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Edén en la línea de fuego
Ya desapareció 93 por ciento de los humedales
de Mesopotamia, el gran oasis de Oriente Medio. Y ahora la guerra amenaza
lo que queda de él. Iraq posee 1.600 pozos petroleros que son una
bomba de tiempo para este ecosistema.
Una pesadilla recurrente asalta a los ambientalistas: que el poder de
fuego en la segunda Guerra del Golfo arrase con lo poco que queda de los
humedales de Mesopotamia, donde, según creen muchos, se asentó
el Jardín del Edén bíblico.
Santuario de millones de exóticas aves, los humedales son los
más importantes de Oriente Medio. Como un gran oasis de dimensión
regional, brindaron por siglos tierras fértiles y agua y aire seguros
a millones de habitantes.
Espero que las imágenes de la catástrofe ambiental
de la primera guerra del Golfo no se repitan en 2003, dijo a Tierramérica
el ornitólogo Mike Evans al evocar cómo atestiguó
la muerte de miles de aves acuáticas, después de que Iraq
prendió fuego a más de 600 pozos petroleros tras su retirada
de Kuwait, en 1991.
La foto de un pequeño zampullín ennegrecido dio la vuelta
al mundo y se convirtió en la imagen emblemática del peor
derrame de crudo en la historia del planeta.
Puede que eso nunca ocurra. Pero aún es temprano para saberlo.
Los humedales de Mesopotamia (Al Ahwar, en árabe), donde florecieron
civilizaciones como la babilónica y la sumeria, son ahora extremadamente
frágiles y están en la línea de fuego. (ver infografía)
El ecosistema forma parte de la cuenca de los ríos Tigris y Eufrates,
que dan sustento a Iraq, Turquía, Siria e Irán.
Pero el corazón de los humedales está en el sur de Iraq,
en la frontera con Irán y cerca de grandes ciudades como Basora,
que sufre estos días su peor crisis humanitaria, tras la omnipotente
lluvia de fuego de Estados Unidos y Gran Bretaña desatada desde
el 20 de marzo.
Allí también ardieron los primeros pozos petroleros, casi
una decena, ahora aparentemente controlados.
Los más de mil 600 pozos que posee Iraq son una bomba de tiempo
para los humedales, junto con la potencial contaminación por el
uso de armas convencionales y de destrucción masiva, el paso de
cientos vehículos de guerra por el desierto circundante y la movilización
de refugiados.
La mayor parte del daño, sin embargo, ya está hecho. Castigados
por la voraz mano del hombre durante tres décadas, a los humedales
sólo les queda siete por ciento de su extensión original,
de alrededor de 20 mil kilómetros cuadrados.
Cuando Hassan Partow visitó los humedales en 2002, en la frontera
Irán-Iraq, quedó desolado. Donde hace poco se registraba
uno de los más impresionantes espectáculos naturales -millones
de exóticas aves migratorias cubriendo el cielo. encontró
un escenario desértico, despoblado y fuertemente militarizado.
Partow es miembro de un equipo de especialistas del Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA, que, días después del
inicio de la ofensiva estadounidense, lanzó una nueva alerta sobre
la trágica desaparición entre 1970 y 2002 de 93 por ciento
de los humedales de Mesopotamia.
Es increíble pensar cómo un ecosistema que tomó
milenios en formarse, pudo destruirse en unos pocos años,
dijo Partow a Tierramérica.
Este acelerado ritmo de destrucción tiene una causa principal:
los ambiciosos y continuos proyectos hidráulicos y de drenaje de
Iraq y de los vecinos que comparten la cuenca, sobre todo Turquía,
que construyó treinta represas.
Pero los sucesivos conflictos armados en la zona (la guerra Irán-Iraq,
1980-1988 y la guerra del Golfo, 1991) tuvieron su parte. Minaron también
los caudales de agua, el sustento de medio millón de Ma´dan,
los habitantes originarios de los humedales, y los hábitat de importantes
especies, sobre todo de aves, algunas ya extintas.
