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Bacterias degradan petróleo en la Antártida
BUENOS AIRES, dic (Tierramérica) - Hace 25 años se sabe
que muchas bacterias son útiles para limpiar derrames petroleros
en suelos de clima templado, donde los microorganismos se reproducen
fácilmente y degradan las sustancias contaminantes. Esta técnica
puede usarse ahora en la helada Antártida, gracias a un hallazgo
de dos científicos argentinos.
El biólogo Walter Mac Cormack, del Instituto Antártico
Argentino, y el bioquímico Lucas Ruberto, de la Universidad de
Buenos Aires, se propusieron estudiar un proceso de remediación
biológica eficiente en condiciones de frío extremo como
las de la Antártida, donde la temperatura media es inferior a
cero.
La remediación biológica --proceso para limpiar mediante
microorganismos suelos contaminados con metales pesados o hidrocarburos--
se aplica desde hace tiempo. Pero ”las bacterias que degradan hidrocarburos
se reproducen a una temperatura entre 20 y 30 grados”, explicó Mac
Cormack a Tierramérica.
”A cuatro grados no crecen y entonces los procesos (de descontaminación)
no tenían éxito o eran demasiado lentos como para ser considerados
eficientes”, añadió.
Y había otro obstáculo.
El Protocolo de Madrid, que establece normas de preservación
ambiental del continente helado, prohíbe introducir virus, bacterias
o cualquier microorganismo de otra región, del mismo modo que
impide la toma de muestras, salvo para fines científicos previamente
autorizados.
El Protocolo es un anexo al Tratado Antártico en vigor desde
1961 y del que forman parte 45 estados, 12 de ellos miembros consultivos:
Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia,
Gran Bretaña, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Rusia y Sudáfrica.
Estas restricciones obligaban a utilizar bacterias autóctonas
en todas las pruebas. La solución vino de la mano de los sicrófilos
facultativos, que crecen a temperaturas muy bajas, pero se adaptan a
un clima con más de 20 grados.
Las pruebas se realizaron en bases argentinas de la península
Antártica, 1.000 kilómetros al sur de América del
Sur, donde el clima es menos crudo, con el barómetro bajo cero
la mayor parte del año y algunos días de hasta 20 grados
en el verano austral.
Las investigaciones demostraron que la remediación biológica
es posible en la Antártida, aunque no hay una estrategia única,
sino depende de la cantidad de contaminantes y de la historia de los
suelos a tratar.
Por ejemplo, los científicos trabajaron con las bacterias de
suelos saturados de hidrocarburos cercanos a los tanques de almacenamiento
de combustible.
En ese ambiente de contaminación crónica por el permanente
goteo de gasolina, el suelo ya está acostumbrado a esa flora microbiana,
que prolifera por la presencia de fósforo y nitrógeno y
que degrada los residuos.
Para acelerar el proceso se adicionaron más nutrientes, con lo
que se logró eliminar más de 80 por ciento de los hidrocarburos
en menos de 60 días.
En cambio, en los suelos contaminados por primera vez debido a un derrame
la respuesta de la flora microbiana autóctona, menos abundante,
no era tan eficiente. Se hizo necesario sembrar más microorganismos
degradadores, aislados en la zona, para acelerar el proceso.
Comparada con otros sistemas de descontaminación de suelos, como
la incineración o el lavado, la biorremediación es el menos
costoso.
”Esto confirma que aun en ambientes tan extremos existe una notable
adaptación de la flora bacteriana a los compuestos contaminantes,
y que el proceso (de descontaminar por biorremediación) podría
ser satisfactorio en el corto período estival”, concluyeron
Mac Cormarck y Ruberto en su informe.
La misma técnica puede utilizarse en la austral Patagonia argentina,
donde se concentran las riquezas petroleras y gasíferas del país.
Casi 75 por ciento de la producción argentina de petróleo
proviene de las cuencas de la provincia de Neuquén y de San Jorge,
ambas en la Patagonia. Y en Neuquén se encuentra el gasoducto
de Loma de la Lata, el mayor del país.
La biorremediación comenzó a utilizarse dos décadas
atrás como complemento de la remoción física de
los derrames provocados por diversos tipos de accidentes.
Si un barco naufraga y la marea negra llega a las costas, los microorganismos
trabajarán sin urgencia allí luego de una primera recogida
mecánica del vertido.
”En el mar resulta más eficiente la remoción física”,
sostuvo Mac Cormack.
En cambio en la contaminación de suelos usualmente penetrados
por hidrocarburos la limpieza mediante bacterias es ideal, a juicio de
los científicos.
”El suelo contiene el vertido, y entonces allí es más
fácil aplicar la biorremediación”, remarcó Mac
Cormack.
Los accidentes más comunes en tierra son la perforación
de un oleoducto o de una cisterna de combustible y los derrames por transporte.
En el continente blanco, donde el Tratado Antártico prohíbe
cualquier explotación mineral o de hidrocarburos, los riesgos
proceden del almacenamiento y traslado de combustible.
El accidente más grave ocurrido en la región fue el del
buque Bahía Paraíso, que se hundió en las costas
de la península en 1989, derramando unos 600 mil litros de diesel
frente a la base Palmer de Estados Unidos, recordó a Tierramérica
el biólogo José María Acero, responsable del Programa
de Gestión Ambiental del Instituto Antártico Argentino.
Las consecuencias ”no fueron catastróficas porque el combustible
era liviano y los vientos fuertes ayudaron”.
Pero existen ”pequeños accidentes” en la manipulación
de combustible para las bases, para los cuales se trabaja con ”planes
de contingencia”, explicó.
”En 1994 en la base argentina Marambio se rompió la válvula
de una cisterna y se nos fueron 80 mil litros de combustible”,
recordó. Ahora hay mecanismos para evitar esas fugas.
Pero el hallazgo es importante para combatir un eventual derrame a gran
escala que amenace al continente de 14 millones de kilómetros
cuadrados, considerado un laboratorio natural para la investigación
científica.
Por Marcela Valente
Fuente: IPS (International Press Service)
Diciembre 19, 2003
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