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Un Código en agua de borrajas
Durante largo tiempo se vino reclamando, en la provincia
de Buenos Aires, el dictado del Código de Aguas, con el objeto de
disponer de un instrumento que permitiera ordenar todas las situaciones
concernientes al empleo de aquellos recursos, en torno de los cuales suelen
verificarse conflictos de compleja dilucidación. Se suponía
que, al contarse con aquel instrumento, podría allanarse el camino
hacia las soluciones más adecuadas.
SIN embargo, de recientes manifestaciones de un entendido en la cuestión
-abogado, productor agropecuario y ex dirigente gremial del sector- surge
que el panorama dista de ser el pretendido, por cuanto el referido código
está vigente, pero no rige, por el simple motivo de no haber sido
reglamentado. En consecuencia, "es imposible hacerlo operativo en
forma inmediata", de acuerdo con las expresiones del doctor Juan Pedro
Merbilhaá, ex presidente de la Confederación de Asociaciones
Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP).
Al disertar en una reunión organizada por la Asociación
Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola
(AACREA), señaló que cuando se habla de la autoridad del
agua, "en realidad, se hace referencia al uso político de algunos
institutos que figuran en el Código de Aguas y no de una verdadera
reglamentación del uso del recurso", con lo cual se habría
frustrado, en su etapa ejecutoria, la iniciativa de poner en marcha una
serie de normas tan esperadas como importantes.
Dijo el doctor Merbilhaá que el órgano
de autoridad directa en las cuestiones relativas al uso del agua en la
provincia de Buenos Aires es la Dirección de Hidráulica.
Sin embargo, cuando particulares consultaban sobre canalizaciones o desviaciones
practicadas para beneficio propio, en aquel organismo se negaba su poder
de policía, o sea que se generaba un vacío con respecto a
la intervención estatal frente a las referidas anormalidades.
La inmediata consecuencia -afirmó- es que, al
no encontrarse respuestas, se planteaban los consabidos juicios contra
el Estado que, en la generalidad de los casos, terminaban siendo desfavorables
para éste. Se intentó clarificar la cuestión a fines
de octubre, cuando se dictó una resolución que fijó
un procedimiento simplificado de denuncia y constatación de las
obras consideradas clandestinas. Sin embargo -dijo Merbilháa-, ello
podría ser contraproducente para el Estado "porque todos sabemos
que gran parte de las obras clandestinas fue autorizada de palabra y, en
algunos casos, se hizo por cuenta de los mismos municipios o de los amigos
del poder".
Las tajantes declaraciones que nos ocupan ponen
sobre el tapete una clara irregularidad en torno del manejo de las aguas
en el territorio bonaerense -justamente en un período donde el problema
de las inundaciones es acuciante-, que exigen una perentoria respuesta
de las autoridades correspondientes, a los efectos de explicar las situaciones
denunciadas y justificar, si cabe, la demora en poner efectivamente en
vigencia el referido código.
Fuente: La Nueva Provincia (Buenos
Aires, Argentina)
Diciembre 10, 2002
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