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Intoxicados demandan restringir plaguicidas
Un grupo de 73 trabajadores envenenados en Chile exige que se
controlen los agroquímicos con efectos crónicos. Las
autoridades estudian el caso.
SANTIAGO.- La intoxicación por plaguicidas que sufrieron este
mes 60 trabajadoras y 13 trabajadores agrícolas temporeros mientras
recolectaban manzanas en el sur de Chile cuestiona la eficacia del control
de los agroquímicos en este país.
"Las trabajadoras están asustadas por los efectos a largo plazo
que pueden sufrir a causa de la intoxicación", dijo a Tierramérica
Alicia Muñoz, secretaria general de la Asociación de Mujeres
Rurales e Indígenas (Anamuri), quien denuncia las deficiencias
en el registro, etiquetado y uso de los plaguicidas en Chile.
Hasta septiembre, ya se habían notificado al Ministerio de Salud
471 intoxicaciones agudas por plaguicidas en lo que va del año,
con una tasa de 2,9 por cada 100 mil habitantes. Cincuenta y siete por
ciento de los casos fue de origen laboral y, de éstos, 81 por
ciento de obreras y obreros agrícolas, de los cuales más
de la mitad se ocupan en labores de temporada (de octubre a abril).
María Elena Rosas, coordinadora de la Red de Acción en
Plaguicidas y sus Alternativas de América Latina (RAP-AL), advierte "que
por cada caso notificado hay otros cuatro sin notificar, y en algunas
regiones del norte y del sur hay 10 más, lo que significa unas
dos mil 500 a tres mil personas afectadas por año".
El 14 de noviembre, los 73 trabajadores sufrieron náuseas, principio
de asfixia, vómitos y picazón al ingresar al predio de
la empresa Agrícola y Comercial Santa Elena, en la ciudad de Angol,
600 kilómetros al sur de Santiago, que días antes había
sido fumigado con el insecticida Lorsban 75 WG y el fertilizante folial
Wuxal Calcio.
Según RAP-AL, el insecticida es un organofosforado, cuyo principio
activo es el clorpirifo, que al ser absorbido a través de la piel
o por vía oral causa desde náuseas y contracciones musculares
hasta inconciencia, convulsiones y muerte.
En 2000, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) del Ministerio
de Agricultura, encargado de la normativa y fiscalización de los
agroquímicos, dictó una resolución que clasifica
a los plaguicidas y fertilizantes de uso agrícola según
su efecto toxicológico. Ese mismo año, reglamentó la
información del etiquetado.
Pero estas normas solo incluyen los efectos agudos de esas sustancias
en los seres humanos y no los crónicos, como mayores riesgos de
cáncer, malformaciones congénitas, leucemia y alteraciones
en el sistema inmunológico.
El SAG clasificó al Lorsban 75 WG como "poco peligroso" considerando
sus efectos agudos, aunque RAP-AL, Anamuri, la Corporación de
Investigación en Agricultura Alternativa y el Observatorio Latinoamericano
de Conflictos Ambientales afirman que la exposición al mismo provoca
graves dolencias a largo plazo.
Roberto Tapia, del Departamento de Plaguicidas y Fertilizantes del SAG,
dijo a Tierramérica que ese organismo sí tomaba en cuenta
el riesgo de efectos crónicos al momento de autorizar la importación
y venta de un agroquímico, aunque no se establezca específicamente
en el etiquetado.
Pero Rosas de RAP-AL considera que los trabajadores tienen el derecho
de conocer tanto los efectos inmediatos como a largo plazo, los cuales
deberían estar especificados claramente en la etiqueta.
El secretario regional del Ministerio de Salud, Cesar Torres, dijo a
Tierramérica que su organismo establecería las responsabilidades
en el caso de los 73 trabajadores y, si existiesen culpables, podía
cursar multas hasta por 60 mil dólares y ordenar la clausura del
establecimiento.
La secretaria general de Anamuri afirma que generalmente las empresas
apelan a las resoluciones gubernamentales o judiciales, extendiendo los
litigios por mucho tiempo, lo cual deja en la desprotección a
las temporeras y temporeros.
Según datos de la estatal Oficina de Estudios y Políticas
Agrarias, en 1997 Chile importó 16 mil 68 toneladas de plaguicidas,
mientras que en 2003 las compras aumentaron a 22 mil 218 toneladas.
Chile es uno de los mayores exportadores de frutas y hortalizas de América
Latina, con cosechas que generan una importante proporción de
empleo temporal, cubierto mayoritariamente por mujeres.
En el agro chileno trabajan unas 800 mil personas, la mitad de las cuales
son temporeras, y de ellas 250 mil son mujeres, a las que se suman adolescentes,
niñas y niños.
Las organizaciones denunciantes exigen que las autoridades eliminen o
restrinjan el uso de plaguicidas por sus efectos crónicos, que
fiscalicen rigurosamente su empleo y apliquen fuertes sanciones y multas
a los infractores.
También piden la ratificación del Convenio 184 de la Organización
Internacional del Trabajo, OIT, relativo a la seguridad y la salud en
la agricultura.
Por Daniela Estrada*
Fuente: Tierra América
Diciembre 02, 2005
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