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Protocolo de Kioto: riesgos que asustan a los optimistas
La adhesión de Rusia al Protocolo de Kioto no puso fin a los acalorados
debates en torno a este importante documento internacional, sino que les imprimió nuevos
virajes y matices. Los críticos - el más persistente de los cuales
es como antes el asesor del presidente del país para cuestiones económicas
Andrei Ilariónov - siguen insistiendo en los riesgos y llaman a concentrarse
en la política tendiente a minimizar sus consecuencias para el país.
Es curioso señalar que también los optimistas hablan hoy con más
frecuencia de los riesgos. Por ejemplo, ya se solidarizan con los pesimistas
diciendo que es poco probable que Rusia pueda ganar bastante bien vendiendo una
mercancía tan exótica como las cuotas de gases de invernadero.
Este nuevo recurso natural se formó en el país como secuela de
las decisiones del Protocolo de Kioto. Aunque el documento fue aprobado en 1997,
año de colapso de la industria rusa, pero como punto álgido de
las emisiones fue reconocido el 1990 que marcó el último período
de trabajo de la poderosa industria soviética. Pero esa preferencia de
Kioto concedida a Rusia está perdiendo su valor y tiende a desaparecer
debido a la depreciación de las cuotas de "hot air".
Al decir de los europeos, ellos no tienen demanda especial de cuotas rusas y
ofrecen a razón de 3-4 euros la tonelada de dióxido de carbono. "Este
precio es inadmisible para Rusia", estima el funcionario del Centro Ecológico
Regional de Rusia Serguei Kuráev, uno de los autores y partidarios activos
del Protocolo de Kioto. Sostiene que el precio razonable sería de 20 a
30 dólares la tonelada; de lo contrario, es mejor almacenar excedentes
que tenemos para asegurar el desarrollo de la industria propia. "No hay
que vender cuotas, sino prestar mayor atención a la atmósfera del
país", recomienda también el jefe del Servicio Federal de
Hidrometeorología y Monitoreo del Medio Ambiente A.Bedritski.
En general, a estas alturas la situación en el "mercado de Kioto" no
responde a las esperanzas de los optimistas de obtener beneficios de la venta
de cuotas que podrían ser invertidos en el reequipamiento tecnológico
de las empresas, cuyas instalaciones, a escala del país, ya están
desgastadas en proporción del 80%. Ahora, probablemente, las empresas
tengan que cifrar esperanzas en los recursos propios. Los gastos relacionados
con las nuevas tecnologías y la introducción de los estándares
ecológicos llevarán a encarecer la producción y, por consiguiente,
aumentarán su precio de coste.
Sin embargo, al decir de optimistas, hay riesgos más pérfidos que
las posibles pérdidas en el mercado de cuotas. "El mayor peligro
representa, por ejemplo, nuestro atrasado sistema de contabilidad estadística,
estima Serguei Kuráev.- Por supuesto, existen los cómputos oficiales,
pero es dudoso que éstos reflejen la situación real. Nadie conoce,
por ejemplo, el tipo de productos que emitía la industria de guerra de
la URSS en 1990, año básico, ya que todos los datos del complejo
industrial militar se mantenían en secreto. También ahora no sabemos
qué y cómo se consume en nuestro país ni conocemos el tipo
de emisiones a la atmósfera". En Rusia no existe aún la contabilidad
unificada de las empresas y se requerirán muchos esfuerzos para crearla
y poner en marcha.
Otro riesgo serio es la desorganización funcional. Hoy en Rusia no existe
un órgano único encargado de administrar el medio ambiente. Las
funciones del Comité Estatal de Ecología, disuelto en 2000, fueron
transmitidas al Ministerio de Recursos Naturales, pero hoy se hallan dispersadas
entre diversos departamentos. Los problemas relacionados con la realización
del Protocolo de Kioto, corren a cargo de varias estructuras, de las cuales la
principal es el Ministerio de Desarrollo Económico y Comercio. En opinión
de los optimistas, la "dispersión de las funciones" y la falta
de un organismo centralizado único encargado de ocuparse de los problemas
de Kioto, también puede acarrear consecuencias nefastas.
El año saliente, 2004, se señaló por el reconocimiento de
jure del Protocolo de Kioto. Este importantísimo documento internacional
entrará en vigor el 16 de febrero de 2005 y requerirá acciones
concretas de las partes que lo firmaran. Junto con todos, Rusia será participante
del mercado internacional. Sin embargo, no está creado aún el sistema
nacional de transferencias y ventas de cuotas, lo que entraña otro riesgo
grave para la eficaz puesta en práctica del Protocolo de Kioto.
Fuente: Rian (Rusia)
Diciembre 16, 2004
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