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Tras la huella letal del cloro
Organizaciones ambientalistas de todo el mundo se reunirán en
la capital de Uruguay para reclamar el cumplimiento del Convenio Internacional
de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP)
y la ampliación de la lista de los compuestos prohibidos, la mayoría
originados en la química del cloro.
Los activistas exigirán
que se realicen investigaciones completas para detectar el origen de
las emisiones de esos elementos tóxicos,
conocidos como la docena sucia.
Sólo algunos grupos no gubernamentales podrán participar
como observadores en la primera Conferencia de las Partes del Convenio,
que se celebrará en la sudoriental ciudad uruguaya de Punta del
Este entre el 2 y el 6 de mayo.
Por eso, la Red Internacional para la Eliminación de los COP
(IPEN, por sus siglas en inglés) realizará días
antes un encuentro en Montevideo, en el que se presentarán los
detalles de una investigación mundial sobre la presencia de esos
tóxicos en 18 países firmantes del pacto.
El Convenio busca eliminar o reducir nueve plaguicidas (DDT, aldrina,
dieldrina, endrina, clordano, heptacloro, hexaclorobenceno, toxafeno
y mirex), dos subproductos de procesos industriales y de combustión
(dioxinas y furanos), y un grupo de contaminantes industriales conocidos
como bifenilos policlorados (PCB).
La mayor parte de estos compuestos son organoclorados o subproductos
de su producción y uso.
La exposición a estos 12 contaminantes incrementa los riesgos
de contraer cáncer, provoca trastornos hormonales, neurológicos,
infertilidad, diabetes y debilidad en el sistema inmunológico.
Se trata de sustancias muy tóxicas y volátiles, de gran
persistencia y capacidad para acumularse en los tejidos animales grasos
y transmitirse a través de la cadena alimentaria.
El Convenio, adoptado en mayo de 2001 en Estocolmo bajo el auspicio
del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, fue firmado
por 151 países y ratificado por 97. Entró en vigor en mayo
de 2004.
”Hasta ahora lo único que se ha hecho es un inventario
de los contaminantes que han sido detectados, pero falta saber en qué sitios
concretos se producen las emisiones. Lo que vamos a pedir a los gobiernos
es que den cuenta de lo que han hecho en este tiempo”, dijo a IPS
Carlos Santos, de la organización Redes-Amigos de la Tierra.
Además, los ambientalistas pedirán a los gobiernos que
incluyan en la lista de productos prohibidos a plaguicidas como fipronil,
sulfuramida, lindano, endosulfán y el 24D, también considerados
contaminantes persistentes.
En Uruguay, por ejemplo, el gobierno prohibió la importación
de todos los productos incluidos en el Convenio, pero opta por otros
que no son menos peligrosos, afirman activistas.
”El gobierno prohibió el hormiguicida mirex, con base a
dodecacloro, y eso está bien, pero quiere sustituirlo por el fipronil
o la sulfuramida, que tienen las mismas características, aunque
no están incluidos en el pacto”, dijo a IPS María
Cárcamo, representante en Uruguay de la Red de Acción en
Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina (RAP-AL).
”Los únicos que ganan son las empresas que elaboran y distribuyen
estos productos y que, además, a diferencia del mirex, gozan del
beneficio adicional del pago de las patentes”, escribió la
ambientalista en un informe divulgado por RAP-AL.
Los países de América Latina que ratificaron el Convenio
de Estocolmo son Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, México, Panamá,
Paraguay y Uruguay.
IPEN realizó entre el 15 y el 22 de abril la campaña mundial ”Cumplan
la promesa”, con mesas redondas en varios países donde se
presentaron los resultados de la investigación internacional sobre
la presencia de COP.
El estudio Global Egg Project tomó muestras de huevos de gallinas
en esos países y los analizó en un laboratorio de República
Checa.
En Uruguay, las organizaciones ambientalistas constataron la presencia
de PCB y dioxinas en la sudoriental ciudad de Minas en grados que duplican
los parámetros manejados por la Unión Europea (UE) para
ese tipo de sustancias.
Los expertos analizaron huevos de gallinas criadas en el campo y recolectados
cerca de dos fábricas de cemento, una de la empresa estatal Ancap
y otra de la española Cucpsa, potenciales fuentes de la contaminación.
Minas fue elegida como centro de la investigación debido a que
el año pasado se registró una importante cantidad de casos
de hipertiroidismo.
Cárcamo, que acudirá como observadora a la conferencia
de Punta del Este, aprovechará la oportunidad para protestar contra
la planificada instalación de dos fábricas de celulosa
cerca de la occidental ciudad uruguaya de Fray Bentos, sobre el río
Uruguay, limítrofe con Argentina.
Las fábricas, una de la empresa española ENCE y otra de
la finlandesa Botnia, incrementarán las emisiones de dioxinas
y furanos en el país debido al proceso industrial de la celulosa,
alertó.
Argentina también está preocupada por la instalación
de estas dos fábricas sobre el río Uruguay. El gobernador
de la oriental provincia de Entre Ríos, Jorge Busti, presentó este
mes al canciller argentino Rafael Bielsa un completo informe sobre las
consecuencias ambientales de esos proyectos ambientales.
En México, huevos tomados en la sudoriental localidad de Coatzacoalcos,
donde funciona un complejo petroquímico, contenían proporciones
de dioxinas seis veces más altas que el máximo establecido
por la UE. En ese país aún no se ha creado el comité encargado
de diseñar el Plan Nacional de Implementación, requerido
a todos los países firmantes del Convenio.
En Chile, los estudios revelaron altos grados de dioxinas y furanos
en huevos de diversas regiones donde se detectaron casos de cáncer
de hígado, vesícula y riñón. RAP-AL y la
Alianza para una Mejor Calidad de Vida entregaron esta semana al presidente
Ricardo Lagos una carta suscrita por más de 50 organizaciones
civiles con recomendaciones para cumplir con el acuerdo.
Los ambientalistas chilenos lograron en enero que el gobierno decretara
el cierre de una fábrica de celulosa en la meridional ciudad costera
de Valdivia, cuya actividad se vinculó a una alarmante mortandad
de cisnes en un santuario ambiental vecino.
En Bolivia, el uso de agrotóxicos ha provocado mucho temor en
la población local. En diciembre de 2004, tres niños murieron
en La Paz intoxicados por contacto con un insecticida, y en enero de
este año siete campesinos fallecieron al tomar una sopa que, por
causas aún desconocidas, estaba contaminada con un plaguicida.
Fuente: IPS
Abril 28, 2005
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