Guerra contra el planeta Tierra

La Tierra es un pequeño planeta que gira alrededor de su estrella, el Sol. El Sol es tan sólo una de los millones de estrellas que pueblan el universo. Por tanto, la Tierra es tan diminuta frente al universo que su presencia pasa inadvertida en la inmensidad de los cielos.

La Tierra es una esferita levemente achatada de tan sólo 12.757 kilómetros en su diámetro ecuatorial. Si se observa que la distancia que separa La Quiaca de Ushuaia es de 4257 kilómetros, se comprenderá lo pequeña que es.

La Tierra está rodeada de la atmósfera, que según la distancia que la separa de la superficie va adquiriendo diferentes nombres. Hasta un promedio de 10 kilómetros de altura se la denomina troposfera. Todos los cambios climáticos, tormentas, lluvias, tornados, vientos, se producen a menos de esta altura. Dentro de esta capa se encuentra el aire respirable para el hombre, que respira sin dificultad hasta un kilómetro de altura, con cierta dificultad hasta los tres kilómetros, con mucha dificultad hasta los cuatro. Y a más de cinco kilómetros de altura al hombre le resulta imposible respirar. Por lo tanto, el hombre vive confinado en un pequeño planeta rodeado de una muy delgada capa de aire respirable.

Entre aproximadamente los 10 y los 45 kilómetros de altura a la atmósfera se la conoce como estratosfera. Cualquier gas nocivo que penetre en la estratosfera queda atrapado para siempre en esta capa, es imposible sacarlo. En esta capa se encuentra el ozono que protege a los seres vivos del planeta de los rayos ultravioletas que emana su estrella, el Sol. Sin su protección, ocurren en los hombres el cáncer de piel y la ceguera.


La vida toda

La guerra actual no es el fruto de la decisión de un país de sojuzgar a otro: simplemente es la decisión de un país de amedrentar a los hombres de este pequeño planeta con el objeto de que comprendan que cualquier Estado que se oponga a sus intereses sufrirá las mismas consecuencias. Esta guerra es además una guerra contra los seres vivos del planeta.

El país invasor es el principal causante del efecto invernadero, que provoca el recalentamiento de la Tierra con desastrosas consecuencias. Es el principal causante de la destrucción de la capa de ozono que se encuentra en la estratosfera, por la fabricación masiva, entre otros, de gases clorados que destruyen el ozono que se encuentra en dicha capa de la atmósfera. Estos gases, cuando toman contacto con el aire a baja altura, flotan en él y, por los vientos naturales del planeta, se dirigen hacia el extremo sur. Entonces penetran en la estratosfera a través de un vórtice, que es un viento huracanado en forma de tirabuzón ascendente que aparece en la Antártida en la primavera austral. Actualmente estos gases tienen prohibida su venta en el hemisferio norte, pero las compañías del Norte continúan su fabricación para venderlos en el hemisferio sur. Un ejemplo de ellos son los freones 11 y 12, que se usan en aparatos de refrigeración de anterior generación y que se pueden adquirir en cualquier comercio del ramo del hemisferio sur, como si el aire reconociera fronteras.

En la presente guerra el país atacante está usando centenares de miles de toneladas de explosivos de todo tipo, lo que repercutirá fuertemente en la contaminación del aire respirable y en el efecto invernadero. En esta guerra sus aviones y cohetería viajan permanentemente en la estratosfera, contaminándola y destruyendo el ozono protector de los seres vivos contenido en ella.

Ya es, y después de esta guerra lo será aún más, el principal país causante del hambre en el planeta, porque al destruir la capa de ozono se destruye el fitoplancton, que son diminutas plantitas que viven en el sur del planeta, de las que se alimenta el kril, pequeños crustáceos que constituyen el primer eslabón de la cadena alimentaria de los mares. Hoy la cantidad de peces en los mares, principal fuente de alimentación de los seres humanos, ha disminuido dramáticamente y después de esta guerra disminuirá aún más.

Por todo esto, el país invasor no está sólo atacando a otro país: está destruyendo la vida de nuestro pequeño planeta.

El autor, ingeniero electromecánico y doctor en ciencias técnicas, es profesor de la Universidad Nacional de San Juan.

Por Mario Díaz Terrado

Fuente: La Nación (Argentina)
Abril 9, 2003