El PNUMA considera que si no se toman acciones urgentes, los humedales
pueden desaparecer por completo en cinco años.
El agua es más importante que el petróleo
La destrucción de los humedales es el problema ambiental
más grave hoy en el área, tanto en términos biológicos
como de acceso de la población al agua segura. El agua es más
importante que el petróleo en Medio Oriente, dijo a Tierramérica
Jonathan Lash, presidente del Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por
sus siglas en inglés), con sede en Washington.
Hasta hace poco, los humedales alimentaban la multimillonaria industria
del camarón de la región, y proveían 60 por ciento
del mercado de pescado fresco iraquí.
De ahí también llegaban los miles de patos y gansos que
repletaban los mercados locales y que fueron fuente crucial de proteínas
para los iraquíes desde el inicio del embargo, tras la guerra del
Golfo.
Los humedales también purificaban las aguas del Tigris y Eufrates
antes de su desembocadura en el golfo Pérsico, y alimentaban a éste,
cuyas aguas se renuevan con flujos del océano sólo cada tres
o cinco años.
La destrucción de los humedales, creen los especialistas, puede
haber afectado el clima regional, con graves efectos en el hábitat
de casi 400 especies de aves.
Aunque no se ha declarado ninguna especie globalmente extinta, al menos
tres, de incomparable belleza, desparecieron en Iraq: la ibis sagrada,
la anhinga africana y la garza goliat.
Nos preocupan varias especies amenazadas, sobre todo acuáticas,
porque son más vulnerables a vertidos químicos o de petróleo
que las terrestres, dijo Evans, de la no gubernamental BirdLife Internacional,
con sede en Gran Bretaña.
Al menos ocho por ciento del país debería ser declarado
área protegida para las aves, según BirdLife Internacional.
La destrucción de los humedales impactó la tierra arable
en el sur iraquí. El idílico oasis que habitaron los Ma´dan
durante los últimos cinco mil años, colapsó. Sin tierras
y sometidos a fuego cruzado, los herederos de los sumerios tuvieron que
desplazarse. De los 95 mil refugiados entre 1991 y 1993, 40 mil fueron
Ma´dan.
Hoy muchos habitan penosamente en campamentos en Irán y en otras
ciudades iraquíes.
Con o sin efectos directos de la actual guerra, se requeriría
en el corto plazo un flujo emergente de agua de reservorios de Irán
e Iraq para restaurar los humedales, dijo Partow, del PNUMA.
Sin embargo, sólo un plan de manejo integral de la cuenca, que
involucre a Irán, Iraq, Turquía y Siria, podrá evitar
la extinción de los humedales, añadió.
Los esfuerzos en décadas pasadas fueron vanos. Iraq no ha suscrito
importantes instrumentos internacionales como la Convención sobre
los Humedales (1971) o sobre la Diversidad Biológica (1992). Y ha
sido renuente a permitir estudios de campo, tanto que los existentes se
basan sólo en análisis satelital.
En 1994, cuando elaboramos el primer reporte sobre los humedales,
intentamos involucrar a científicos iraquíes, pero no fue
posible. Hay que restablecer el diálogo para lograr un uso equitativo
de parte de todos los países de la cuenca, dijo a Tierramérica
Jean-Yves Pirot, jefe de Humedales y Recursos Hidrológicos, de la
Unión Mundial para la Naturaleza.
El PNUMA liderará las evaluaciones post-conflicto en Iraq. Pero
nadie se atreve a afirmar que la cuestión ambiental estará
en el centro del debate de post-guerra.
Conozco gente en la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID,
por sus siglas en inglés) y en el Departamento de Estado de Estados
Unidos que están pensando en estos temas, pero si se les dará
alta prioridad, es algo que no puedo pronosticar, dijo Lash.
por Marcela Valente (directora editorial de Tierramérica)
Fuente: Tierramérica
Abril 01, 2003
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