El almacenamiento de CO2 en el subsuelo reduciría las emisiones de gas a la mitad

Enterrar el dióxido de carbono (CO2) generado por la industria y las centrales térmicas puede permitir que se reduzcan a la mitad las emisiones a la atmósfera de este gas, uno de los principales causantes del calentamiento de la Tierra.

No obstante, para que pueda generalizarse esta técnica pasarán aún unos veinte años, por lo que esta alternativa no se está teniendo en cuenta para poder cumplir con el protocolo de Kioto en 2012, según ha señalado Carlos Abanades, uno de los expertos en captura de CO2 que desde ayer se dan cita en Oviedo para analizar las posibilidades de mitigar el fenómeno mediante esta nueva tecnología.

Abanades, investigador del Instituto Nacional del Carbón, es uno de los 120 expertos de cerca de 40 países que entre hoy y el viernes participan en Oviedo en la cuarta reunión de autores del informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC son sus siglas en inglés) en relación con la captura y almacenamiento de CO2.

Las conclusiones de este informe, encargado hace dos años por Naciones Unidas, se darán a conocer a finales de septiembre en Montreal (Canadá) y a partir de él se decidirá qué posibilidades hay de aplicarlo y si se apuesta por esta alternativa para reducir los gases de efecto invernadero.

El proceso pasa por la captura el dióxido de carbono en las plantas o industrias donde se genera, separarlo del resto de gases, convertirlo en líquido e inyectarlo a gran presión en formaciones geológicas impermeabilizadas por arcillas o materiales similares, donde podrían quedar enterrados durante millones de años.

Para el secretario general de Medio Ambiente, Gonzalo de Aizpiri, que asistió a la apertura de estas jornadas, la captura y almacenamiento del dióxido de carbono "es una alternativa que hay que tener en cuenta para combatir el cambio climático" y que puede ser "muy competitiva en costes".

Evitar la emisión de una tonelada de CO2 a la atmósfera costaría, mediante este proceso, entre veinte y treinta euros, en función de las necesidades de depuración que precise y de la potencia de bombeo necesaria para enterrarlo en el subsuelo.

El mayor riesgo de esta alternativa es "que no funcione y que el CO2 inyectado en forma líquida en el subsuelo vuelva a salir a la atmósfera", afirmó Abanades, que advirtió de que, para algunos expertos, incluso bajo esta variable sería una alternativa válida "dada la necesidad que hay de reducir ya drásticamente estas emisiones" porque permitiría retrasar durante cientos o miles de años su salida paulatina a la atmósfera.

Por el momento se han desarrollado algunas experiencias en el Mar del Norte, en Noruega, bajo cuyos yacimientos de gas existe un gran acuífero que permitiría almacenar todo el CO2 que se emita en Europa durante los próximos cincuenta o cien años.

Abanades afirmó que como este yacimiento hay muchas más en otras partes del mundo y que, por lo tanto, no hay un problema para el almacenamiento de los gases bajo tierra, opción que se impone a la de su posible inyección en los océanos.

Reducción del 40%
Expertos ecologistas han advertido del peligro que puede suponer la aceleración del proceso natural que supone la absorción de CO2 por parte de los mares y han mostrado su oposición a que se confine este gas en el océano.

No obstante, aseguró que el problema ahora es aplicar este proceso a lo grande, dadas las grandes inversiones que se deben llevar a cabo para la generalización de una tecnología que aún debe optimizarse y mejorarse para conseguir rebajar costes.

"Estas tecnologías pueden estar a tope dentro de veinte años", afirmó Abanades, para quien, si se llevase a la práctica de forma masiva, "pueden reducir el 40 o el 50 por ciento las emisiones totales de CO2 de todos los países".

Otras opciones para reducir la emisión de dióxido de carbono serían la centrales nucleares y las energías renovables, si bien, según Abanades, sólo con estas dos alternativas no se puede hablar de reducciones del 70 por ciento de las que se plantean para el 2050.

Este experto en captura de CO2 se mostró convencido de que las primeras demostraciones de esta tecnología se verán dentro de pocos años y dijo ser "muy optimista" ante la evolución que puede seguir España que en este campo se encuentra aún "muy atrasada" respecto a otros países europeos.

Fuente: El Comercio Digital
Abril 28, 2005