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Ituzaingó Anexo: un cóctel de
contaminantes y enfermedades
Barrio Ituzaingó Anexo se transformó en un caso testigo
de contaminación ambiental, pero también en un ejemplo
de lucha civil.
Aunque el informe independiente que están realizando la Cátedra
de Biología Evolutiva de la Universidad Nacional de Córdoba
y Funam recién estará terminado en marzo de 2004, sus primeras
conclusiones difieren por completo del diagnóstico que hace la
Dirección Provincial de Ambiente.
Por eso es necesario repasar con seriedad técnica lo mucho que
hoy se sabe gracias a los investigadores, al barrio, y a sus habitantes.
La movilización de las madres logró que se iniciara allí uno
de los estudios ambientales más intensos e innovadores que registra
Córdoba. Lo inédito es que sus protocolos de análisis
fueron originalmente propuestos por los vecinos, y no por el Gobierno.
Cada estudio fue consensuado y luego seguido muy de cerca por las madres
del barrio.
A medida que el Ceprocor entregaba los resultados de los análisis
químicos, el rompecabezas ambiental se volvía más
y más sorprendente. La primer conclusión fue que en el
barrio no actuaba un contaminante, sino muchos, y al mismo tiempo. Esto
dio origen a la noción de cóctel de contaminantes. Durante
años, los vecinos estuvieron expuestos a contaminantes persistentes
de origen natural, como arsénico, plomo y cromo, y a plaguicidas
que se aplicaban en los campos vecinos. En el sedimento de los tanques
de agua, por ejemplo, detectamos 74 partes por millón de plomo,
44 ppm de arsénico, y 27 ppm de cromo. Estas cifras superan en
1480, 880 y 540 veces, respectivamente, los valores permitidos por nuestra
legislación para agua.
Técnica versus burocracia
Lamentablemente, la lectura técnica es muy distinta de las conveniencias
burocráticas. Los tres grandes grupos de contaminantes hallados
en el barrio (arsénico, metales pesados y plaguicidas) actuaron
como si fuesen un cóctel, mezclado a su vez con los contaminantes
que generaban los propios vecinos en sus viviendas.
Antes de que se cambiara el sistema de provisión de agua, la
cooperativa que la proveía solía interrumpir sus servicios.
Al reiniciarse, el agua caía sobre los sedimentos, que podían
ingresar entonces a la red y ser consumidos. Cuando el agua se calentaba
para cocinar o preparar leche en polvo, aumentaba la concentración
de los contaminantes que venían desde los tanques sin tapa.
La procedencia del arsénico y de los metales era una incógnita.
Pero gracias al estudio pudimos saber que los suelos de los campos vecinos
estaban naturalmente contaminados con altos valores de arsénico
(hasta 43 ppm) y cromo (13 ppm), desde donde los podía llevar
el viento. Lo irónico es que con ese valor de arsénico,
43 ppm, el campo vecino al barrio está muy por encima de lo que
permite la Ley Nacional de Residuos Peligrosos 24051, que es de 20 ppm.
Resulta por lo menos curioso que la Dirección de Ambiente de la
provincia no haya tomado medidas al respecto. También es posible
que parte de la contaminación por arsénico, plomo y cromo
de los sedimentos de los tanques se haya acumulado a partir de los pequeños
niveles que traía el agua de la cooperativa, pero esta hipótesis
no ha sido todavía confirmada. El arsénico es un “cancerígeno
humano cierto” para la Agencia de Investigación sobre el
Cáncer (Iarc).
Los sedimentos de los tanques (y de los suelos de la viviendas) también
contenían pequeñas cantidades de plaguicidas. Se halló endosulfán
y DDT, actualmente prohibido. Considerados aisladamente parecen no plantear
un gran problema toxicológico. Pero tanto el endosulfán
como el DDT e incluso el arsénico son disruptores endocrinos,
y esto no tiene nada que ver con su toxicidad. Al tener actividad estrogénica
pequeñas dosis pueden alterar el sistema hormonal de las personas
expuestas.
Una parte del barrio está sometida además a los campos
magnéticos de líneas superpuestas de media y baja tensión.
Las medidas efectuadas mostraron que en numerosos lugares y momentos
esos campos superaban los 0,3 microteslas (unidad con que son medidos).
Aunque estas lecturas no violan la obsoleta resolución 77/98 del
Ministerio de Economía, tanto los estudios de Greenland como los
de Ahlbom mostraron que a valores de campo magnético superiores
a 0,3-0,4 microteslas el riesgo de leucemia infantil crecía en
1,7-2,0 veces. Esto también forma parte del cóctel.
Finalmente están los PCB. En el barrio había un transformador
contaminado con esta sustancia. No se halló PCB en suelo, pero
en numerosas oportunidades el aceite contaminado se volatilizó.
Si hubo algún efecto debió limitarse a unas pocas decenas
de metros alrededor del aparato.
La Dirección de Ambiente de la provincia minimizó sus
efectos diciendo que para el Iarc los PCB son probables cancerígenos
(grupo 2A), como si ese “probable” los tornara inofensivos.
Nada más alejado de la realidad. La lista de sustancias cancerígenas
del Iarc establece cinco categorías (1, 2A, 2B, 3 y 4). Los PCBs
están en el segundo grupo más crítico (2A) no en
el 3 ni en el 4, donde se ubican, sí, las sustancias que “no
son probablemente cancerígenos”. Los PCB son además
disruptores endocrinos.
Riesgos, ayer y hoy
¿Qué sucedió y sucede en el barrio? La respuesta,
preliminar pero no por ello menos cierta, es que durante años
actuó un cóctel de contaminantes, y que la gravedad de
ese cóctel varió a su vez de vivienda en vivienda. En algunos
casos la aplicación de plaguicidas fue tan insensata que los niños
quedaban literalmente impregnados.
Hoy ya desaparecieron algunas de las fuentes, pero los campos magnéticos
y el uso de plaguicidas continúan. En un cóctel lo que
importa es la acción simultánea de muchos contaminantes,
no solo la de uno en particular.
Esta contaminación que viene desde fuera de las viviendas se
suma a la que producen algunos de sus ocupantes al fumar o quemar plásticos
ftalatos. El resultado es más riesgo.
Lo que no puede admitirse es que se omitan con ligereza burocrática
datos contundentes. Cuando en marzo del 2004 se realice la Segunda Conferencia
Internacional sobre Niños y Salud Ambiental en la Escuela de Higiene
y Medicina Tropical, en Londres, quedará formalmente presentado
el principio de cóctel de contaminantes.
Su aplicación, que salvará seguramente muchas vidas, nació de
ese grupo de madres de barrio Ituzaingó Anexo que sin tener títulos
universitarios ni cargos públicos tuvieron la valentía
de preguntarse porqué la gente se enfermaba.
Por Raúl Montenegro Biólogo, presidente de Funam
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montenegro@funam.org.ar
Fuente: La Voz del Interior (Córdoba - Argentina)
Diciembre 31, 2003
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