron evaluar el daño producido en el arroyo por el
drenado desde el basural.
Las diatomeas también brindan datos del pasado remoto. "Las
que al morir fueron depositándose en el fondo de los lagos o ríos
resultan valiosas herramientas que ayudan a reconstruir cambios ambientales
de miles de años de antigüedad y aportan datos clave para los
estudios arqueológicos", prosigue la investigadora.
Para el futuro, los científicos evalúan la posibilidad
de emplearlas para obtener EPA, ácido eicosapentaenoico o 20:5n3,
utilizado en alimentación de animales, y que hoy se extrae de aceite
de peces. El de estas microalgas tiene la ventaja de ser inodoro y de mayor
grado de pureza.
Según explica Maidana, el abanico de utilidades que ofrecen las
diatomeas es extenso. "Hasta se está estudiando utilizarlas
como biosensores para monitorear, por ejemplo, cambios en la composición
química de la sangre y en la fabricación de microcápsulas
que permitan dosificar medicamentos."
Por Cecilia Draghi
Fuente: La Nación
Diciembre 16, 2002
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