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Bush juega sucio con el medio ambiente
El presidente de EE.UU. desmantela años de avances
ecológicos de demócratas y republicanos, desafiando la ley
y la ciencia.
Es evidente que la Casa Blanca de Bush está desmantelando treinta
años de avances ecológicos bipartidarios, y lo hace en abierto
desafío a la ley, la ciencia, el sentimiento popular y el sentido
común.
La aterradora fama que tiene el gobierno de Bush en lo que respecta a
ecología no es una mera crítica opositora. Los avances ecológicos
que los estadounidenses disfrutaron durante años demuestran que
la enérgica protección de nuestros recursos naturales resulta
eficaz sin que atente por ello contra la prosperidad económica.
Las destructivas reducciones que dispuso el gobierno ponen en juego décadas
de progreso, y ya empezaron a tener consecuencias funestas.
Tres años después de que el presidente Bush empezara a
instrumentar ese tipo de políticas, los ríos estadounidenses
presentan indicios de contaminación por primera vez desde que se
aprobó la Ley de Agua Limpia, según informó la Dirección
de Protección del Medio Ambiente.
Las políticas gubernamentales llevaron el rendimiento del combustible
automotor al nivel más bajo en varias décadas.
Los abogados de la Dirección de Protección del Medio Ambiente
anunciaron hace poco que desistirían de demandar y de llevar a cabo
investigaciones criminales contra cincuenta centrales eléctricas
cuyas emisiones ilegales son responsables de una contaminación con
mercurio que hizo que no fuera seguro comer pescado en 28 Estados, de ataques
de asma que afectaron a uno de cada cuatro niños negros de zonas
pobres, de lluvias ácidas que esterilizaron los lagos Adirondacks
y destruyeron los bosques del este, y de una contaminación del aire
como consecuencia de la cual mueren 30.000 estadounidenses por año,
según datos que aportó la Academia Nacional de Ciencias.
Esas empresas le donaron millones a Bush, que devolvió la inversión
socavando la Ley de Aire Limpio, eliminando la disposición que exigía
a las centrales eléctricas y refinerías más antiguas
y sucias de los Estados Unidos instalar modernos controles de contaminación
del aire cuando se expandieran.
El Departamento del Interior de Bush es el primero que no hace la más
mínima referencia a ninguna especie que pueda hallarse en peligro.
Peor aún, utilizó información científica fraudulenta
en un intento de eliminar de la lista de especies protegidas a animales
como el oso gris, el cisne trompetero y la pantera de Florida.
Lamentablemente, hay centenares de ejemplos más. En momentos en
que nuestras autoridades deberían abordar problemas tan urgentes
como el calentamiento global, la reducción y desaparición
de distintas especies y espacios abiertos, el gobierno de Bush da prioridad
a los contaminadores mediante el aumento del nivel de vida de unos pocos
estadounidenses privilegiados y el descenso de la calidad de vida del resto
de nosotros.
por Robert F. Kennedy Jr. - ABOGADO DEL CONSEJO DE DEFENSA DE RECURSOS
NATURALES
Copyright Clarín y Los Angeles Times, 2003. Traducción
de Cecilia Beltramo.
Fuente: Clarín (Argentina)
Diciembre 01, 2003
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