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Sigue la polémica por agroquímicos
Muchos se quejan por la cercanía de los campos
a la zona urbana
Colonia Caroya. Dos recientes fumigaciones, que terminaron
con dos mujeres alérgicas internadas, fueron motivo de la presentación
de 16 vecinos de la zona ante los concejales caroyenses. Ante ellos reclamaron
el cese de la aplicación de agroquímicos en la zona urbana
de la ciudad y mayores controles por parte de la autoridad de aplicación
de la ley provincial.
En la reunión, se conoció que
Griselda Martínez tuvo una intoxicación
inducida por agroquímicos, según el informe que el Centro
Toxicológico de Córdoba, que funciona en el Hospital Infantil,
le proporcionó al profesional que la atendió. Después
de la aplicación, ocurrida el viernes pasado entre
las 7 y las 7.30, Martínez experimentó ardor en los ojos,
y picazón en la nariz y en las encías.
Asimismo, Lorena Bovo tuvo calambres en la lengua, las
manos y los dedos. Las molestias no pararon ni siquiera después
de tomar una pastilla, le subió la fiebre a 41 grados, se tuvo que
aplicar un decadrón y se desvaneció para terminar internada
en una clínica de la ciudad de Jesús María.
El agente zonal de la Secretaría de Agricultura
de la Provincia, Roberto Mina, fue advertido por el bromatólogo
municipal, Fernando Manera, sobre la existencia de una plantación
de soja, propiedad de Carlos Micoli, ubicado entre las calles 45 y 48 y
17 y 18. En la misiva, Manera le sugirió que tomara los recaudos
necesarios porque en el lugar se encuentra una guardería, a la que
concurren un promedio de 50 niños, y los vecinos le habían
trasladado la preocupación.
En el amanecer del pasado viernes, Micoli habría
aplicado Glifosato, conocido comercialmente como Roundup, con un mosquito,
con lo que se derribó el argumento de que ese producto no tiene
consecuencias para la salud humana, sobre todo después de los testimonios
proporcionados por Martínez y Bovo.
La segunda fumigación fue más dramática
porque se aplicó el domingo, cuando se desató el fuerte viento
en la zona, y quienes lo hicieron fueron dos jóvenes vestidos con
malla y sin remera. Insólitamente, uno de los jóvenes es
estudiante de agronomía y el otro un recién recibido como
veterinario. Lo hicieron a sabiendas de que no se puede fumigar si el viento
supera los 5 kilómetros por hora, o si la humedad es desaconsejable,
o si la temperatura supera los 20 grados. Encima, les mintieron a los vecinos
diciéndoles que estaban aplicando un fertilizante, cuando aplicaban
agroquímicos sin receta fitosanitaria.
Paralelamente, se conoció que el martes por la
tarde volvieron a fumigar el campo contiguo al emprendimiento de conejos
de René Zuliani y de Hilda Arias, quienes responsabilizan a los
agroquímicos por la muerte de más de la mitad de sus conejos,
de casi todas sus gallinas, y de la esterilidad de 10 cerdas.
Inmoral y salvaje
El concejal Mario Rojas, de Unión por Caroya,
calificó la conducta de Micoli como salvaje, inmoral, ignorante,
y sin escrúpulos por arrojar veneno en un lugar donde hay una guardería.
El propio Rojas sugirió y prometió acompañar a los
vecinos para que se presenten ante la Justicia de Jesús María
para solicitar una acción de amparo que detenga las fumigaciones
de inmediato.
Las protestas se centran en la excesiva cercanía
del predio, ubicado a 100 metros de la avenida San Martín, en pleno
corazón de la zona urbana.
Fuente: La Voz del Interior
Diciembre 27, 2002
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