|
Los ríos son las principales víctimas
y victimarios de la contaminación
Son la materia prima que nutre gran parte de la capacidad productiva
mundial y constituyen junto a los lagos, la humedad del suelo y las cuencas
de aguas subterráneas en la principal fuente para consumo humano,
pese a los cual sufren un deterioro constante por acción humana.
Las constantes intervenciones del hombre sobre la naturaleza tienen
en el caso de los ríos un efecto de consecuencias sociales y económicas
multiplicadoras al constituir la materia prima que nutre gran parte de
la capacidad productiva mundial, y ser una de las principales fuentes
de agua para consumo humano.
El riego indiscriminado; el vertido de desechos contaminantes y la construcción
de represas, son algunos de los factores que inciden en el deterioro
de los cursos de agua dulce y que de acuerdo a las previsiones de las
Naciones Unidas traerían problemas de suministro a gran parte
de la población mundial cuyo crecimiento importará para
el 2025 un incremento del 56 por ciento en la demanda de agua.
Pese a que la superficie terrestre está constituida en un 71
por ciento de agua, por lo que extraña que el planeta no haya
sido bautizado con el nombre de ese elemento, sólo el 2,5 por
ciento de ese total es agua dulce y el 33 por ciento de ese mínimo
porcentaje es líquido que fluye en forma de río.
El 97 por ciento restante es agua salada, lo que marca la importancia
que significa para el futuro de la vida humana el aplicar políticas
de conservación de los ríos como fuente principal para
el consumo.
El estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA) conocido como GEO 3 precisó que los tres factores principales
que causaron el aumento en la demanda del agua durante el pasado siglo
fueron el crecimiento demográfico, el desarrollo industrial y
la expansión del cultivo de regadío.
En tal sentido, es ilustrador el dato que indica que cerca de la tercera
parte de la población mundial vive en países que sufren
entre alto y moderado estrés hídrico, lo que significa
que el consumo de agua es superior al 10 por ciento de los recursos renovables
de agua dulce.
Por su parte, y corroborando el diagnóstico del PNUMA, la Comisión
Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo aseguró que la
moderada o fuerte fragmentación de cerca del 60 por ciento de
los 227 ríos más grandes del mundo por medio de diques,
desvíos o canales, “ha tenido repercusiones negativas en
los ecosistemas de agua dulce”.
Durante los últimos 50 años la construcción de
diques provocó un cambio sustantivo en el diagrama de los ríos
del mundo y produjo el desplazamiento de unos 80 millones de personas
en diferentes partes del planeta.
El vertido de sustancias contaminantes a los lechos de los ríos,
otro de los factores considerados en el estudio del PNUMA, abarca tanto
a las industrias metalúrgicas, que vuelcan cobre, níquel,
zinc, cromo, cobalto y cadmio, entre otros metales pesados; las papeleras
que hacen lo propio con residuos fenólicos; las curtiembres que
desechan cromo, sulfuros y gérmenes patógenos; las destilerías
que “aportan” mercurio, cobalto e hidrocarburos; las textiles
que tiran sulfuros, anilinas y ácidos, y las industrias químicas.
La contaminación consecuencia de estos vertidos se encuentra
diseminada en todo el globo terráqueo: en Europa sólo cinco
ríos de ese continente no están contaminados, a pesar de
las duras políticas establecidas desde la creación de la
Unión.
Otro aspecto a destacar es la raíz transfronteriza de gran cantidad
de cursos de agua: 261 ríos que cubren más del 45 por ciento
de la superficie de la tierra son compartidos por dos o más países.
Esta situación generó muchas veces conflictos irresueltos,
tanto por el manejo estratégico en sus aspectos geopolíticos
como por su importancia como fuente de recursos: alimentarios y energéticos.
“Pese a que en muchos casos el agua ha sido utilizada como instrumento
de conflicto, también es necesario señalar que las aguas
transfronterizas pueden convertirse en una fuente de cooperación
internacional”, destacó el mencionado estudio del PNUMA.
En esa dirección es que en 1996 se estableció la Red Internacional
de Organizaciones de Cuencas, y dos años después la Conferencia
Internacional sobre Desarrollo Sostenible y Agua declaró la necesidad
de acordar “una visión común de los países
ribereños para la gestión eficiente y la protección
de los recursos hídricos transfronterizos”.
Fuente: Verde Jujuy (Argentina)
Agosto 14, 2006
|