COP-10: México es el país de América Latina que más contamina la atmósfera con emisiones de Gases de Efecto Invernadero

Al igual que otros países de América Latina, México ya sufre las consecuencias del cambio climático producto del calentamiento global que, según la región de que se trate, se profundizará en los próximos años con crecientes sequías y desertificación del suelo, pérdida de masas de hielo, contaminación del agua potable subterránea, desaparición de bosques y avance del océano con salinificación de los terrenos fértiles.

Estos impactos ambientales se traducirán en mayores riesgos en materia de salud pública, producción de alimentos básicos y disponibilidades de agua dulce, además de afectación de infraestructuras y asentamientos humanos e incremento de incendios.

El panorama mexicano surge de los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC), un organismo científico creado especialmente por las Naciones Unidas para analizar y pronunciarse sobre las consecuencias del calentamiento global.

Los informes del PICC, que sólo cuestionan Estados Unidos, Australia y algunos países petroleros como Arabia Saudí están elaborados en base a investigaciones propias, pero principalmente con las comunicaciones oficiales que periódicamente elevan los países firmantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Una compilación de esos informes realizada especialmente para REFORMA por la organización ambientalista Greenpeace revela que en la medida en que en el planeta siga en aumento la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) los procesos de desertificación en México continuarán avanzando en forma acelerada, se elevarán los costos asociados a la erosión de los suelos y se agudizarán las sequías.

En el mediano plazo, serán más frecuentes e intensos los fenómenos naturales (tormentas, lluvias, inundaciones) y se intensificará el deterioro ambiental por la deforestación y la pérdida de la biodiversidad.

Mientras que algunas regiones costeras estarán más expuestas a las inundaciones, la agricultura de temporal, asumirá cuantiosas pérdidas a consecuencia de una mayor frecuencia de sequías afectará el empleo de millones de personas.

Paralelamente, se reducirán las zonas fértiles para la producción de granos básicos, los ecosistemas forestales y sus especies padecerán grandes daños, algunos irreversibles, mientras que el abastecimiento de agua dulce para riego y consumo humano se verá marcadamente reducido.

El informe del panel de expertos divide al país en sus tres grandes regiones, Norte, Centro y Sur, y analiza las consecuencias del cambio climático según las características de cada uno.

Para el Norte agrupa Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Durango, Coahuila, Zacatecas, Nuevo León, Tamaulipas y San Luis Potosí.

Para esta zona, los estudios del PICC prevén que los climas áridos y semiáridos del Norte incrementarán su área de influencia, mientras que podrán desaparecer los semifríos. Allí aumentarán los Índices de sequía y desertificación, y alrededor del 10 por ciento de todos los tipos de vegetación de los ecosistemas forestales se verán afectados por nuevas condiciones climáticas secas y más cálidas.

"Grandes extensiones de pastizales y bosques templados se resentirán por la irrupción de climas más calientes, por lo que podrán incrementarse las zonas de bosques tropicales secos y muy secos, así como también las zonas de matorrales desérticos. La zona ya no será apta para el cultivo de maíz de temporal", señala el informe.

En la zona Centro el trabajo describe a Jalisco, Colima, Michoacán, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, México, Distrito Federal, Morelos, Tlaxcala, Puebla y Veracruz en la zona del Golfo.

De acuerdo a los estudios, en esta zona los climas templados húmedos y semihúmedos tenderán a desaparecer, y en su lugar aumentarán las condiciones climáticas secas y cálidas con algunas pequeñas zonas áridas.

"La sequía y la desertificación, que se presentan en grados bajos, aumentarán y agravarán los problemas de disponibilidad de agua. Por concentrar la mayor densidad de población y de actividades económicas, esta zona presentará una situación de alta vulnerabilidad con demandas de agua y servicios que la zona no estará en condiciones de satisfacer", alerta el informe de los expertos de las Naciones Unidas compilado por Greenpeace.

Añade que la zona perderá potencial agrícola y que los campos de cultivo de maíz pasarán de ser medianamente aptos a ser no aptos.

Además, prevé, los ecosistemas forestales más afectados serán los bosques templados y húmedos, mientras que la zona costera sufrirá pérdida de terreno por la subida del nivel del mar.

Únicos en el mundo por encontrarse a latitudes meridionales, los glaciares o hielos eternos comenzarán a derretirse como sus hermanos patagónicos y andinos debido al calentamiento de las regiones de alta montaña, y a su vez afectarán las disponibilidades de agua en los mantos acuíferos, como ya sucede en la zona del Iztaccíhuatl y el Popocatépetl.

Para sus estudios de la región Sur, los expertos del PICC analizaron la situación de los estados de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

Esta zona es la que menos se verá afectada por el impacto del cambio climático, con la sola excepción del incremento de los huracanes y tormentas tropicales, la elevación del nivel del mar en las zonas del Golfo de México y el Mar Caribe.

"En algunas zonas agrícolas, desaparecerá la superficie apta para el cultivo del maíz de temporal y la franja costera considerada como no apta comenzará a extenderse hacia el interior", señala el trabajo.

Las regiones que más sufrirán el cambio climático serán las costeras del Caribe, debido por un lado a la devastación que provocará el aumento de las tormentas, y por el otro la contaminación por salinidad que originará sobre las napas subterráneas de agua dulce la penetración del mar por la suba de su nivel.

México, que es el país de América Latina que más contamina la atmósfera con emisiones de GEI tiene el desafío de una doble tarea. Por un lado avanzar hacia formas de energía limpia para industria y transporte, y por el otro diseñar planes de infraestructura para prevenir y adaptarse a los cambios climáticos que, lejos de formar parte del futuro, ya son una realidad del presente para millones de personas que aún no lo saben.

Fuente: Reforma (Mexico)
Diciembre 13, 2004