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Primeros frigoríficos realmente verdes
BUENOS AIRES, dic (Tierramérica) - A fin de año una pequeña
empresa de Argentina lanzará al mercado un nuevo modelo de frigorífico.
Pero no será un refrigerador más: pasará a la historia
por ser el primero en América continental que funcionará
sin dañar la capa de ozono ni contribuir al calentamiento global.
El modelo se utiliza en Europa desde hace casi una década. Pero
las compañías trasnacionales que lo fabrican allí
se resisten a mudar la producción a América.
Firmas argentinas y de otros países latinoamericanos intentaron
infructuosamente el mismo desarrollo, hasta que este año lo logró
Autosal, una empresa con 180 empleados responsable de las marcas Columbia
y Koh-i-noor.
El precio y el tradicional modelo y color blanco no tendrán cambios.
Para advertir la novedad hay que revisar la caja negra que está
en la parte trasera del equipo, esa que se disimula contra la pared de
las cocinas.
Allí, dentro del motor compresor, el agente refrigerante no es
más el clorofluorocarbono (CFC) destructor de las moléculas
del ozono estratosférico que protege la vida terrestre de las radiaciones
solares dañinas.
Tampoco se encuentra el nocivo hidroclorofluorocarbono (HCFC), que no
agota la capa de ozono pero es un gas de efecto invernadero, pues contribuye
a recalentar el clima del planeta.
El nuevo refrigerante es el isobutano, un gas de la familia de los hidrocarburos
que cuenta con el visto bueno del Protocolo de Montreal, destinado a eliminar
los gases que dañan la capa de ozono.
Los HCFC fueron un paso adelante de los CFC, hasta que se comprobó
su calidad de gases invernadero. En cambio, el isobutano pasa la prueba
del Protocolo de Kyoto, el acuerdo internacional para reducir las emisiones
de gases que contribuyen al cambio climático que aún no está
en vigor.
El nuevo modelo de frigorífico reemplaza asimismo al hidrofluorocarbono
(HFC) que se utilizaba como agente de expansión de la espuma aislante
para insertar en puertas y paredes del aparato electrodoméstico.
Para ese fin se utiliza ciclopentano, otro gas hidrocarburo. De esta
manera, el producto cumple con los requerimientos de ambos protocolos,
tal como ocurre con la mayoría de los refrigeradores a la venta
en Europa.
La técnica fue desarrollada a comienzos de los años 90
por la organización ecologista Greenpeace, que la llamó greenfreeze
y financió la producción de un prototipo de reemplazo de
CFC y HCFC por gases hidrocarburos. Para asegurar su difusión masiva,
Greenpeace se abstuvo de patentar el invento.
Al principio la idea fue rechazada por los principales fabricantes de
refrigeradores de Alemania, que acababan de invertir en el reemplazo de
los CFC por HCFC.
Las empresas alegaron también razones de seguridad, por tratarse
de gases inflamables. Pero una firma al borde de la bancarrota, afincada
en lo que fue hasta 1990 Alemania Oriental, se abrazó a la idea,
relató a Tierramérica la coordinadora de la Campaña
Soluciones de Greenpeace Argentina, Mariana Walter.
En poco tiempo la empresa alemana Foron aumentó notablemente sus
ventas, tanto que al cabo de algunos meses los grandes fabricantes de ese
país reconvirtieron sus plantas a la nueva tecnología, presionados
por la demanda del mercado.
Así, trasnacionales como Whirlpool, Bosch o Electrolux comenzaron
a producir frigoríficos con tecnología verde en Europa, pero
no en América.
Ni siquiera los países más desarrollados del hemisferio,
Estados Unidos y Canadá, han adoptado esta producción, que
requiere inversiones adicionales.
Sólo Cuba, impedida de importar refrigerantes químicos
en virtud del embargo estadounidense de más de tres décadas,
fabricaba refrigeradores con gases hidrocarburos.
Varios fabricantes argentinos procuraron adaptar sus fábricas
a la producción limpia pero todos los intentos acabaron en fracaso.
De cuatro firmas que comenzaron el proyecto, tres quebraron,
sintetizó Walter. Sólo quedó Autosal, radicada en
la provincia nororiental de San Luis, que abastece a 12 por ciento del
mercado.
Hasta ahora vende 12.000 unidades por año, pero proyecta colocar
5.000 por mes con el nuevo modelo, dijo a Tierramérica el gerente
de mercadero de Autosal, Guillermo Moro.
La firma invirtió 1,5 millones de dólares en la reconversión,
800.000 aportados por el Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal,
creado para asistir los procesos industriales que necesitan los países
en desarrollo para cumplir con la meta de eliminar los CFC para 2010.
Según Moro, las medidas de seguridad que requieren el isobutano
y el ciclopentano no son mayores que para otras fábricas de refrigeradores.
Colocamos sensores capaces de detectar cualquier fuga de gas,
dijo el ejecutivo.
Aunque la nueva producción es un poco más cara, la compañía
resolvió absorber la diferencia y mantener los precios.
La nueva tecnología limpia no será publicitada por la empresa.
Salimos al mercado cuando casi termina la temporada (de compra de
heladeras, de octubre a enero), y no nos conviene lanzar una campaña
publicitaria ahora. Quizás el año próximo, explicó
Moro.
En cambio, Greenpeace se ocupará de difundir el nuevo producto.
Es un hecho clave para abrir el juego en la región a otras
empresas que se quieran sumar al uso de esta tecnología, explicó
Walter.
La idea de los ecologistas es repetir lo ocurrido en Alemania: que los
consumidores interesados por los beneficios de la tecnología demanden
al mercado más productos verdes.
Por Marcela Valente
Fuente: Tierramérica
Diciembre 13, 2003
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