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El fin de la «ceguera de los ríos»:
Un triunfo de la salud pública
En estos tiempos mediáticos y globalizados
que vivimos, la aparición de nuevas enfermedades, el agravamiento
mundial de otras, los nuevos medicamentos o el número de muertos
en catástrofes son noticias con las que desayunamos cada día.
Pero, a buen seguro, hasta al lector más interesado en los temas
sanitarios de nuestro planeta le ha pasado inadvertido el anuncio del punto
final que la OMS (Organización Mundial de la Salud) acaba de poner
a la lucha contra la oncocercosis, también conocida como ceguera
de los ríos, tras casi 30 años de lucha contra un parásito
que ha causado a lo largo de la historia, especialmente en África,
calamidades y miseria a los habitantes de las riberas de los ríos.
El final de una labor cooperativa de muchas gentes durante
largo tiempo nos da una de las escasas buenas noticias en el área
de la salud de los últimos tiempos. "El éxito de este
programa inspira a cuantos nos dedicamos a la salud pública; (
)
porque ha demostrado que podemos lograr imposibles y aliviar la carga que
soportan varios millones de personas especialmente necesitadas", ha
declarado la Directora General de la OMS, Dra. Gro Harlem Brundtland.
La oncocercosis está causada por la Onchocerca
volvulus, un parásito que puede vivir hasta 14 años dentro
del cuerpo humano. Los millones de microfilarias que produce una hembra
fértil se desplazan por el organismo produciendo los síntomas
de la enfermedad. Al igual que sucede en otras enfermedades parasitarias
(la malaria es una de las más conocidas), un vector (un mosquito,
en este caso un simúlido) transporta las microfilarias de una persona
a otra. Tras picar a la primera, acumula el parásito en su organismo,
donde se transforma en larva infectiva, e inocula su carga en la siguiente.
En 1974, la OMS decidió comenzar una campaña
de lucha contra la oncocercosis, que afectaba al 10% de la población
de las zonas más vulnerables en África Occidental. Por si
fuera poco, un 30% más sufría defectos de visión graves.
Los agricultores comenzaron a abandonar las riberas de los ríos
al comprender la relación entre la enfermedad y el emplazamiento.
Unos 250.000 km2 quedaron abandonados para la agricultura, todos ellos
en terrenos fértiles, con las consiguientes pérdidas económicas:
un cálculo las acercó a los 30 millones de dólares
al año. Era, pues, necesario eliminar un problema de salud pública
que, como es habitual, llevaba aparejado un enorme problema económico
y social. El frente de acción principal ha sido la lucha contra
la transmisión de los parásitos, a través de la eliminación
de los vectores.
Mantener un programa en activo durante 30 años
requiere tesón, conocimientos y medios económicos. Afortunadamente
los compromisos iniciales se han mantenido, de forma que los financiadores
no han retirado sus fondos durante todo este tiempo. La OMS destaca especialmente
la contribución de la compañía farmacéutica
Merck, que ha aportado gratuitamente la ivermectina, el medicamento antiparasitario
utilizado contra esta enfermedad.
Además de solucionar el problema, el programa
de lucha contra la oncocercosis ha dejado sobre el terreno un plan de ejecución
completo que actúa en todos los frentes: el del parásito
y el de los vectores. Además, la infraestructura sanitaria y la
gestión de salud pública han quedado reforzadas en los países
en los que se ha aplicado el programa, permitiendo un sistema de vigilancia
y detección de brotes que se puede transferir a partir de ahora
a otras enfermedades. Y sobretodo, ha dejado abierta la puerta a la esperanza
de que es posible luchar contra las enfermedades parasitarias e infecciosas
si se actúa mancomunada y eficientemente.
por Arancha Desojo "Agencia de Información Solidaria
(AIS)"
Fuente: Instituto de Ecología
Política
Diciembre 20, 2002
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