En abril entrará en vigor la ley del aire
Crece la polución ambiental en la ciudad por la falta de controles
Los colectivos provocan el 40% de la contaminación que padecen los porteños

Hay tres colectivos que ocupan todo lo ancho de Viamonte, esquina Rodríguez Peña. Son las 14.30 del jueves último y el semáforo se pone verde. Los tres choferes aceleran a fondo y la escena funde a negro: una espesa nube tóxica hace de Buenos Aires una ciudad cada día más irrespirable, tanto para los que van a bordo de los vehículos como para los que tuvieron la desgraciada suerte de quedar cerca de los caños de escape.

Según informes de la Dirección de Política y Evaluación Ambiental porteña, los 15.000 colectivos que atraviesan la ciudad producen el 40 por ciento de la creciente contaminación ambiental de Buenos Aires. Y hay más. “La principal causa de esta situación es la falta de mantenimiento de los vehículos”, reconoce el titular de esa dependencia, Horacio Walter.

Humo negro, hidrocarburos, dióxido de azufre, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, son algunos de los componentes de esa pesada atmósfera que expiden los caños de escape. Lo que todo porteño se pregunta cuando queda envuelto en esa gruesa bruma es si alguien controla los colectivos.

Esa responsabilidad le cabe a la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT). LA NACION intentó conocer qué controles había hecho en el año, cuántas sanciones aplicó y cuántos colectivos están impedidos de circular por no cumplir con las normativas que limitan la emisión de gases contaminantes y de ruido. Pero, pese a la insistencia, los responsables no contestaron las llamadas. Si hay controles o sanciones, es un misterio.

El gobierno porteño no tiene jurisdicción sobre los colectivos. No obstante, la Dirección de Control de la Calidad Ambiental porteña verifica los caños de escape en las terminales de colectivos. Este año se hicieron controles a 4600 colectivos. Un 12 por ciento estaba en infracción porque despedía por encima de lo permitido.

Sólo al 1% de los colectivos -unos 46- se le prohibió circular hasta tanto no tuvieran arreglado el motor. Esto, sobre un parque de 15.000 colectivos. Al resto, se le labró un acta de infracción para que la Unidad Administrativa de Faltas (UAF) resolviera si cabía una multa, que puede ser de entre 100 y 1000 pesos. Fuentes de la UAF informaron que es menor la proporción que resulta en sanciones efectivas.

"Los valores registrados en nuestro laboratorio no superan el máximo aconsejado por la Organización Mundial de la Salud y son inferiores a la estricta norma de calidad de aire local", aseguró Diego Martínez, director de Control de Calidad Ambiental.

LA NACION participó de un operativo de control en la terminal que hay en el playón de Juan B. Justo y Santa Fe. Las mediciones se hacen con una bomba que absorbe los gases que emiten el caño de escape y que tiene una oblea que reacciona con distintos tonos de opacidad, según el nivel de contaminación.

Uno de los inspectores se colocó detrás de un colectivo que cruza la ciudad y llega a Wilde. El vehículo estaba detenido. El chofer lo puso en marcha. Las cuatro primeras aceleradas lanzaron un humo espeso, irrespirable. "Esas, no se consideran, porque siempre hay humo en el arranque", explica el inspector. Después, el negro humo se hizo un poco menos intenso, pero de todos modos dificultaba la respiración.

La bomba Bosch indicaba una marca de cinco puntos. La escala es de 1 a 9 y a partir del 6 es infracción. O sea, ese colectivo podía andar por ahí, desplegando ese manto espeso sobre los porteños, sin que en teoría superase los niveles máximos permitidos de emisión de gases.

Finalizada la inspección, de unos 10 vehículos, sólo uno estaba en infracción. Pero esta cronista acabó con los pies y manos ennegrecidas de pararse detrás de los coches.

Sistemas de medición

"El problema es que están mal los sistemas de medición. Se controla a los colectivos parados y sin gente arriba. El humo varía según el esfuerzo que haga el motor. Es demasiado evidente que mucho más que el uno por ciento de los colectivos no está en condiciones de circular", asegura el director de Calidad del Aire de la Asociación Interamericana de Ingeniería Sanitaria, Eduardo Ortiz.

