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En Salta, la protección ambiental retrocede
Una ley reciente anula una reserva forestal de 25.000
hectáreas
de tierras fiscales para que puedan ser vendidas a los productores sojeros.
Nunca está de más en nuestro país remarcar la falta
de una política ambiental activa y coherente.
Si alguna vez apareció el tema en los medios de comunicación,
no fue de la mano de los diferentes gobiernos sino por la acción
de las organizaciones ambientalistas que se han encargado de exponer
algunos de los numerosos problemas ambientales que sufrimos: contaminación
hídrica y atmosférica, pérdida de suelos por erosión,
desertificación, deforestación, disminución de biodiversidad
Y la tendencia pareciera ser para peor, ya que nunca hemos escuchado
de la boca del presidente Kirchner alguna opinión sobre estos
temas (que tampoco aparecían en ninguna de las plataformas políticas
de las últimas elecciones).
El último desarrollo de esta triste historia es lo que está pasando
en la provincia de Salta, donde se ha aprobado una ley que no sólo
no progresa en el tema sino que retrocede: la anulación como reserva
forestal de 25.000 has de tierras fiscales del Chaco salteño para
que puedan ser vendidas a los productores sojeros.
El tema parece ser un excelente ejemplo de cómo un gobierno prefiere
el corto plazo y los ingresos rápidos al largo plazo y la sostenibilidad
de sus ecosistemas. Desde hace mucho tiempo (¡más de doscientos
años!) el hombre ha adoptado un sistema económico donde
prevalece el interés individual y la ganancia rápida sobre
el interés social. Sin que el Estado, representando el interés
social, controle su actividad, los actores económicos avanzan
sobre el bien común tratando de obtener beneficios a partir de
su explotación.
Este tema ya es viejo, pero ahora tenemos un ejemplo interesante: el
conflicto entre una actividad en expansión (la producción
sojera) y la necesidad de mantener reservas de biodiversidad, entre otras
muchas cosas para que las generaciones futuras puedan conocer la naturaleza
en su forma original, para que los científicos puedan analizar
el comportamiento de los ecosistemas y para que las propias empresas
puedan aprovechar en el futuro los recursos genéticos.
Hace varios años que la zona de contacto entre las montañas
y la llanura chaqueña es el escenario de un proceso de expansión
de la frontera agropecuaria. Primero fue la ocupación del bosque
por el ganado y luego la deforestación de ese mismo bosque para
dar lugar a la producción agraria. Al principio la producción
más dinámica era la de poroto, y Argentina muy rápidamente
pasó a tener una posición muy importante como exportador
de ese producto. Pero luego la soja apareció en la región
y le imprimió una nueva dinámica al proceso de expansión,
un proceso que se basa en la búsqueda continua de nuevas tierras
para la producción. Pero en el caso de lugares como el oeste del
Chaco salteño, la ampliación descontrolada de la agricultura
reemplazando al bosque puede dar lugar a procesos catastróficos
de degradación ambiental, tales como la erosión hídrica
o la pérdida de fertilidad de los suelos, por no hablar del fuerte
empobrecimiento de la biodiversidad.
Para controlar estos procesos y preservar parte de los sistemas naturales
es que tanto el Estado nacional creó los Parques Nacionales y
los Estados provinciales las Reservas Provinciales. En estos lugares,
la conservación de los ecosistemas requiere la adopción
de una escala temporal diferente a la que usan las empresas, y es el
Estado (en este caso, el provincial) el que debería adoptar esa
escala para resguardarlas.
por Carlos Reboratti. Geógrafo, Universidad Nacional de General Sarmiento
Fuente: Clarín (Argentina)
Abril 07, 2004
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