|
Ya se fabrican paneles solares en el país
Los desarrolló la Comisión Nacional de Energía
Atómica, en el Centro Atómico Constituyentes
- El armado de los dispositivos es artesanal
- El costo de cada celda de energía es
de unos 300 dólares
A metros del cruce de las avenidas General Paz
y de los Constituyentes, en la localidad bonaerense de San Martín,
se encuentra uno de los pocos laboratorios en el mundo especializado
en la fabricación e integración de paneles solares
para usos espaciales.
El complejo, ubicado dentro del Centro Atómico
Constituyentes, pertenece a la Comisión Nacional de Energía
Atómica (CNEA) y es otro paso certero para consolidar el
lugar de privilegio que la Argentina ocupa dentro del exclusivo
conjunto de países que desarrollan tecnología espacial.
Ingresar al laboratorio requiere de una esterilización
propia a la de un quirófano de hospital: hay que dejar portafolios
o carteras y vestirse con un delantal blanco, un barbijo, una cofia
para que no asome el más mínimo cabello y unas botas
de tela para dejar atrás la suciedad de la calle en los zapatos.
"Debemos recrear las condiciones ambientales
propias del espacio, donde no existen el polvo, la suciedad y la
contaminación", aclaró Julio César Durán,
doctor en Ciencias Físicas de la Universidad de Buenos Aires
(UBA) y jefe del Grupo de Energía Solar de la CNEA.
Ya dentro del laboratorio, de 220 metros cuadrados
y acondicionado con nitrógeno de alta pureza, Durán
mostró orgulloso a LA NACION el primer prototipo de panel
solar construido en la Argentina y que simula el funcionamiento
de las celdas en los satélites con la tecnología espacial
más elevada, según lo que exigen los estándares
internacionales.
El investigador explicó cómo se
realiza la integración de un panel solar: "A partir
del elemento básico, que es la celda de energía, hacemos
las mediciones eléctricas y ensayamos los distintos procesos
de soldadura de celdas, alineación y pegado de los vidrios
protectores y armado de los interconectores por donde circula la
energía solar".
Trabajo artesanal
Todo este proceso requiere de un "cuidado
artesanal", dado que los paneles se arman a mano y las celdas
se pegan a una distancia de dos milímetros. Una vez integrado
el panel, se realizan todos los ensayos para comprobar su correcto
funcionamiento.
"Trabajamos con componentes de muy alto costo
que son sometidos a ensayos repetitivos y que deben cumplir distintos
controles de calidad", dijo Durán.
Una prueba de ello es el costo de cada celda solar
para uso espacial: unos 300 dólares. Si un satélite
tiene por lo menos dos paneles solares, que llevan aproximadamente
2000 celdas cada uno, el costo de los componentes totales puede
llegar al millón de dólares fácilmente, sin
incluir el armado.
Junto a sus nueve colaboradores, algunos becarios
en Física y Química del Conicet, el doctor Durán
trabaja en los ensayos que simulan la radiación que reciben
los paneles solares en el espacio exterior.
"Se irradian las celdas solares y los componentes
electrónicos para someterlos a condiciones similares a las
cercanas a su vida útil. También se los somete a temperaturas
de más y menos cien grados centígrados y a vibraciones
de cien veces la fuerza de gravedad terrestre, para simular el movimiento
brusco que soportarán durante el lanzamiento del cohete",
dijo Durán.
Componente básico
Según la ley 23.877, de promoción
y fomento de la innovación tecnológica, la CNEA y
la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) firmaron
un acuerdo en 2001, que renovaron en agosto de 2004, para fomentar
la fabricación de paneles solares en el país y elaborar
un estudio de factibilidad para instalar una planta de fabricación
de celdas solares espaciales o también llamadas de triple
juntura. De esta manera, se busca fabricar en la Argentina el componente
básico de todo panel solar: la celda de energía.
El interés de este emprendimiento radica
en que estos paneles solares formarán parte de un proyecto
más ambicioso que la Conae lleva adelante junto con la Agencia
Espacial de los Estados Unidos (NASA) para construir el satélite
SAC-D/Aquarius. "Nosotros construimos el satélite y
los paneles solares, y la NASA provee el cohete lanzador y el instrumento
Aquarius, que medirá por primera vez la salinidad de los
mares desde el espacio, lo que determinará el nivel de evaporación
del agua y el calentamiento de la Tierra", explicó Raúl
Colomb, doctor en Física de la Universidad Nacional de La
Plata y jefe científico de la misión.
La salinidad es un parámetro que nunca
se ha medido en forma global. Se hace desde barcos y se tarda meses
o años para medir toda la superficie de los océanos.
En cambio, con el satélite se lograría cubrir todo
el planeta cada ocho días.
Este objeto único e innovador será
lanzado en septiembre de 2008 y costará 200 millones de dólares.
"Será el cuarto satélite que hacemos con la NASA.
Tenemos una amplia experiencia de trabajo con ellos, siempre hemos
respondido bien y creo que ése es el motivo fundamental por
el que nos eligieron", agregó Colomb.
En diciembre último, ingenieros y técnicos
de la NASA llegaron al país para realizar la primera revisión
del estudio que se utilizará para la fabricación de
los componentes satelitales.
Y en julio próximo regresarán para
realizar la Revisión Preliminar de Diseño (PDR, en
sus siglas en inglés), etapa clave en el proyecto satelital
conjunto. "En ese momento tenés que llegar con todas
las cosas cocinadas", graficó el doctor Durán
en su laboratorio.
Allí se demostrará cómo se
construye un panel solar de grandes dimensiones (nueve metros cuadrados),
los procedimientos para integrarlo y para comprobar que todos los
circuitos y celdas funcionan perfectamente.
"Una de las tareas más importantes
en la interacción de la misión SAC-D/Aquarius consiste
en demostrar a los científicos norteamericanos que en la
Argentina se pueden fabricar los paneles solares para misiones satelitales
importantes", agregó Durán.
La construcción del satélite SAC-D
y todos los subproyectos que derivan de éste, como lo es
la fabricación de paneles solares, se encuadran dentro del
Plan Espacial Nacional que lleva adelante la Conae, encargada de
la planificación y ejecución de todas las acciones
relacionadas con las aplicaciones del uso pacífico del espacio
y de su conocimiento.
Su director ejecutivo y técnico, el doctor
Conrado Varotto, remarcó que "la importancia en el desarrollo
de los conocimientos científicos locales convierten a la
Argentina, cada vez más, en una productora y futura exportadora
de tecnología espacial de primer nivel mundial".
Y agregó: "La actividad espacial es
política de Estado en el país desde hace varios años.
La Argentina es un país espacial y, como tal, requiere de
información espacial de su territorio, considerada vital
para su crecimiento y desarrollo".
Por Víctor Ingrassia
De fotones a corriente eléctrica
En general, un panel solar consta de 36 celdas
fotovoltaicas interconectadas. Cada una de ellas absorbe la energía
de la luz solar y la libera en forma de corriente eléctrica
para obtener tensión suficiente como para cargar una batería
de 12 voltios, que equivale a la de un automóvil. Cuando
la luz del sol incide sobre las celdas, ciertas partículas
(fotones) liberan electrones al entrar en contacto con el cristal
de silicio de la superficie de las celdas. De ahí, los electrones
que pasan a un circuito externo y, en el camino, emiten energía
en forma de trabajo útil, como encender una lámpara.
Se estima que un metro cuadrado de celda solar capta en la Tierra,
al mediodía y con cielo despejado, unos 1000 watts; en el
espacio, unos 1350 watts.
Fuente: La Nación
Abril 13, 2005
|