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Según diversos estudios científicos
Alta contaminación en las aguas recreativas
de Buenos Aires
Fuentes y ríos son un riesgo para la salud
Con la ciudad transformada en un horno de cemento y asfalto, en el que
basta apoyar un pie en la vereda para sentir los efectos abrasadores
de la célebre sensación térmica, es entendible
que todo porteño acaricie la idea de darse un chapuzón...
donde sea.
Pero tal vez no sea muy recomendable: diversos estudios científicos
coinciden en mostrar que las aguas usadas para la recreación en
la ciudad y la costa bonaerense presentan altos niveles de contaminación.
En algunos casos, mucho más altos que lo aconsejable.
Bacterias como la Scherichia coli, o la Pseudomonas aeruginosa -presentes
en los cuerpos de agua naturales y artificiales de la ciudad-, y también
residuos cloacales, contaminantes orgánicos persistentes (COP,
plaguicidas organoclorados, bifenilos policlorados o PCB, que permanecen
en el ambiente sin degradarse y producen efectos tóxicos agudos
y crónicos), sumados a hidrocarburos y metales, como cobre, plomo,
cadmio y mercurio, que se acumulan en el estuario y en las zonas costeras
del Río de la Plata, constituyen un riesgo para la salud humana.
Entre los trabajos que lanzan una señal de alerta se encuentra
un proyecto de investigación financiado por la Unesco y llevado
adelante por los doctores Daniel Corach, jefe del Servicio de Huellas
Digitales Genéticas y titular de la Cátedra de Genética
y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica
de la Universidad de Buenos Aires (UBA); Valeria Trípodi, química
analítica, y Andrea Sala, genetista de poblaciones, permitió constatar
que algunos de los espejos de agua de la ciudad, como el Riachuelo y
el Río de la Plata, presentan altos niveles de contaminación
bacteriana.
El doctor Corach viene desarrollando desde hace más de una década
las técnicas de análisis de ADN para identificación
forense y determinación de vínculos de parentesco, y en
la actualidad su laboratorio ofrece servicios a once poderes judiciales,
además del de la Nación.
"El año último hice un proyecto que podría
llegar a cubrir de alguna forma un área que está vacante
-afirma-, que es la evaluación del estado sanitario de las aguas
recreativas. Qué pasa con las fuentes de las plazas, del Planetario...
Empleando las técnicas que nosotros conocemos bien para humanos,
propusimos desarrollar un sistema rápido de detección de
contaminantes bacterianos ambientales, con posible riesgo patológico
y algún impacto epidemiológico."
La ciudad de Buenos Aires es uno de los mayores conglomerados del mundo.
Junto con el conurbano y la ciudad de La Plata, reúne 13 millones
de habitantes y el 50% de la capacidad industrial del país, una
concentración demográfica y productiva de gran impacto
sobre el medio ambiente.
Del análisis de las muestras obtenidas en todas las áreas
de estudio (ver mapa) del trabajo "Evaluación de contaminantes
bacterianos en aguas fluviales, pluviales y de consumo humano de la ciudad
de Buenos Aires mediante análisis de ADN", distinguido con
el Premio Ciudad y Tecnología 2003 del gobierno porteño,
surge que los microorganismos que predominan en las áreas de recreación
pública pertenecen a las familias Enterobacteriaceae y Pseudomonadaceae
.
Las enterobacterias están asociadas principalmente con trastornos
gastrointestinales, infecciones oculares, complicaciones dermatológicas,
infecciones de oído, nariz y garganta, y patologías respiratorias.
La Pseudomonas aeruginosa afecta principalmente a pacientes inmunocomprometidos
y a aquellos con desórdenes metabólicos y hematológicos.
Esta última fue detectada en todas las áreas en estudio,
mientras que Escherichia coli y Enterobacter sp. fue aislada en la mayoría.
Según los indicadores bacterianos, entre las zonas más
contaminadas se encuentran las aguas del Riachuelo que corresponden a
las zonas de La Boca y el puente Pueyrredón, si bien se detectan
elevados niveles de contaminación en otras áreas estudiadas.
"En un año pudimos hacer un relevamiento completo y avanzar
mucho en el desarrollo de un sistema biotecnológico, un kit, para
hacer un diagnóstico del estado de los cuerpos de agua -explica
Corach-. Vimos que muy rápidamente se puede hacer un relevamiento
de tipo cualicuantitativo sin grandes costos, lo que permitiría
realizar en un monitoreo semanal, tomando muestras de todos los lugares
donde la gente se puede ir a bañar."
Los investigadores proponen poner a punto este sistema, rápido,
sencillo y altamente confiable, para determinar cada una de las bacterias
presentes en los cuerpos de agua recreacionales de la ciudad, pero también
en los tanques de agua. Este sistema facilitaría un control permanente
del grado de contaminación de las aguas.
Entre otras cosas, subraya el científico, "si uno pudiera
hacer un monitoreo asociado con un saneamiento permanente, no sólo
se podría mantener la ciudad un poco más limpia, sino también
trazar una reglamentación acorde con la realidad local. Hasta
ahora, los límites permitidos se basan en parámetros del
exterior".
Las bacterias detectadas en el muestreo realizado por el equipo del
Conicet y de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA son
potencialmente patógenas, especialmente para aquellos con un compromiso
inmunológico. "Los chicos y los ancianos son los más
susceptibles -explica Trípodi-. Sin embargo, cuando fuimos a tomar
las muestras yo iba con guantes y al lado mío los chicos se tiraban
al río sin más."
Tras la primera parte del trabajo, que consistió en un muestreo
a lo largo del año para definir el predominio de las distintas
especies bacterianas, los científicos están diseñando
el sistema de secuencias de ADN que permita detectar cada una de esas
especies bacterianas de manera rápida, sensible y altamente selectiva,
sin necesidad de realizar cultivos, aislamientos ni identificaciones
bioquímicas previas. Una tercera etapa consistiría en aplicar
este sistema a la evaluación de contaminantes bacterianos en aguas
de tanques (consumo domiciliario). Y, finalmente, se emplearía
para la implementación de guías que determinen criterios
y límites de aceptabilidad de presencia de contaminantes en aguas
recreacionales.
"Hasta ahora encontramos multiplicidad de bacterias, que en algunas
zonas están dentro de límites aceptables y en otras exceden
lo esperado -afirma Corach-. Probablemente también habrá que
tener en cuenta cuestiones estacionales. Por eso, desde enero hasta diciembre
próximo vamos a hacer el seguimiento mensual para ver cómo
varía el contenido bacteriano en el agua. Lo ideal sería
que el Gobierno de la Ciudad tomara cartas en el asunto."
Por
Nora Bär
Fuente: La Nación (Argentina)
Diciembre 22, 2003
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