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Editorial
Guardafaunas
de Entre Ríos
El comercio ilegal de flora y fauna es una de las
principales causas de extinción de especies. Ante la falta de fuentes de trabajo
y aprovechando las carencias de una parte importante de la población
rural, acopiadores inescrupulosos incentivan la captura de individuos
de especies que, por su rareza, tienen un mayor precio en este mercado
delictivo.
En los últimos meses el comercio de fauna, que pensábamos
tangencial en la agenda del mundo, ha cobrado una especial relevancia,
ya que entre las medidas recomendadas sobre la gripe aviaria en numerosas
naciones, incluyendo a la Argentina, se ha impulsado expresamente limitar
o prohibir la exportación e importación de aves silvestres.
Son varias las especies en nuestro país que sufren la presión
de captura comercial. Entre ellas, figuran el tordo amarillo y los llamados
capuchinos o paraguayitos, pájaros pequeños de hermosos
colores, asociados a los transformados pastizales de nuestras pampas.
Pese a esta situación, que, por ejemplo, ha llevado al tordo amarillo
a un número poblacional estimado en menos de 7000 individuos en
el mundo, existen intentos de la sociedad civil para revertir este proceso.
Es lo que ocurre con la Asociación de Guardafaunas de Gualeguaychú,
en la provincia de Entre Ríos, que en pos de un profundo amor
por la naturaleza pone en riesgo su vida por la defensa del patrimonio
natural entrerriano. Ocurre que la zona es escenario habitual de capturas
ilegales de fauna. Una interesante diversidad ornitológica, varios
pasos fronterizos nacionales e internacionales y su proximidad a mercados
de consumo y exportación favorecen estas actividades ilícitas.
En los últimos años, este grupo de apoyo a la conservación
ha organizado operativos de patrullaje y control de rutas y caminos vecinales.
Por ejemplo, en 2004 hicieron más de veinte operativos en los
alrededores de Gualeguaychú y Perdices, que tuvieron como resultado
la confiscación de más de veinticinco trampas y jaulas
de transporte, el decomiso de unas 500 aves nativas (principalmente jilgueros,
cardenales y reinamoras) y la incautación de quince capuchinos
pertenecientes a tres especies amenazadas, utilizados como llamadores
o señuelos.
Este accionar de los guardafaunas entrerrianos está acompañada
de actividades de difusión y educación para generar una
mayor conciencia entre la población local, apoyadas por acciones
paralelas del Grupo de Fauna Silvestre de Aves Argentinas.
Las autoridades de la provincia de Entre Ríos que han manifestado
su interés por los problemas ambientales locales, con motivo de
la proyectada construcción de papeleras, deberán además
incluir en su agenda otras asignaturas pendientes. Entre ellas se destacan
la reglamentación de la ley provincial de áreas naturales
protegidas y la salvaguardia de sitios de conservación valiosos
tanto en el delta entrerriano como en la selva de Montiel.
Esta y otras provincias deberán, en el futuro, fortalecer a los
grupos de guardafaunas voluntarios porque su accionar, además
de contribuir al monitoreo de nuestros escenarios naturales, nos brinda
una esperanza de cambio ante una sociedad que parece indiferente a los
agudos problemas ambientales que enfrentamos a diario.
Fuente: La Nación
Diciembre 01, 2005
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