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Estudio de la UBA: no disminuyen los parásitos
de heces de mascotas en plazas y parques
Espacios verdes, foco de contaminación
En la Capital Federal, en el ciento por ciento de los lugares estudiados
se encontraron huevos de toxocara, ancylostoma y otros
* Sin tratamiento, la toxocariasis puede producir ceguera
* En el Garrahan reciben todas las semanas un niño con esta infección
* La situación no mejora a pesar de diversas medidas
Problemas de visión de un ojo llevaron a Santiago, de seis años,
a la consulta médica. ¿El diagnóstico? Toxocariasis
ocular, una enfermedad transmitida comúnmente por heces de perros
infectadas por parásitos que puede llevar a la ceguera.
Santiago no es el único. "Todas las semanas recibimos un caso
nuevo de un niño afectado por esta dolencia -señala el doctor
Julio Manzitti, jefe de oftalmología del hospital de pediatría
Garrahan, centro de referencia donde se derivan pacientes de distintos
puntos del conglomerado urbano-. En su mayoría son pequeños
de dos a siete años los que suelen jugar en el suelo y con frecuencia
se llevan tierra o distintos objetos contaminados a la boca, puerta de
entrada del parásito", agrega Manzitti, que también
es docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Contra lo que habitualmente se cree, la superficie de la plaza puede parecer
limpia porque la materia fecal se desintegró, o porque no existe
olor alguno, pero igual puede estar infectada. Es que la vía de
contagio resulta imposible de divisar. Son huevos microscópicos
de gusanos que sobreviven meses a la espera de un hospedador. Una vez que
lo encuentran eligen su intestino para alojarse hasta convertirse en larvas
que atravesarán la pared intestinal y serán diseminadas por
la sangre a distintos órganos, como el cerebro, pulmones, corazón,
hígado o el ojo. En este último caso se manifiesta toxocariasis
ocular.
Todo esto es la consecuencia de un solo parásito: toxocara canis,
pero no es el único que genera trastornos y se contagia a través
de las heces infectadas de mascotas. Existen otros y también están
muy cerca. "En la Capital Federal, el 100 por ciento de las plazas
estudiadas presentó contaminación. Se hallaron huevos de
toxocara, ancylostoma, trichuris, dipylidium, taenia, capillaria -precisa
un estudio realizado por el laboratorio de Parasitología General
de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-. Una de cada
cuatro heces analizadas se encontró infectada por algún parásito.
Es una cifra preocupante", puntualiza la bióloga Diana Rubel,
integrante de este equipo que evalúa desde hace más de una
década diferentes paseos públicos porteños.
Desde 1991 hasta 2002 el grupo de la UBA -a cargo de la profesora Cristina
Wisnivesky- tomó muestras en diferentes plazas de la ciudad. Año
tras año siempre halla la presencia de ancylostoma caninum, que
produce dermatitis o larva migrans cutánea. "Este parásito
puede causar picazón o ardor cuando ingresa a través de la
piel, donde es posible observar una lesión serpenteante. Se trata
del camino realizado por la larva", describe Rubel. Si en lugar de
ingresar por la vía cutánea lo hace por la boca puede provocar
infección intestinal, según se detectó en la década
del 90.
A criterio de ambas especialistas, cada vez aumentan más las probabilidades
de padecer las distintas dolencias que contagian esta amplia gama de parásitos
debido al "mayor contacto de la gente con los espacios verdes contaminados.
La costumbre de tomar sol en las plazas con traje de baño, que se
extendió durante los últimos años, aumenta el riesgo",
coinciden.
Vida de perros
¿Cómo frenar este flagelo? Un importante mecanismo preventivo
es desparasitar periódicamente a las mascotas, pero además,
en los últimos años, la Ciudad de Buenos Aires adoptó
medidas de control también evaluadas por los especialistas de la
UBA. Durante once años mantuvieron bajo la lupa la plaza Alberti,
en el barrio de Núñez. Allí se ensayaron métodos
para reducir la contaminación de desechos caninos, como rollos de
bolsas plásticas dispuestos en cuatro puntos del paseo (en 1997),
cercos alrededor de los canteros (1998-1999), carteles con leyendas que
recuerdan la normativa de recolección de heces (1999-2000) y sistema
de limpieza por motos con aspiradoras (fines de 2000).
"Las medidas de control aplicadas no redujeron la contaminación",
concluyó el estudio. ¿Las posibles razones? El barrio registró
un aumento en la edificación y, "como los hombres no vienen
solos, sino que llegan al barrio con sus mascotas, la densidad canina también
se incrementó", subraya Rubel. Otro de los motivos es que el
servicio de motos limpiadoras circula principalmente por caminos y veredas;
no recoge los residuos que fundamentalmente se hallan en superficies permeables,
como canteros. "El perro siempre prefiere el pasto para defecar, en
segundo lugar la tierra desnuda y por último, el cemento",
puntualiza.
Otros cambios como la forestación y el riego proporcionaron condiciones
de sombra y humedad que pueden favorecer la supervivencia de los huevos
de parásitos. Asimismo, "las organizaciones vecinales no lograron
el uso masivo de las bolsas", indica.
Por otra parte, en el canil de Barrancas de Belgrano se obtuvieron resultados
significativos: tanto adentro como afuera se registraba la misma densidad
de heces.
El laboratorio de Parasitología General (FCEyN, UBA) no sólo
estudió la ciudad de Buenos Aires, sino también el conurbano
bonaerense. Allí la contaminación es mayor comparada con
las plazas porteñas. "En barrios residenciales del municipio
de San Martín la densidad canina alcanzaría los 2114 perros
por kilómetro cuadrado, y esta cifra puede ascender a 3575 en zonas
precarias", puntualizó Rubel. El porcentaje de perros parasitados
también suele ser mayor en las zonas precarias, lo que constituye
un mayor riesgo sanitario. La cantidad de mascotas en relación con
el número de habitantes también es superior en el conurbano.
En San Martín, el promedio es de un perro cada 4-6 personas, en
tanto que en territorio porteño es de 7,45.
Convencida de que debería estudiarse urgentemente cuál es
el método de control más efectivo, Rubel señala uno
al alcance de todos: "Si las heces se levantaran frescas se lograría
una reducción importante de infección. Esto sólo puede
alcanzarse con una campaña monitoreada y evaluada, lo que requiere
decisión e inversión por parte de las autoridades".
No recoger los desechos caninos puede costar un ojo de la cara. "Provoca
indignación atender a un niño que pierde su visión
por un problema prevenible. Sólo es cuestión de tomar conciencia",
concluye Manzitti.
Por Cecilia Draghi
Fuente: La Nación (Argentina)
Abril 29, 2003
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