"El 80 por ciento de los humos negros que tiene Buenos Aires los producen los colectivos", dice Ortiz. El humo negro no es otra cosa que el gasoil que tuvo una combustión incompleta y se liberó en forma de micropartículas.

Por falta de mantenimiento, la bomba inyectora de los motores se descalibra y el excedente del combustible sale por el caño de escape. Esas partículas tienen efectos adversos para el organismo, según explicó Jorge Gercovich, médico del Instituto de Ciencias Ambientales y de la Salud del Conicet.

"Produce todo tipo de afecciones respiratorias, pero además, cuando las partículas carbónicas ingresan a los pulmones, tatúan los alveolos, los lesionan, y así provocan una pérdida de la superficie de intercambio gaseoso, por el cual se produce la respiración. Por eso la persona tiene sensación de ahogo. Pero además, las partículas entran al torrente sanguíneo, arrastrando benceno, xileno o tolueno, que son cancerígenos", explica Ortiz.

Leyenda urbana

En la esquina de Maipú y Tucumán vive una leyenda. Por cada calle circulan cuatro líneas de colectivos, ocho en total. Lo dice la farmacéutica de la cuadra, lo repite el panadero y lo confirma el librero. "Si uno deja un bebe de un mes más de dos horas en la esquina, se muere por la cantidad de gases contaminantes que recibe de los colectivos", dice haber oído la responsable de la farmacia Suiza, Lorena Finarelli. No se acuerda de dónde y espera no comprobarlo nunca.

LA NACION consultó a distintos especialistas en salud y medio ambiente que dijeron haber oído la versión pero ninguno conocía una investigación seria que lo hubiera comprobado.

"En general, los efectos sobre la salud son a largo plazo. Se agravan afecciones respiratorias y hasta se puede desarrollar cáncer", explicó Ortiz.

Sobre los más chicos, los efectos pueden ser otros. Un trabajo realizado por especialistas de la Universidad de California, publicada por el American Journal of Epidemiology en agosto de 2002 alertó sobre los efectos nocivos que puede tener el humo negro de los caños de escape en hijos de mujeres que hayan estado expuestas a ese tipo de contaminación durante le embarazo. Entre ellos, bajo peso al nacer, problemas respiratorios o malformaciones.

Por Evangelina Himitian

Denuncias

Durante el primer semestre del corriente año, la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) recibió un total de 8914 denuncias de usuarios del transporte urbano de pasajeros.

Según se informa en la página en Internet de la comisión, sólo 419 de las quejas se originaron por supuestos problemas de polución ambiental y se registraron bajo el genérico nombre de "humo". La cifra representa el 5% del total de las denuncias de los usuarios. El 54% del total de las denuncias, en tanto, fueron presentadas contra los conductores de los casi 15.000 ómnibus que circulan por Buenos Aires.

Comenzará a regir en abril la ley del aire

El tránsito de la ciudad genera por año unos 3,8 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente al 29 por ciento del total de las emisiones de gases con efecto invernadero que aporta el área metropolitana de la ciudad de Buenos Aires al ambiente.

Sólo desde abril próximo, el gobierno porteño estará facultado para controlar lo que los vehículos emiten al aire, así como también las industrias.

Esto es así porque en esa fecha entrará en vigor la ley del aire, que votó la Legislatura porteña en agosto último.

"A partir de entonces, la ciudad podrá controlar las emisiones de gases de los vehículos, tanto cuando están detenidos como en movimiento. Lo mismo que a los colectivos, que hasta ahora solo se los puede controlar detenidos", explicó el diputado porteño Juan Manuel Velasco (Bloque Plural), titular de la Comisión de Ecología.

También los coches porteños deberán pasar por una Verificación Técnica Vehicular (VTV), que será efectuada por el gobierno de la ciudad.

Sin embargo, la VTV de los colectivos seguirá en manos de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte.

Fuente: La Nación
Diciembre 26, 2004