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Harán un inventario de especies actuales y fósiles
Veinte científicos, tras las huellas
de vertebrados entrerrianos
Por primera vez se realiza un estudio tan abarcador;
se prolongará tres
años
* Incluirá mamíferos, aves, reptiles y anfibios, muchos
de ellos ya desaparecidos
* El equipo será dirigido por el geólogo del Conicet Florencio
Aceñolaza
PARANA.- Veinte científicos argentinos estudiarán en conjunto
durante tres años a mamíferos, aves, reptiles y anfibios
que habitan o habitaron Entre Ríos, muchos de ellos ya desaparecidos
del planeta.
El Centro de Investigaciones de Diamante, que depende del Conicet, obtuvo
un subsidio de la Agencia Nacional de Promoción Científica
y Tecnológica para desarrollar este trabajo desde las próximas
semanas y hasta 2006, con la participación de científicos
locales y de sus pares de la División Paleontología del
Museo de La Plata y de la Universidad Nacional de Tucumán.
El equipo será dirigido por el doctor Florencio Gilberto Aceñolaza,
un reconocido geólogo, investigador del Conicet y catedrático
universitario en Tucumán, oriundo de la localidad entrerriana
de Villa Urquiza, donde su familia posee un museo regional. La investigación
aprovechará los conocimientos desarrollados en este lustro sobre
algunas especies nativas, como ocurre con el programa de recuperación
del perseguido yacaré overo o ñato, a cargo de los ingenieros
Antonio Velazco y Yolanda Querchi.
.
Especial interés despiertan para este caso la mulita y el peludo,
mamíferos edentados desarrollados en Sudamérica, y su pariente
fósil, el enorme gliptodonte. También, los marsupiales
que poblaron estas tierras y cuyo principal heredero contemporáneo
es la comadreja mora o mbicuré.
"
La diversidad paleontológica de marsupiales en América
del Sur fue similar o más rica incluso que la de Australia, del
tiempo en que esta parte del continente estaba unida a Oceanía
por medio de la Antártida. Cuando quedaron separados, y después
de los cambios paleoclimáticos, Australia desarrolló una
diversidad más rica que la de América del Sur. Algunos
de sus marsupiales derivan de los nuestros, aunque allá hicieron
su propia radiación", comentó el doctor Jorge Noriega,
vicedirector del Centro de Investigaciones de Diamante y jefe del Laboratorio
de Paleontología de Vertebrados de ese instituto.
Apuntó que el proyecto de investigación fue presentado
a un concurso a fines de 2002, y hace unos días conocieron el
resultado favorable. "Realizaremos un inventario y una puesta al
día del estado actual de la fauna de Entre Ríos en lo que
hace a vertebrados, con excepción de los peces, mientras que desde
la paleontología aportaremos la coordenada vertical, con información
del Cuaternario, principalmente, y también del Terciario",
dijo el profesional.
Curiosidades
Entre las curiosidades que clasificará el equipo multidisciplinario
se encuentran dos especies lejanas y parecidas a la vez: "Tuvimos
el tigre dientes de sable marsupial, por ejemplo (tilacosmílidos),
con un cráneo del tamaño del de un puma, con caninos grandísimos.
Morfológicamente se parecía a un león, pero estaba
más emparentado filogenéticamente con una comadreja que
con un león. Luego llegó el esmilodonte (tigre dientes
de sable propiamente dicho), con los restantes carnívoros placentarios
que ingresaron desde el norte hace unos 2 millones de años aproximadamente,
a fines del Terciario e inicios del Cuaternario, gracias a la formación
del istmo de Panamá que vinculó el territorio de Norteamérica
con el de Sudamérica. Desde entonces es llamativa la declinación
de muchos grupos autóctonos, no sólo con el ingreso de
los esmilodontes sino también de los ungulados (que caminan sobre
los dedos, pezuñas), quizá porque compitieron por los alimentos
y el hábitat, o contrajeron enfermedades de los animales inmigrantes
que hasta el momento eran desconocidas para nuestra fauna más
autóctona", indicó Noriega.
La investigación permitirá conocer el estado actual de
centenares de especies autóctonas, desde las más conocidas,
como el carpincho, la vizcacha, el guazuncho, el zorrino, la comadreja
mora, el ñandú, inambú (perdiz), el yacaré o
el coipo (nutria), hasta otras casi desaparecidas: el aguará guazú,
el zorro gris, las comadrejas colorada y enana; los gatos moro, montés
y del pajonal; el lobito de río, las mulitas chica y pampeana,
y centenares de pájaros, víboras y ranas.
Se conocerá entonces la verdadera densidad de la población
de aguará popé (Procyon cancrivorus), esos ositos primos
de los mapaches que acostumbran lavar la comida en el arroyo antes de
servirse y dejan marcadas sus manitos en la arena, y que aún resisten
en los montes del litoral, y se sumará la búsqueda de los
ancestros. De hecho ya se han registrado fósiles de yaguaretés,
carpinchos o vizcachas y otros animales del Holoceno medio a temprano
(período posterior a la última glaciación, iniciado
hace unos 10.000 años), pero además tratarán de
dar respuesta a grandes interrogantes de la ciencia. Por ejemplo, qué especies
participaron de la extinción masiva junto a los mastodontes, los
perezosos (el milodón, el megaterio, el glosoterio), los toxodontes
(ungulados) y los tigres dientes de sable hace unos 8.500 años.
De esa época en que desapareció la megafauna (animales
de una o varias toneladas) datan precisamente los rastros más
antiguos de seres humanos aquí, en las costas del río Uruguay,
y por eso se buscarán más indicios que permitan precisar,
por ejemplo, el período que pudieron compartir el hombre y el
mastodonte.
No faltarán capítulos destinados a los caballos, borrados
del mapa 8.000 años antes de que incursionaran sus primos desde
Europa con los viajes de Cristóbal Colón; a las sorprendentes
macrauquenias, ungulados con trompa anteriores a la irrupción
en el cono sur de ciervos, guanacos y llamas. Tampoco estará ausente
la discusión sobre el lugar que ocuparon las gigantescas aves
corredoras carnívoras, los fororracos, que junto con las mulitas
expandieron su hábitat hacia el norte, con la aparición
del istmo (a la inversa de los esmilodones y ungulados).
Habrá referencias a la no menos llamativa presencia de ballenas
sepultadas en la altas barrancas del Paraná, a 500 kilómetros
del océano, como testimonio del ingreso del mar, hace 15 millones
de años. El director del Centro de Investigaciones de Diamante,
Armando Brizuela, aportará sus conocimientos sobre censores remotos
de imágenes satelitales para registrar la distribución
de las especies actuales mediante un sistema de información geográfica.
Por Daniel Tirso Fiorotto -
Corresponsal en Entre Ríos
Fuente: La Nación (Argentina)
Diciembre 26, 2003
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