Preocupación por el impacto ambiental de los vuelos sin restricciopnes
Brasil vuelve a construir un helipuerto en las Cataratas

Lo hace muy cerca de la Garganta del Diablo y estará terminado en julio. En 1997 otro había sido mudado fuera del Parque Nacional Iguazú, después de fuertes reclamos de la Argentina.

El estruendo que provoca la caída del agua en las cataratas del Iguazú y el canto de los pájaros volverán a ser opacados por el ruido de las turbinas y las aspas de los helicópteros de la empresa brasileña Helisul, que otra vez despegarán desde las barrancas del río Iguazú cuando finalice la construcción de un nuevo helipuerto, en julio próximo.

Un cartel frente a la obra señala que se trata de un emprendimiento conjunto entre Helisul, el Parque Nacional do Iguazú y el Instituto Brasileño de Medio Ambiente (IBAMA), que busca ofrecer nuevos atractivos a los turistas que visitan esta maravilla natural del mundo.

La construcción fue licitada en octubre del año pasado y fue emplazada muy cerca de la Garganta del Diablo, el salto más espectacular de las Cataratas y a sólo 100 metros del restaurante Puerto Canoas, señaló el diario de Foz Gazeta do Iguazú.

Hasta ayer, los guardaparques argentinos y la empresa concesionaria de las obras en el Parque Nacional Iguazú no contaban con información oficial sobre la intención de Brasil de que la empresa Helisul vuelva a operar dentro de la reserva. Pero no ocultaban su disgusto por la noticia.

"Se peleó mucho por sacarlos de ese lugar (a los helicópteros de Helisul) y sería lamentable que volvieran, alguien tiene que frenar esto", casi imploró ayer un guardaparque que desde hace varios años custodia las 67 mil hectáreas del parque argentino.

Fernando Marín, uno de los principales operadores turísticos de la triple frontera, se sorprendió con la noticia. "No tenía información de que los helicópteros volverían a despegar desde el Parque. Y me pregunto cuál es el criterio para que hagan un nuevo helipuerto dentro del Parque cuando en 1997 otro fue cerrado".

Para Marín, "si los helicópteros parten desde fuera del Parque, el turista gana con el silencio y una mayor calidad de visita a las Cataratas".

En cambio, está contento con el emprendimiento Wadis Benvenutti, quien dirige la empresa Cataratas SA, concesionaria del parque brasileño. Y, a falta de uno más consistente, arriesga el siguiente argumento: "El sonido de las turbinas —asegura— se propagará hacia el río y los árboles, pero es un ruido al que el turista está habituado por su paso por los aeropuertos".

Según Benvenutti es más perjudicial que los helicópteros atraviesen todo el parque, como sucede actualmente. "Cada vez que uno decola, debe volar un largo trayecto sobre la selva para llegar a las Cataratas", explicó.

Sin embargo, el impacto ambiental es mucho menor porque los helicópteros llegan al sector de los 275 saltos a una altura superior a los 500 metros, como sucede desde setiembre de 1997, cuando el helipuerto fue mudado hacia el exterior del Parque.

Aquel traslado se realizó tras una fuerte presión del Gobierno argentino, que incluso sancionó la Ley 28.732 para crear en el Parque Nacional Iguazú una zona de protección contra ruidos.

Hasta entonces, el ruido ensordecedor de los motores se amplificaba en el cañón del río Iguazú, cuando se producía el despegue o aterrizaje de los helicópteros dentro del Parque do Iguazú, y se propagaba hasta los senderos más alejados del circuito turístico ubicado de este lado de la frontera. El viaje de los helicópteros brasileños duraba 8 minutos, 6 de los cuales transcurrían del lado argentino. Más de 20.000 turistas se habían pronunciado en contra de esas excursiones aéreas.

Brasil y Argentina conservan sobre las márgenes del río Iguazú más de 230 mil hectáreas de selva paranaense. De acuerdo con los fitogeógrafos, en esta zona y en las yungas —los valles cálidos ubicados al pie de los Andes, en el Noroeste argentino— viven más de 2.000 especies de plantas y más de 400 aves, la tercera parte de las que existen en la Argentina. El clima cálido y las abundantes lluvias a lo largo de todo el año hacen de esta zona un gigantesco invernadero donde todo crece.

Entre 1999 y 2000 la Unesco calificó al parque brasileño como parte del Patrimonio Mundial en peligro, a raíz del impacto ambiental que provocaba el sobrevuelo de los helicópteros, por la falta de un plan de manejo del área protegida y también por la reapertura de la "Estrada do colono", una vieja ruta que parte al medio la inmensa masa de selva, hábitat natural de los yaguaretés, el anta o tafir americano y otras especies depredadoras.

El diario Gazeta do Iguazú se basó en esa advertencia del organismo de las Naciones Unidas para señalar que "la idea de que los vuelos dentro del Parque son perjudiciales no es un invento de los argentinos".

En el Parque Nacional Iguazú, la Unión Transitoria de Empresas (UTE) Carlos Enríquez y Otros diseñó y montó un silencioso tren a gas para disminuir el impacto ambiental que provocaba el permanente desplazamiento de los ómnibus con turistas. Del lado brasileño, el criterio parece otro, según el cual el respeto a la flora y fauna de la selva no deja de ser sólo un enunciado.

Ernesto Azarkevich

Fuente: Clarín (Argentina)
Abril 27, 2003